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lo que defiendo, lo que muchos defendemos, no es un nacionalismo pelotudo... sino un par de ideas, resignificadas hoy, libertad e igualdad... ideas profundamente mestizas aquí en Abya Yala, y aunque respeto toda otra posición cultural-política, creo, sinceramente, que es desde esta Gran Tierra, unidos, en comunidad, aceptando profundamente nuestra realidad mestiza -el uno- es que el Abya Yala florecerá... y que todos los enormes esfuerzos de Occidente por destruirnos, por separarnos, por vulnerarnos y conquistarnos, demostrarán inversamente la magnificencia de nuestra sonrisa, de nuestro futuro... por los Padres Libertadores del Pasado, Por los Hermanos Libertadores de Hoy, por Nosotros y los que Vienen... SUMAQ KAWSAY!... y eso tal vez parezca anárquico...pero tal vez esta anarquía sea un nuevo orden... opuesto al actual, sin dejar de reconocer lo alcanzado... por todos...
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sábado, 22 de marzo de 2014

EL PERONISMO SEGÚN EL DESCAMISADO...

(editorial de anoche en "EL DESCAMISADO")

 

21 de Marzo de 2014 a la(s) 15:21
El nominalismo es una escuela filosófica que planteaba   el poder que concitaba la capacidad de  ponerle nombres a las cosas . La historia argentina contemporánea parece darle la razón , por lo menos en lo que al peronismo concierne . La batalla cultural por su sentido,  es de primer orden , aún que se pretenda presentársela como una simple disputa intrapartidaria. Aquel que pueda determinarse como "El Peronismo" ,  es quien trazará los vínculos del poder en el pais . La irrupción del peronismo  marca un antes y un después en la historia  . Su llegada al centro del poder político estatal , impregnó al país con su proyecto de transformación llegando a todas las aristas de la vida nacional . Su aparición le dió una nueva textura al poder , lo bajó del olimpo oligárquico y lo hizo plebeyo ....alcanzable , desde ese momento aquel proceso aluvional transformó las hojas , a veces el tronco y hasta la savia del poder local ...aún que sus raíces no terminan de penetrar la dureza de la piedra estrcturada que significan tantos años de colonialismo y cipayismo . En una mala lectura , tanto por derecha y por izquierda muchas veces se extendieron certificados de defunción del peronismo , pero al andar se dieron cuenta que el peronismo no era lo que sus categorizaciones importadas , ni sus gurúes rentados vaticinaban , ....si no que ya se había echo resistencia  por su capacidad de ser y se convirtió el lo que Cooke definió como "el hecho maldito de un pais burgués". El 24 de marzo de 1976 fuimos testigos de un nuevo y feroz intento por implantar las condiciones que nos devolverian a la dependencia y el entreguismo  , la vieja consigna del almirante Rojas , cuando sentenció aquello de...."(acabaremos con el peronismo cuando acabemos con las chimeneas") tuvo como telón de fondo 30 000 compañeros desaparecidos y la implantación del miedo y el terror  a toda la sociedad ,  hiriendo de muerte al proyecto originario . Con los fantasmas de las disputas intestinas ,,el vaciamiento ideológico y una estructura que queda en manos de oscuros personajes se pierde por primera vez una elección libre y limpia , y así se completó la pérdida del caracter contestatario ,movimentista y morocho  , para convertirse en un partido liberal mas . Luego llegó Menem aprovechando la  inacapacidad radical para manejar los conflictos ,  y gran parte de la estructura partidaria acompañó el viraje del riojano . La llegada de Nestor Kirchner pone en crisis a ESE peronismo , enarbola banderas olvidadas , se enanca en demandas populares , retoma su propia historia y suma otras que habian sido ajenas , e interpela al pueblo para la construcción de una sociedad mas justa .  Y llegaron los jóvenes , por miles , y se recuperó la política como herramienta de transformación . Hoy el enemigo sabe que la disputa central es clausurar esta etapa de peronismo transformador . Se trata como deciamos al principio " EL QUE SE DETERMINE COMO PERONISMO"  es quien trazara los vínculos del poder . Y pacientemente en una acción de pinzas nos acosan con un ex que sale a cruzar desde afuera y otro enquistado que  es un tibio "NI"  eterno. Por eso es una disputa material ,  de candidatos y fórmulas,   de dar debates y combates profundos sobre la patria que soñamos y las herramientas para lograrlo .Hay quienes  desde el progresismo (yo creo que ingenuamente), plantean que el peronismo ya es pasado y que el kirchnerismo surge como un peronismo de buenos modales sin cargas ni contradicciones históricas . Para ese pensamiento tambien hay una respuesta de Cooke ........dijo , "el peronismo será parte de cualquier revolución real ,el peronismo no desaparecerá por SUSTITUCIÓN  si no mediante superación dialéctica , es decir NO NEGÁNDOSELO SINO INTEGRANDOLO EN UNA NUEVA SÍNTESIS".   Esta... es mi humilde opinión en lo que muchos se devanan los sesos para definir al PERONISMO.................música y ya volvemos.........................


Fuente: face

miércoles, 18 de septiembre de 2013

otro diecisiete de septiembre...

Basta con ver las minifaldas de la época, compañeras estudiantes de Rosario, que por el solo echo de estudiantes ya eran más que peligrosas. El recuerdo que sigue es una ínfima parte de un suceso que conmocionó al país entero, que forjó dirigentes sindicales combativos, que demostró que también había dirigentes y sindicatos obsecuentes con el 'orden establecido', quizás los que en el año '69 ya pregonaban un peronismo sin PERÓN, es decir unos traidores de mierda. También aparece una figura nefasta para nuestra historia reciente como es el conflicto de Malvinas, ya que un enorme hijo de puta con uniforme fue el encargado de reprimir ferozmente y con cuanto fusil tuvo a su alcance, provocando una matanza de la cual la historia y sus cómplices hasta hoy en día no dieron respuesta alguna ante semejantes crímenes.
Los eventos del primer Rosariazo y el Cordobazo llevaron a que el gobierno militar interviniera la Unión Ferroviaria (UF). Los convenios de trabajo fueron modificados unilateralmente, los dirigentes gremiales fueron encarcelados y se aplicó una reducción universal de sueldos. La tensión iría in crescendo y no tardaría en volver a detonar. El 7 de septiembre, los estudiantes de Rosario volvieron a las calles para conmemorar la muerte de los caídos en el conflicto con las fuerzas represivas. Al día siguiente, los delegados de la sección Rosario de la UF comenzaron una huelga en protesta por la suspensión del delegado administrativo Mario J. Horat, que había sido penalizado por promover la adhesión a los paros efectuados contra el gobierno. Más de 4.000 trabajadores se sumaron a la medida y esa misma noche se decidió prolongarla por 72 horas.
El gobierno nacional, mediante el decreto 5324/69, ordenó la aplicación de la Ley 14.467, de Defensa Civil, disponiendo la movilización de todo el personal ferroviario bajo el Código de Justicia Militar y criminalizando por lo tanto la medida de fuerza. A partir del 16, la CGT en pleno se sumó a la protesta, así como las asociaciones estudiantiles y políticas. Mientras tanto, las medidas de fuerza se extendían por el país, con la ocupación de varias fábricas en Córdoba y un levantamiento masivo en Cipolletti
El 16 de septiembre, a partir de las 10 de la mañana, comenzó la convergencia de columnas de trabajadores, estudiantes y otros manifestantes en dirección al local de la CGT. Una columna de más de 7.000 obreros ferroviarios se dirigió a los molino harineros Minetti desde el local de La Fraternidad. Se le sumaron otras compuestas por obreros textiles, vidrieros, albañiles, eléctricos, frigoríficos y metalúrgicos. Además de los sindicatos del ferrocarril, la Asociación Bancaria, la Asociación de Trabajadores del Estado, la Federación de Obreros y Empleados de Correos y Telecomunicaciones, la Federación de Obreros y Empleados Telefónicos de la República Argentina, la Federación de Trabajadores de la Industria de la Alimentación, el Sindicato del Seguro, el Sindicato de Obreros Jaboneros, el Sindicato de la Carne, el Sindicato Unidos Petroleros de Estado, el Sindicato Luz y Fuerza, el Sindicato de Trabajadores Químicos y Petroquímicos, el Sindicato de Obreros y Empleados Papeleros, el Sindicato Obrero de la Industria del Vidrio y Afines, el Sindicato de Obreros Panaderos, la Unión de Trabajadores Hoteleros y Gastronómicos de la República Argentina y la Unión Obrera Metalúrgica se adhirieron a la medida. Los tranviarios y transportistas fueron las más importantes de las asociaciones que se negaron a acatarla, lo que se reflejó en la quema de transportes
Ante la resistencia policial, los manifestantes volvieron a erigir barricadas y a enfrentarse abiertamente a las fuerzas de seguridad. Los vehículos policiales y de transporte público fueron incendiados y la manifestación logró avanzar, haciendo retroceder a la policía hacia unas pocas plazas fuertes formadas por las sedes institucionales, en particular la del Comando del II Cuerpo de Ejército y la Jefatura de Policía.

El conflicto se extendió a los barrios, de donde se repelió a la policía. Un total de unos 250.000 manifestantes lograron mantener el control de la situación durante todo el día. No fue hasta el 17 cuando el Ejército reemplazó a las fuerzas de seguridad, informando un comunicado del general Herberto Robinson, que abrió fuego contra cualquier grupo que se le opuso. Se conformaron tribunales militares ad hoc. El entonces coronel Leopoldo Fortunato Galtieri comandaba las fuerzas del arma de artillería que llevaron a cabo la acción a partir de las 21:00. La resistencia en algunos barrios continuó aún otro día más, hasta que los militares tomaron control de toda la ciudad.

Este acto de resistencia a la dictadura de Onganía es parte de la semilla histórica de las organizaciones armadas que se pusieron de pie para enfrentar al ejército de ocupación, para combatir por la libertad que hoy disfrutamos todos los argentinos. Esto empezó en mayo del '69 y supuestamente terminó un 17 de septiembre del mismo año. Recordemos con respeto a un pueblo revolucionario que se enfrentó al poder, y por las moscas tomemos su ejemplo, no sea cosa que la historia tenga que volver a repetirse. Y ahí estaremos todos juntos, trabajadores y estudiantes unidos por una sola bandera. La celeste y blanca que nos iguala. La lucha perpetua continúa.
fuente: MPC-face

sábado, 14 de septiembre de 2013

Tomado del libro Las huellas del Che, de Mariano Rodríguez.


"Cuando yo llegué a México ya conocía a dos o tres compañeros, amigos míos de la zona, que se habían ido para allá, y me reuní con ellos. Inicialmente, hicimos prácticas de tiro, ejercicios y luego nos pasaron para un rancho. En el rancho estaba el Che. Un tipo simpático, agradable, muy jaranero; amante del estudio y muy observador. Vivía pendiente de los gestos de los que lo rodeaban, más bien como si fuera un científico. Lo captaba todo, incluso los detalles más pequeños, y en su oportunidad, decía: Porque tal día tú hiciste esto, hiciste lo otro, y otras veinte cosas.

En el viaje del Granma el Che venía como médico, aunque él no decía que era médico, sino “matasanos”. Cuando desembarcamos lo ayudé por primera vez. Ya sabía que él era asmático y, bueno, hay un problema sentimental y es que mi padre era asmático, por eso, cada vez que veo a una persona con ese padecimiento, me acuerdo de mi familia. En medio de aquel pantano me encuentro con un campesino que estaba muy integrado a la lucha, y se lo llevé a Fidel, pero el resto de los compañeros no llegaba, y me voy hasta donde estaba el Che y le digo: Dame acá la mochila para ayudarte y me responde: No, ¡qué me vas a ayudar! Y yo que sí, que él viene cansado del pantano y que le voy a ayudar. Entonces me dice: ¡Tu madre va a ayudarme, yo vine aquí a pelear, yo no vine a que nadie me ayude! Se expresaba así porque ya desde México nos tratábamos de esa forma. Al fin logré quitarle la mochila; pero diciéndole que ya estábamos cerca, que ya estábamos llegando.

En otro lugar, durante un combate, no recuerdo exactamente dónde, el Che estaba con un ataque de asma. ¡Era tremendo cada vez que él tenía un ataque de asma! Fíjese que yo me ponía a darle fricciones en la espalda y a echarle fresco, siempre yo estaba preocupado por eso. Pues bien, durante ese ataque asmático él estaba hirviendo una jeringuilla para inyectarse, y yo me pongo a mirar y veo a los soldados tirando un cerco, y le aviso: ¡Mira los soldados! El pregunta: ¿Dónde? Y le señalo el sitio. Entonces dice: Bueno, pues váyanse todos. Yo le digo que no, que no nos vamos, que se inyecte. Entonces, finalmente, ni me acuerdo bien si se inyectó, le quité la mochila y el fusil y lo cargué un rato. Pero el insistía: Déjame aquí, déjame aquí. Tenía un ataque de asma pero que era algo mortal. Bueno, lo subimos por una loma a remolque, lo que se llama arrastrado, pues ya no podía mover los pies: y se quedó allí mientras nosotros íbamos hasta la casa de un campesino que se portó muy bien con él.

Unas veces curo. .. y otras no curo, yo vine aquí a combatir, decía. Por último convencía a Fidel. Yo creo que si no lo dejan combatir es el primer desertor que tiene nuestro ejército. En la guerrilla, el Che quería estar peleando siempre e insistía mucho en tirotear las tropas enemigas; en ir dos o tres hombres y tirarles. Se les tiroteaba y se tenía la noche para caminar. Y eso, según parece, era un problema psicológico, de impacto psicológico; grupitos de tirar por aquí y por allá. Él lo que quería siempre era pelear. El Che me contaba que en México se había metido a fotógrafo y otra vez estuvo cazando mariposas. Y yo le preguntaba: ¿ Pero tú eres científico o qué cosa eres tú? ¿Qué tú haces con las mariposas? Le decía que en Cuba había muchas mariposas. Y siempre me estaba preguntando de Cuba. Cuando los pueblos despierten en la América, va a ser la revolución más grande de todo el mundo, decía. Otra de sus aspiraciones era la cultura, cómo decir las cosas. A mí constantemente me estaba criticando, porque al hablar me como muchas letras; yo pronunciaba “cacbón” y “pacque”, y el siempre me decía (burlonamente) el pacque, el pacque, ahí viene el pacque, el cacbón, el cacbón. Quería que todos habláramos correctamente. El fue el que creó aquí, en la Sierra Maestra, la primera fábrica de armas, la sastrería, la zapatería. Siempre tenía muy latente el liberar una zona para resolver a los campesinos el problema de la alimentación y de la atención médica."
Tomado del libro Las huellas del Che, de Mariano Rodríguez.
Cuando yo llegué a México ya conocía a dos o tres compañeros, amigos míos de la zona, que se habían ido para allá, y me reuní con ellos. Inicialmente, hicimos prácticas de tiro, ejercicios y luego nos pasaron para un rancho. En el rancho estaba el Che. Un tipo simpático, agradable, muy jaranero; amante del estudio y muy observador. Vivía pendiente de los gestos de los que lo rodeaban, más bien como si fuera un científico. Lo captaba todo, incluso los detalles más pequeños, y en su oportunidad, decía: Porque tal día tú hiciste esto, hiciste lo otro, y otras veinte cosas.

En el viaje del Granma el Che venía como médico, aunque él no decía que era médico, sino “matasanos”. Cuando desembarcamos lo ayudé por primera vez. Ya sabía que él era asmático y, bueno, hay un problema sentimental y es que mi padre era asmático, por eso, cada vez que veo a una persona con ese padecimiento, me acuerdo de mi familia. En medio de aquel pantano me encuentro con un campesino que estaba muy integrado a la lucha, y se lo llevé a Fidel, pero el resto de los compañeros no llegaba, y me voy hasta donde estaba el Che y le digo: Dame acá la mochila para ayudarte y me responde: No, ¡qué me vas a ayudar! Y yo que sí, que él viene cansado del pantano y que le voy a ayudar. Entonces me dice: ¡Tu madre va a ayudarme, yo vine aquí a pelear, yo no vine a que nadie me ayude! Se expresaba así porque ya desde México nos tratábamos de esa forma. Al fin logré quitarle la mochila; pero diciéndole que ya estábamos cerca, que ya estábamos llegando.

En otro lugar, durante un combate, no recuerdo exactamente dónde, el Che estaba con un ataque de asma. ¡Era tremendo cada vez que él tenía un ataque de asma! Fíjese que yo me ponía a darle fricciones en la espalda y a echarle fresco, siempre yo estaba preocupado por eso. Pues bien, durante ese ataque asmático él estaba hirviendo una jeringuilla para inyectarse, y yo me pongo a mirar y veo a los soldados tirando un cerco, y le aviso: ¡Mira los soldados! El pregunta: ¿Dónde? Y le señalo el sitio. Entonces dice: Bueno, pues váyanse todos. Yo le digo que no, que no nos vamos, que se inyecte. Entonces, finalmente, ni me acuerdo bien si se inyectó, le quité la mochila y el fusil y lo cargué un rato. Pero el insistía: Déjame aquí, déjame aquí. Tenía un ataque de asma pero que era algo mortal. Bueno, lo subimos por una loma a remolque, lo que se llama arrastrado, pues ya no podía mover los pies: y se quedó allí mientras nosotros íbamos hasta la casa de un campesino que se portó muy bien con él.

Unas veces curo. .. y otras no curo, yo vine aquí a combatir, decía. Por último convencía a Fidel. Yo creo que si no lo dejan combatir es el primer desertor que tiene nuestro ejército. En la guerrilla, el Che quería estar peleando siempre e insistía mucho en tirotear las tropas enemigas; en ir dos o tres hombres y tirarles. Se les tiroteaba y se tenía la noche para caminar. Y eso, según parece, era un problema psicológico, de impacto psicológico; grupitos de tirar por aquí y por allá. Él lo que quería siempre era pelear. El Che me contaba que en México se había metido a fotógrafo y otra vez estuvo cazando mariposas. Y yo le preguntaba: ¿ Pero tú eres científico o qué cosa eres tú? ¿Qué tú haces con las mariposas? Le decía que en Cuba había muchas mariposas. Y siempre me estaba preguntando de Cuba. Cuando los pueblos despierten en la América, va a ser la revolución más grande de todo el mundo, decía. Otra de sus aspiraciones era la cultura, cómo decir las cosas. A mí constantemente me estaba criticando, porque al hablar me como muchas letras; yo pronunciaba “cacbón” y “pacque”, y el siempre me decía (burlonamente) el pacque, el pacque, ahí viene el pacque, el cacbón, el cacbón. Quería que todos habláramos correctamente. El fue el que creó aquí, en la Sierra Maestra, la primera fábrica de armas, la sastrería, la zapatería. Siempre tenía muy latente el liberar una zona para resolver a los campesinos el problema de la alimentación y de la atención médica. 

fuente: Face

martes, 23 de julio de 2013

PRESENTE AHORA Y SIEMPRE!

 
Un dia como hoy de 1919 nacía Héctor Germán Oesterheld
PRESENTE AHORA Y SIEMPRE!

Periodista, autor de cuentos y novelas, editor y gran innovador de la historieta argentina, Creador de la inmortal saga "EL ETERNAUTA" junto al gran dibujante Francisco Solano López.

De firme compromiso con las causas populares y antiimperialistas, militante de la organización Montoneros, el 27 de abril de 1977 fue secuestrado en La Plata por un grupo de tareas de las Fuerzas Armadas, habiendo ya desaparecido sus hijas Estela, Diana, Beatriz, y Marina, de 25, 24, 19 y 18 años respectivamente.

Cautivo en varios centros de concentración de la dictadura, habría sido asesinado hacia fines de 1978. CONTINUA DESAPARECIDO.

“…¡Quiere decir que lo que usted me contó no sucedió todavía! ¡Quiere decir que quizás hay alguna forma de evitar que ocurra todo ese espanto!" [...] Víctor Oesterheld: "(pensando) ¿Qué hacer? ¿Qué hacer para evitar tanto horror? ¿Será posible publicando todo lo que el Eternauta me contó? ¿SERÁ POSIBLE?...” ( de El Eternauta)


fuente: face

domingo, 3 de marzo de 2013

ELECCION POPULAR DEL CONSEJO DE LA MAGISTRATURA (Por David Iud)


LA ELECCION POPULAR DE LOS MIEMBROS DEL CONSEJO DE LA MAGISTRATURA.

El pasquín de los Mitre -que nos usurpa la palabra "Nación"- ha comenzado su embestida, negándose a la democratización de la justicia, abroquelándose para defender a los bolsones remanentes de la república aristocrática que su fundador supo crear. Hoy titula: "Divide al Poder Judicial la Reforma que anunció Cristina Kirchner" y en el copete PARA LA ASOCIACION DE MAGISTRADOS EL AVANCE SOBRE LOS JUECES ES "INCONSTITUCIONAL".

Anoche, me preguntaba un amigo "¿no es inconstitucional la elección popular de los miembros del Consejo de la Magistratura".

Vamos a los papeles... dice el Art. 114 de la Constitucion:

"El Consejo de la Magistratura, regulado por una ley especial sancionada por la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de cada Cámara, tendrá a su cargo la selección de los magistrados y la administración del Poder Judicial. El Consejo será integrado periódicamente de modo que se procure el equilibrio entre la representación de los órganos políticos resultantes de la elección popular, de los jueces de todas las instancias y de los abogados de la matrícula federal. Será integrado, asimismo, por otras personas del ámbito académico y científico, en el número y la forma que indique la ley. Serán sus atribuciones: 1. Seleccionar mediante concursos públicos los postulantes a las magistraturas inferiores. 2. Emitir propuestas en ternas vinculantes, para el nombramiento de los magistrados de los tribunales inferiores. 3. Administrar los recursos y ejecutar el presupuesto que la ley asigne a la administración de justicia. 4. Ejercer facultades disciplinarias sobre magistrados. 5. Decidir la apertura del procedimiento de remoción de magistrados, en su caso ordenar la suspensión, y formular la acusación correspondiente. 6. Dictar los reglamentos relacionados con la organización judicial y todos aquellos que sean necesarios para asegurar la independencia de los jueces y la eficaz prestación de los servicios de justicia."

La parte que nos interesa es la introducción. El texto es claro: Al consejo de la Magistratura, lo regula una Ley del Congreso. El Congreso, sancionó en 1999 la Ley 24937, y posteriormente la modificó mediante las leyes 25669 (2002); 25876 (2004) y 26080 (2006). Ahora volverá a modificarla. Nada hay en ello que contradiga el texto constitucional.

Así como antes la Ley del Congreso (ley 24937 ahora modificada por Ley 26080) dice en su Art. 1º que el Consejo se integra con tres jueces del poder judicial que se eligen por sistema D´Hont, que los representantes del Poder Legislativo los designan los Presidentes de las Cámaras a propuesta de los bloques, y que los representantes de los abogados los eligen por voto directo los mismos abogados en sus Colegios Profesionales, ahora la Ley dirá, posiblemente, que serán electos por voto popular. Los Partidos Políticos deberán proponer abogados que sean candidatos -esto no es muy difícil, los Partidos Políticos están llenos de abogados- y la ciudadanía elegirá.

En ninguna parte dice la Constitución que aquellos llamados a elegir los jueces no puedan ser electos por voto popular. Al contrario, en la Argentina, desde 1853 en adelante, y hasta 1994, los jueces eran nombrados por el Presidente de la República con acuerdo del Senado, o sea eran nombrados mediante un acto complejo en el que TODOS LOS PARTICIPANTES ERAN ELECTOS POR EL VOTO POPULAR. Así lo disponía el Inc. 5º del Art. 86. Ahora ese artículo es el Art. 99, inc. 4º y en su texto se incluyó (Reforma de 1994) que el Presidente nombra los jueces, en base a una propuesta vinculante, en terna, del Consejo de la Magistratura, con acuerdo del Senado.

Si durante 146 años (desde 1853 hasta 1999 los jueces fueron nombrados por funcionarios electos por el voto popular (sin duda lo son los senadores y el Presidente), durante 14 años (desde 1999 hasta ahora) se incluyó a entre los que nombraban a un grupo de personas que no eran electas por elección popular y en cambio lo eran por elección corporativa (abogados y jueces, entre ellos) y ahora se vuelve al régimen que impone la elección popular para todos los que intervienen en el acto complejo ¿donde está la inconstitucionalidad? EN NINGUN LADO.

Mas aún, nunca se planteó, pero, en mi modesta opinión, sería inconstitucional el régimen que rigió hasta ahora: porque es ajeno al espíritu de nuestra Constitución toda virtualidad corporativa. Si algo caracteriza a la voluntad del Constituyente de 1853 es la exclusión de todo indicio que contradiga la igualdad en los derechos políticos. La elección es un derecho eminentemente político, y la parcelación corporativa de dicha elección, algo que reconoce raigambre en el sistema político de los burgos de la alta edad media, es repugnante al espíritu de nuestra Constitución.

Lo de "La nación" no es más que la construcción de una mentira tratando de explotar la complejidad de estos temas. Hacen lo de siempre: nadie puede ser experto en todo, y todos tenemos una porción de "legítima ignorancia" con la cual cargamos ya que conocemos bien lo que tiene que ver con nuestro trabajo y nuestra formación específica, y legítimamente ignoramos lo atinente a otras áreas de conocimiento. "La Nación" -y otros, claro- siempre explota esa legítima ignorancia del ciudadano para crear mentiras.

03-03-2013

viernes, 22 de febrero de 2013

LAS MUJERES EN LA GESTA EMANCIPATORIA

por Javier Garin, 
viernes 22 de febrero de 2013
Conferencia preparada para el panel del 19 de febrero de 2013 en Salta durante los festejos por el Bicentenario de la Batalla de Salta, por invitación del Gobierno de esa Provincia.


Buenos dias a todas y a todos:
                Vengo a esta actividad por el Bicentenario de la Batalla de Salta en representanción del Centro de Estudios Históricos Felipe Varela, que dirige nuestro compañero y maestro Norberto Galasso, uno de los más importantes historiadores actuales. Dada la temática, habríamos preferido que viniese una compañera, pero no fue posible.

LA INVISIBILIZACION DE LA MUJER EN LA HISTORIOGRAFÍA TRADICIONAL Y LA OPRESION DE GÉNERO

            Esta jornada me conmueve por varios motivos. En primer lugar, como belgraniano, por el evento que se recuerda: una de las dos más grandes batallas de la emancipación en territorio rioplatense, la más grande victoria patria por sus resultados y sin duda una de las mayores glorias obtenidas por Manuel Belgrano y el pueblo en la lucha contra los colonialistas.
            En segundo lugar por la acertada eleccion del tema, ya que el papel de las mujeres en la emancipación reviste suma importancia y actualidad.
            En un pais que aun padece situaciones de opresión y violencia de género cotidianas, y en donde el femicidio está a la orden del día, reivindicar el rol histórico de las mujeres es contribuir a modificar esta cultura aberrante del machismo. Pero además, en tiempos de profunda revisión histórica, resulta indispensable hacer hincapie en aquellos actores y sectores sociales invisibilizados en la historia tradicional u oficial.
             Así como se invisibilizó durante décadas a indios y negros, asi tambien el rol de la mujer fue claramente distorsionado y minimizado. Se presentaba una historia netamente masculina, y lo que es peor, militar, con héroes y salvadores militares, como si el triunfo de la revolución no fuera obra colectiva sino de algun héroe providencial. En esa historia, las mujeres no tenían ningun papel, eran figuras decorativas.
              Llegó pues, la hora de presentar otro panorama, en el cual se reconozca que las mujeres no sólo participaron activamente, sino que, incluso rompiendo los límites que les imponía la sociedad patriarcal, fueron protagonistas fundamentales en el proceso de la Independencia.

LA OPRESION FEMENINA EN LA COLONIA Y SU AFLOJAMIENTO POR NECESIDADES REVOLUCIONARIAS

             Cuando se evoca a la mujer en el virreinato y la Revolución nos viene siempre a la memoria Mariquita Sánchez de Thompson, mujer porteña, acaudalada, ilustrada y muy independiente. Pero debemos decir que fue un caso excepcional. La inmensa masa de las mujeres no tenía el menor acceso a la educación más elemental. E incluso entre las mujeres de las clases pudientes, eran pocas las que aprendían las primeras letras. Muchos padres se resistían a que supieran leer y escribir por miedo a que se cartearan con hombres, debido a la obsesión española por el "honor", que consistía básicamente en custodiar la virginidad de las hijas. El matrimonio por conveniencia era normal, y no se respetaba la voluntad de la mujer, que a veces se enteraba de sus inminentes nupcias con escasos días de antelación. La legislacion civil  obligaba a las jóvenes a requerir el permiso paterno para casarse hasta los 25 años. La propia Mariquita fue un ejemplo de rebeldía contra ese estado de cosas, al negarse a respetar la voluntad paterna.
             La opresión femenina tenía una doble fuente. En el caso de las mujeres de las razas sometidas, regía la esclavitud o la servidumbre. En el caso de las mujeres teóricamente libres, de sangre limpia, como se decía entonces, estaban sujetas a la autoridad del padre o del marido, y sólo excepcionalmente, en caso de viudez, podían alcanzar cierta independencia, aunque restringida.
             De manera que el importante papel de las mujeres en el proceso emancipatorio no fue consecuencia de un estado de libertad, sino de una necesidad histórica. La Revolución y la guerra revolucionaria aflojaron los lazos del rígido orden patriarcal, y las mujeres adquirieron de pronto libertad en los hechos, como consecuencia de la necesidad de contar tambien con ellas en la guerra revolucionaria, ya sea para labores subversivas como el espionaje, ya sea como logística de las expediciones militares, ya sea como sucedáneo de los hombres empleados en la guerra para tareas económicas y de administración de negocios y hogares que quedaban abandonadas.
              Pero no vayamos a creer que la igualdad de género figurara ni lejanamente entre los objetivos revolucionarios. La Revolución se hizo tambien con las mujeres, pero lamentablemente no se hizo para ellas. Y una vez que pasó la necesidad revolucionaria, el patriarcado regresó con sus cadenas. Cuando se escribió la historia oficial, en la segunda mitad del siglo XIX, al mismo tiempo que Vélez Sárfield perpetuaba el patriarcado en el Código Civil, se volvió a colocar a las mujeres bajo el yugo en el imaginario histórico: de allí su invisibilización.

LA MUJER EN LAS CULTURAS ORIGINARIAS.

               Es cierto, como decía hace un momento la representante del Instituto Güemesiano, que en muchos pueblos originarios existían fuertes vestigios de matriarcado.
               Tanto la expedición de Orellana como Ulrico Schmidt dieron cuenta de la existencia de "amazonas", mujeres guerreras que conducían a sus pueblos.
                Por otra parte, Lewis Morgan realizó estudios clásicos de las tribus norteamericanas que revelaron la persistencia de un sistema de parentesco matrilineal.
                Es decir que, si bien el patriarcado ya estaba consolidado en muchos pueblos originarios, la presencia de elementos matriarcales hacía que la situación de las mujeres originarias fuese, en muchos de esos pueblos, menos severa que en la civilización europea.
                La civilización predominante en América del Sur, la incaica, conservaba muchas pervivencias matriarcales, como lo revela su cosmogonía, el rol del Sol y la Luna, el culto a la Madre Tierra y el relato legendario de la fundación del Tawantisuyo, llevada a cabo, no por un solitario héroe masculino, sino por una pareja. En la vida cotidiana, la mujer ocupaba un importante papel económico y social.

EL MESTIZAJE COMO FRUTO DE UNA VIOLACION SISTEMÁTICA

                Durante muchas décadas, una educación tendiente a justificar la Colonia nos enseñó que América Latina era el continente del mestizaje. Es cierto. Pero no caigamos en una visión idílica e ingenua, pues el mestizaje hispanoamericano no nació de la amorosa unión de dos razas, sino que fue inicialmente el fruto de la VIOLACION SISTEMÁTICA DE LAS MUJERES NATIVAS POR LOS CONQUISTADORES.
                Con la llegada de los españoles, las mujeres originarias no sólo conocen el sometimiento de sus pueblos, la reducción a servidumbre y los asesinatos salvajes, sino que son objeto de prostitución forzada.
                 Los relatos que los propios cronistas españoles son contundentes hasta en su ingenuidad. Cuentan sin embozo el modo en que se repartían a las indias y las violaban, como si se tratara de algo normal y lícito. Y para ellos lo era.
                  Dicen los cronistas, por ejemplo, que en el Paraguay, hasta el más bajo soldado tenía su veintena de mujeres. Lo normal eran cincuenta o sesenta. Se las cambiaban y entregaban en pago, como si fueran moneda. Castraban a los indios para que no pudiesen quitarles la exclusividad de las indias. Los reyes intentaron vanamente frenar el mestizaje, no porque les escandalizaran las violaciones, sino porque querían preservar la "pureza de sangre". Con el tiempo esta brutalidad disminuyó, pero la violación de las niñas por patrones y encomenderos se mantuvo como una reminicencia del medieval "derecho de pernada".

LA MUJER DE SANGRE EUROPEA TAMBIEN PADECIA UN SISTEMA DE OPRESION. EL TRAVESTISMO FEMENINO

               Españolas y criollas, aunque no sufrían un regimen tan brutal, no por eso dejaban de ser esclavas del patriarcado heredado de la "civilización" europea. Para ellas no había más destino que el convento o el matrimonio, en el caso de las llamadas "buenas familias". Las mujeres de humilde condición debían cumplir mil menesteres, cuando no prostituirse. La ignorancia era la regla para casi todas, fuesen de la clase que fuesen.
                Un dato revelador de esta cárcel del patriarcado lo proporciona la abundancia de casos de travestismo femenino. En los campos de batalla de toda la cristiandad europea era frecuente encontrar cuerpos de mujeres disfrazadas de hombres entre los soldados caidos. En América se dio un caso de espectacular trascendencia: Catalina de Erauso, quien escapó de un convento vizcaíno, deambuló por América vestida de hombre, participó en las guerras de Chile y hasta revistó el grado de alferez, llegando a ser recibida como héroe por el Rey y el Papa. No había forma de escapar al destino de hierro de la mujer si no era vistiéndose de hombre.

 LOS HOMBRES DE LA REVOLUCION Y SU FALTA DE INTERÉS POR LA EMANCIPACION DE LA MUJER. EL CASO EXCEPCIONAL DE MANUEL BELGRANO

                Que la Revolución no se ocupó de emancipar a la mujer, lo revela la actitud de la generalidad de los próceres revolucionarios de total indiferencia.
               San Martin no sólo contrajo un matrimonio por conveniencia con una adolescente sino que, años después, la despachó de Mendoza a Buenos Aires sin el menor miramiento por su delicado estado de salud, y sin tomar más recaudo que hacerla acompañar por un ataúd, por si moría en el camino...
               Castelli, el hombre más avanzado de Mayo, el libertador de los pueblos indígenas en Tiwanacu, no fue capaz de aceptar que su hija preferida, Ángela, contrajera matrimonio por amor con un hombre del grupo de su archienemigo Saavedra, dando lugar a uno de los más famosos "juicios de disidencia" posteriores a 1810.
               Monteagudo, a quien se suele citar como ejemplo de promotor de la participación femenina, estaba muy lejos de sostner su liberación. Sus artículos "a las americanas" no son más que exhortaciones a que contribuyeran a la causa revolucionaria desde sus lugares tradicionales. Aunque él exaltaba "el santo dogma de la igualdad"  no escribió jamás una línea dedicada a proporcionar derechos a las mujeres.
              La soltiaria excepción fue Manuel Belgrano. Con su habitual sensibilidad, inteligencia y grandeza, Belgrano fue el único intelectual de todo el continente que en forma reiterada se manifestó a favor de la educación femenina, y denunció el estado de postración en que se encontraban las mujeres en párrafos más que elocuentes.

LA REVOLUCION LLEGA A LOS HOGARES

              Con la conmoción revolucionaria el orden patriarcal crujió y se sacudió. Cuentan los memorialistas que el disenso cundió en el seno de las familias. Era una época de gran "crispación", como dirían los reaccionarios del presente: los hijos se enfrentaban a los padres, las esposas a los maridos, vecinos entre sí.  Empeñados en un guerra difícil que absorbía todos los recursos, los hombres cedieron en los hechos importantes espacios a las mujeres. Proliferaron las matronas negociantes, administradoras y políticas, que utilizaban las tertulias para sus interminables "roscas". Las mujeres de humilde condición con frecuencia acompañaban a sus hombres a los campos de batalla. Se ha conservado el recuerdo de algunas de ellas, como las "niñas de Ayohuma", o la Parda María, llamada "Madre de la Patria".
              Las mujeres tomaban parte en la resistencia popular contra los invasores: en las invasiones inglesas así lo hicieron. Tambien lo hicieron en Cochabamba,  cuando obligaron a sus hombres a combatir contra el terrorista Goyeneche y tomaron las armas a la par de sus maridos e hijos. Las mujeres tuvieron un papel importante en el Éxodo Jujeño. En Salta construyeron una red de espionaje que permitía a Belgrano conocer hasta el menor movimiento de su enemigo. Sobrevive el recuerdo de una mujer que, luego de la capitulación de Salta, cruzó la cara de una bofetada al oficial realista que la había torturado por espía.  Martina Silva de Gurruchaga proporcionó a Belgrano 150 hombres reclutados por ella. Pero incluso en las filas realistas las mujeres actuaban incesantemente, y perdura el nombre de Pascuala Balvás, feroz matrona que exhortaba a los soldados realistas desde el púlpito de la catedral salteña para que volvieran al campo de batalla.

LAS DOS HEROINAS AMERICANAS POR ANTONOMASIA: JUANA AZURDUY Y MANUELITA SAENZ

          En mis viajes por América tuve muchas ocasiones de sentirme conmovido ante un monumento o recuerdo histórico. Pero dos me emocionaron particularmente: el hermoso retrato que de Juana Azurduy se conserva en la Casa de la Libertad, en Sucre, y la gallarda estatua de Manuelita Saenz en Mitad del Mundo, Ecuador.
               Ambas mujeres, tan diferentes entre si, tuvieron sin embargo muchos puntos en común. Ambas fueron patriotas y luchadoras inclaudicables. Ambas asumieron roles combatientes reservados a los hombres, participaron en batallas y tuvieron grados miltiares y reconocimientos por sus servicios guerreros. Ambas compartieron la pasión y la lucha con sus compañeros de la vida. Ambas lo arriesgaron todo por seguir su vocación libertaria.
               Juana Azurduy, la mayor guerrillera rioplatense, batalló durante años junto a su esposo Manuel Asencio Padilla, y continuó combatiendo luego de su muerte y de la pérdida de cuatro de sus cinco hijos. Famosa en su tiempo, tuvo un largo ostracismo de los textos de historia, que últimamente se está remediando. Mestiza y de firme voluntad de lucha, era como una reencarnación de esas mujeres extraordinarias de las grandes sublevaciones indígenas, como Micaela Bastidas -la compañera de causa y martirio de Tupac Amarú- o Barolina Sisa, columna y sostén de Tupac Qatari.
              ¡Y qué podemos decir de Manuelita! Una mujer independiente en su vida pública y privada, indoblegable por los prejuicios y por la espada. La historia machista la ha llamado "la amante del Libertador Bolivar", pero el gran Bolívar le daba otro título: la llamaba "Libertadora del Libertador", porque había luchado a su lado sable en mano en numerosas contiendas, había sido heroína y oficiala de su ejército, lo había aconsejado y defendido durante años, discutiendo ideas y estrategias de igual a igual, había cabalgado centenares de leguas junto a él, y lo había salvado de las traiciones y hasta de un cobarde atentado, enfrentando a los magnicidas... Hacia el final de su vida, ya paralítica y arruinada, la gran Manuelita confesaba a Herman Melville que ella había amado a Bolívar en vida y lo veneraba después de muerto. Pero sin duda lo que más amaba ella no era a un hombre, sino a la Libertad, pues su vida fue una constante reafirmación del libre albedrío.

OTRA TAREA INCONCLUSA: LA VERDADERA IGUALDAD

              Pero cuando recordamos a estas grandes mujeres que alcanzaron la condición de figuras emblemáticas, no debemos olvidar que a su lado hubo miles y miles de mujeres anónimas luchando por emancipar a un continente, por defender sus tierras y sus hogares, aun cuando perdieran comodidades y familias, viendo morir a sus hijos, en ocasiones muriendo ellas...
               Corrió mucha historia, y hoy vivimos bajo un régimen de pretendida igualdad de género. La mujer ocupa lugares cada vez más relevantes. Hasta tenemos una Presidenta. Sin embargo, la igualdad que proclaman las leyes está lejos de ser efectiva en las costumbres. La opresión de género subsiste, y la violencia de género arroja cada día nuevas víctimas.
                Y así como Monteagudo sostenía, en un célebre artículo sobre la Batalla de Tucumán, que la mejor forma de honrar a los caídos era asegurar la Independencia sudamericana, así tambien hoy no tenemos mejor manera de homenajear a estas mujeres revolucionarias que comprometernos a concluir esa tarea pendiente de abolir la opresión de género, para que ese "santo dogma de la igualdad", como lo llamaban Moreno y Monteagudo, exista efectivamente entre hombres y mujeres: para que deje, en fin, de ser un "dogma" y se convierta en un hecho.

fuente: face
www.manuelbelgranoxjaviergarin.blogspot.com
www.bernardomonteagudoxjaviergarin.blogspot.com

sábado, 2 de febrero de 2013

EL MAS GRANDE

 POR LEONARDO FAVIO
 
Carreras y caricias. Las piernas que no pararon de correr, las manos ávidas por acariciar.
La vida también está en las cosas, en lo que significan. Quizá por eso acaricié sus lentes. Fue una forma de tomar dimensión de su presencia. Antes, al entrar en la quinta, mis piernas bajaron torpes del auto y se irguieron vacilantes frente a él, después de haber corrido sin parar toda la vida.
¿Qué le dijé y qué me dije? Ambas voces se me mezclaron, se cruzaron, se confundieron. ¿Le dije que desde la niñez pensaba que no hay que parar de correr para que no nos atrape la muerte, o sólo lo pensé? ¿Llegué a contarle la anécdota de la que nació esa idea? Seguro que no. No le hablé del callejón Ortiz ni de Marina, la nena de la casa de enfrente, la hija del policía, la que me llevaba al baldío de al lado y me tironeaba la pistolita. Ella me enseñó qué es el amor y qué es la muerte. Cuando se murió una chica judía que vivía en la casa de la esquina, yo no sabía qué era morirse. ‘Es un señor todo quieto que se muere’, me dijo Marina. ‘Entonces, te morís si te quedás quieto -le dije-. Si te vas corriendo a una plaza, no te morís’. ‘Claro’, me contestó. Durante años viví convencido que si corría, la muerte no me iba a alcanzar”.
En fin, no sé bien que dije. Si estoy seguro de las excusas tontas que di por haber llegado tarde a Puerta De Hierro, de la pícara preocupación con que el General me hizo notar mi impuntualidad.
Luego, la caminata hasta la casa. Como el maratonista que acaba de llegar a la meta, caminé junto a él. Caminé de piernas temblorosas. Caminamos y le hablé de cómo capar chanchos. ¿Fue en la caminata en el porche? ¿Cómo empezamos a hablar de eso? Quizá porque aprendí a caparlos en una de las escuelas agrícolas que él creo.
Cuando llegamos tarde, quiso embarullar a Perón con explicaciones de tránsito por nuestra demora, pero no le prestó demasiada atención porque ya nos había señalado el detalle.
También hablamos de gallinas en la caminata. “Yo siempre le digo a la gente que tenga su gallinerito”, sentenció el General cuando pasamos de las Plymouth a las Leghorn, que parecen más rústicas pero son más ponedoras, bien peronistas. Hablando de gallinas con el más sabio. ¿De qué le iba a hablar, de mis películas? Sospechaba que no las había visto. Además, no me gustaba incomodar a los políticos con mis películas. Sentía que no eran para ellos, que se aburrirían. Aun recuerdo a Cámpora en el estreno de Juan Moreira. Las luces se apagaron y apenas comenzó a rodar la película se durmió y empezó a roncar. Lo desperté, porque era un papelón que se durmiera así el tipo que iba a ser presidente de la Nación. Pero lo importante no era de qué hablaba con el General. Andando a su lado se me fueron pasando los temblores. Me sentía comprendido, la serenidad de su sabiduría me fue sosegando la agitación.
El cantante, el general y los caniches. Daban vueltas alrededor nuestro, saltaban, ponían a prueba nuestra estabilidad. Parecíamos dos artistas de circo guiando su rutina. Era una tarde templada y de sol en un parque enorme y arbolado. “Parecen la oligarquía, no nos dejan avanzar”, dijo Perón y me hizo un guiño. Era un gesto recurrente en él. Cada que lo veo en algún material de archivo guiñar el ojo recuerdo aquella tarde en que el guiño del mito fue para mí. Apenas se agachó y una perrita le saltó en los brazos. Lo besuqueaba, lo lamía y él se dejaba. Yo soy así también con los perros. “Esa raza es muy inteligente”, le dije recordando lo que había leído días atrás en una revista acerca de esos perros. “Claro, por eso la usan mucho en los circos”, respondió. “Tienen inteligencia superior. ¿Ve? Acá murió el Gaucho. Está bajo ese montículo cubierto de flores azules. El Gaucho y ésta son los únicos que nos quedaron de los que trajimos de Argentina. Todos los demás son hijos de aquellos”. Así que el Gaucho murió en el exilio. Y la perrita es la única sobreviviente. O sea que cada “Luche y vuelve” pintado en una pared la incluía también a ella. Gallinas, perros, chanchos. Los animales me sostuvieron en pie para poder conversar con Perón. Un poco le gustó mi conversación, un poco me siguió la corriente. Sabía volar más o menos a la misma altura que su interlocutor.
La casa estaba casi en el centro del parque y era de gran austeridad. Su escritorio estaba en la planta baja. Nos sentamos en el porche. Mate y té con leche. Y el mito, paciente y cálido. Estuvimos como cuatro horas hablando. Fue un acierto no hablarle de política. Como a mí no me gustaba que me hablaran de cine en las reuniones, acerté al no sofocarlo de política. Si hasta le hablé de mi infancia, aunque no me acuerdo si yo fui a ese tema o me llevó él. Le conté que había estado internado en la Casa del Niño. Me preguntó por el trato en el lugar. Le dije que ningún celador me levantó la mano, aunque yo era bastante difícil. Pero que cuando nos poníamos muy bravos, de vez en cuando se venía una rapada. También le conté de mi colegio, el Miguel Pouget. Se puso contento. Estaba orgulloso de las escuelas granjas. No recuerdo si los animales nos llevaron a mi infancia o mi infancia a los animales. Lo cierto es que me dijo que las escuelas granjas eran su orgullo. Pensar que aquella vez hablamos de la devastación de las selvas de Brasil. ¿Cómo vería la cuestión ahora? Así era él: tenía la dimensión exacta para preocuparse por el adecuado capado de un chancho, la necesidad que la gente tenga gallineritos o la devastación de una selva y los problemas ecológicos. ¡Si hasta se sabía los nombres científicos de las plantas! En cualquier otro hubiera sonado a sanata. Pero él era un sabio. Y descubrí que también había hablado del tema con Hugo del Carril. “Sabe mucho de eso”, me dijo, y me los imaginé intercambiando nombres de plantas en latín.
¡Ja! Ahora me acuerdo cómo definió a Hugo después de preguntarme cómo andaba. “Hugo es un gran señor, a cualquier hora que se levante”. Le robé más de una vez esa frase al General para referirme a buenas personas.
¿Por qué pasamos de Hugo a Rucci? No recuerdo bien, pero me di cuenta en la mirada y en la voz de Perón que lo quería. Parecía que hablaba de un hijo. De allí pareció inevitable que habláramos de Silvio Frondizi. Hacía uno o dos días que habían asesinado al pibe. De pronto giré la cabeza y sentí un mar de tristeza en los ojos del General. Guardo una foto que nos tomaron ese día justo cuando hablábamos de ese crimen. Pocas veces fue atrapada en una imagen una expresión de tristeza tan profunda. El no se permitió que ese brillo durara más que un breve instante. “¿Usted es Jury, no?”, me preguntó cambiando de tema. ¡El mito conocía mi verdadero apellido! ¡Había cantado para multitudes, había recibido elogios impensados para mis películas, pero creo que nunca antes me había inflado tanto de orgullo. “Sí, sí”, tatamudeé, como si no estuviera tan seguro como él de mi apellido.
"Usted es de ascendencia árabe. Su papá, ¿de dónde era?"
“De Siria -le dije yo-. De Damasco".
"Ah, de la Siria palestina. Allí nació Jesús".
Oírlo decir eso fue como si Dios hubiera enviado a Magdalena a lavarme los pies.
Volví a mi infancia. Se aparecieron en el porche de Puerta de Hierro el Negro Cacerola, Cacho Tamís y todos los amigos de Luján. Me los traje a ellos y por eso tuve coraje de tocar sus anteojos. Los acaricié y sentí que estaba junto a un hombre tierno, como si en ellos se hubiera quedado para siempre el braile de sus ojos achinados. Después no me resultó difícil acariciarle la mano. No me dijo nada. Se dejaba porque era sabio y percibía lo que significaba para mí. Seguía charlando tranquilo, mientras yo le acariciaba la mano como a mi abuelo, respiraba en su piel.
¿Cuántas veces me preguntaron si lo encontré muy viejo? Sí, los años estaban, pero él era el mismo, el del mito. No había diferencia entre su voz hablándome de capar chanchos y la que en mi niñez salía de los parlantes en la plaza de mi pueblo. Tampoco hubo diferencia en mí: si entonces era un niño de fiesta, ¿cómo no serlo allí, sentado frente a él?
Ahora, cuando alguien me viene a ver, le veo la misma pregunta en los ojos. ¿Cómo está de viejo, cuánto más vivirá? Supongo que no mucho, quizá ni consiga volver a filmar. ¿Se atreverá alguien a mi mantel de hule? Lo cierto es que lo ven. Claro que ven que estoy viejo y enfermo. Pero sé que también ven, al menos los que saben mirar, que sigo siendo el niño. El niño que corrió y corrió hasta tocar las manos de aquel viejo.


fuente: Facebook

sábado, 26 de enero de 2013

"Colorado, azul y blanco"

Por Juan Cruz Cabral (2004)

de Juan Cruz Cabral, el Sábado, 26 de enero de 2013 a la(s) 18:33 ·

Artículo publicado en la Revista SUDESTADA nº 15, Octubre de 2004.
(Es viejito, este artículo. Pero un amigo me lo pidió, y ahí va)



Jorge Abelardo Ramos, murió el 2 de octubre de 1994, hace ahora diez años. Fue el iniciador del revisionismo histórico socialista y el fundador y principal dirigente de la Izquierda Nacional, que apoyó al Peronismo desde un primer momento y durante toda su historia, confrontando decididamente con la izquierdita portuaria. En 1945 fundó, junto a militantes obreros e intelectuales, el Partido Socialista de la Revolución Nacional, que se colgó con orgullo la medalla de la proscripción junto al Peronismo, tras el golpe cívico-militar cipayo de 1955. El Colorado Ramos es aún hoy un referente primordial para la formación de nuestra conciencia histórica y uno de los pensadores “malditos” de nuestra tierra. Firmando como “Víctor Almagro”, compartió las páginas del diario “Democracia” con el columnista “Descartes”, que no era otra que Juan Perón. Obras de Ramos como “Revolución y Contrarrevolución en la Argentina”, “Historia de la Nación Latinoamericana”, “Historia Política del Ejército Argentino” y “El Marxismo de Indias”, son lectura prácticamente obligada para los cuadros militantes del Movimiento Nacional y Popular. Vaya en estas páginas el homenaje necesario al gran patriota argentino y latinoamericano.
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Existen múltiples maneras de homenajear a los grandes hombres, y aun a los pequeños. Pero en este caso, como hablamos no solamente de un teórico de la revolución nacional, sino también de un maestro y de un militante político incansable que formó a millares de luchadores, muchos de los cuales hoy ocupan puestos dirigentes en todas las provincias argentinas y en numerosas agrupaciones políticas que reconocen la figura de Ramos como formativa de sus identidades, voy a tomarme la licencia de mencionar algunos eventos, pocos, de mi propia vida, a partir de los cuales Abelardo Ramos influyó en mi formación hasta mi ingreso definitivo en el Peronismo. Más que vanidad o autorreferencia, se trata aquí de reconocimiento y también de agradecimiento.


La Patria incinerada

“Somos un país porque no pudimos integrar una nación y fuimos argentinos porque fracasamos en ser americanos. Aquí se encierra todo nuestro drama y la clave de la revolución que vendrá.”
Jorge Abelardo Ramos

La puerta de entrada estaba abierta. Daba a un largo pasillo que en el fondo, pasando el ascensor, tenía un incinerador. Mientras mi vieja iba y venía desde la biblioteca hasta el incinerador, el gato, que se llamaba Sandokán –como aquel héroe malayo de las novelas de Salgari que luchaba contra el colonialismo inglés–, desapareció. Todo era fragor en el viaje final de los libros y los discos peligrosos. Y mi abuelo, que había venido esa noche portando el augurio tenebroso del Golpe Criminal, de repente miró, desde adentro del pequeño departamento, hacia la pared, sobre la puerta de entrada. “Esto también”. “No, esto no.” “¡Esto también!” Y arrancó sin ceremonias la bandera azul, blanca y azul, cruzada con una franja roja, que presidía nuestra casa. La insignia de Artigas, símbolo de la Izquierda Nacional, desaparecía al fondo del pasillo, como Sandokán, como lo haría pronto el mismo incinerador, y tantas otras cosas...
Abelardo Ramos lideraba entonces, en 1976, el Frente de Izquierda Popular, que se había presentado a las elecciones de 1973 con la candidatura de Perón, pero con la consigna “Vote a Perón desde la Izquierda”. Aquella boleta cosechó 900 mil votos entre los cuales estuvo el de Arturo Jauretche.
La elección de la bandera artiguista no era azarosa ni caprichosa. Ramos había sido el primer teórico de la “cuestión nacional” latinoamericana, planteando que nuestro drama consistía en que conformábamos una de las partes escindidas de la Nación común, unida por lengua, territorio, historia e intereses, que quiso nacer en el siglo XIX pero resultó fragmentada por la acción de las oligarquías y burguesías comerciales locales en alianza con los imperios de la época; en nuestro caso particular, Inglaterra. Entonces, Artigas mismo era un símbolo, porque el caudillo del siglo XIX había luchado por la emancipación del Río de la Plata y por la unidad americana liderando en un momento la Banda Oriental (incluyendo parte del actual territorio brasileño), Entre Ríos, Corrientes, las Misiones, Santa Fe y Córdoba, en lo que se llamó la Liga Federal. Pero tras la derrota del federalismo nuestras Historias se escindieron por obra y gracia de los alquimistas liderados por Bartolomé Mitre. Y en Argentina se ignoró desde entonces a Artigas, por ser “uruguayo” y el Uruguay lo humilló colocándolo en el pedestal infamante de fundador de una patria cuya independencia, garantizada constitucionalmente por el imperio británico, representa su derrota histórica.
Así que elegir a Artigas y a su bandera significaba romper la insularidad argentina, entrando a la política de la Cuenca del Plata por la puerta ideológica del federalismo popular y revolucionario de un caudillo que no era uruguayo ni argentino, sino americano.

El regreso de Sandokán

“La culpa de todo esto la tiene Perón”
Margaret Thatcher

1982. Era 30 de marzo y yo no podía volver solo del colegio hasta mi casa porque la violencia se expandía por Buenos Aires.
La dictadura cívico-militar de Videla y Martínez de Hoz, regenteada entonces por Galtieri, reprimía salvajemente una manifestación de repudio organizada por la CGT. Cuando volvíamos mi hermano menor y yo, junto a mi madre, hacia el departamento a tres cuadras de la Plaza de Mayo, veíamos la represión desatada entre gases lacrimógenos contra los millares de peronistas que aún resistían a los palos de la Policía. De algún modo no constituía sorpresa. Recordaba los tanques del 24 de Marzo a la noche, en 1976, recorriendo las calles de mi barrio; y la huida a alguna casa familiar más segura que la propia. Y durante esos años conocí la voz de Perón, que sonaba en casa gracias a un disquito que había resultado inmune al incinerador y contenía el último discurso del General en la Plaza, aquél de “la más maravillosa música”.
Sólo tres días después el Ejército Argentino recuperaba las Islas Malvinas. Otra vez volvía del colegio, pero solo. Y el miedo me inundó en el colectivo al escuchar los cantos de multitud por la calle Lavalle. Pero no eran de rabia sino de júbilo. Y el mismo Pueblo del 30 de marzo los entonaba ahora. Habíamos recuperado de las garras del león británico las islas que nos pertenecían por derecho.
Todo cambió. Las radios se abrieron a la música nacional y al debate. Hasta en la clase de sexto grado se hablaba de cosas nuevas. Nunca fui extremadamente aplicado al estudio formal, así que cuando pidieron como tarea para el hogar un reportaje sobre cualquier tema a quien uno quisiera, familiar o amigo, yo elegí entrevistar a Ramos acerca de la Guerra de Malvinas. Los ingleses aún no habían partido con su flota a nuestro Sur y como dejé hasta último momento la tarea encomendada decidí la tarde anterior a la entrega del trabajo fraguar el reportaje de marras. Entonces desarrollé por boca de un Ramos imaginario la “teoría” de que los ingleses no se animarían a venir porque arriesgaban una escalada de violencia que podía llevar a una especie de “conflagración mundial” porque la Unión Soviética podría interceder de nuestro lado junto a otras grandes potencias militares e, incluso ¡junto al Japón! Birome verde: Sobresaliente. En efecto, era una idea que algunos delirantes barajaban, palabras más palabras menos, y excepción hecha de la ingenuidad propia de un pibe de 11 años. Recuerdo que, orgulloso, le mostré el trabajo con su respectiva calificación a mi viejo, que en el auto, rumbo a su casa, me dijo que estaba muy bien pero que no era tan así... Ese fin de semana, después de una larga reunión partidaria y probablemente tras una siesta con el cuerpo repartido entre dos sillas, el viejo nos llevó de regreso a casa de mi madre; Ramos vino con nosotros, seguramente para ir luego a alguna parrilla del Centro junto a los compañeros del FIP. En la puerta de calle, mi vieja consultó preocupadísima a un Ramos que se había bajado a saludarla. Y Ramos la tranquilizó: “¡Vienen a tirar!”.
Cuando la Dictadura se encontró enfrentada a la gran potencia –devaluada, pero gran potencia– convocó en una especie de consejo de guerra ad hoc a los representantes de todos los partidos políticos. En esas reuniones, los cerebros que después dirigirían la democracia de fin de siglo le decían a Galtieri que no había de qué preocuparse, que ahora venían 150 años de reclamos ingleses y que EEUU iba a ser por lo menos neutral porque el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca compensaba sus obligaciones con la OTAN... Sólo uno de los presentes advirtió en esas reuniones que suponer que las cosas serían tan fáciles era desconocer la naturaleza del imperialismo y que por ende había que jugar todas las cartas y concentrarse en la obtención de ayuda latinoamericana, única que obtendríamos, y en la expropiación de los bienes británicos en Argentina para resistir al inevitable contraataque inglés. Ese único hombre era Jorge Abelardo Ramos.

La Era del Peronismo

“Alguien dijo, una vez, que yo me fui de mi barrio.
¿Cuándo?
¿Pero cuándo?
¡Si siempre estoy llegando!”
Aníbal Troilo

Un mar de cabezas. Hasta el Cielo se ha puesto a llorar. 1974. 1º de julio. Ha muerto Juan Domingo Perón y mi viejo me lleva a sus exequias, multitudinarias. Imposible tener un recuerdo nítido con sólo 3 años de edad. Pero guardo una foto, una imagen cerebral imponente que inaugura en mi memoria la conciencia de la Patria dolorida. Imposible ver la multitud con sólo 3 años de edad. Por eso mi viejo me levanta sobre sus hombros y ahora sí: un mar de cabezas. Ha muerto Juan Domingo Perón. Y guardo en la retina aquella foto. De tan triste, la foto parece en blanco y negro.
En abril de 1981 cumplí 10 años. La Dictadura vive un período de relativo ablandamiento y Ramos reedita “La Era del Peronismo”. Ya no se trata de “bonapartismo” como en la primera edición de este último tomo de “Revolución y Contra…”, sino de una caracterización deseuropeizada, digamos; un reconocimiento de originalidad total hacia el gran movimiento nacional argentino del siglo XX. Otra vez en casa del Colorado, un fin de semana más con mi viejo. La casa, custodiada con convicción por un pastor alemán desde el patio externo, tiene en su interior un sinnúmero de ejemplares de La Era del Peronismo. Es la morada de un apasionado por la divulgación que se ha pasado toda su vida publicando libros propios o ajenos. Como fuera. Etapa tras etapa, Ramos impulsa editoriales, colecciones, revistas y periódicos. Encerrado con Jauretche, después de 1955, en una imprenta que se ha salvado de la libertad de prensa de los “libertadores”; insistiendo con vehemencia al editor Peña Lillo, héroe reconocido para los pensadores nacionales; enloqueciendo a los militantes que ya ni duermen, atados al mimeógrafo o a la imprenta; como fuera; el objetivo es publicar, publicar, publicar. Entonces la casa está repleta de libros fresquitos como pan caliente, blancos incluso. Y ahí estoy yo. Y el Colorado que autografía uno “para Juan Cruz Cabral, en su cumpleaños, cariñosamente” y me lo regala. Sigue hoy en mi biblioteca, todo subrayado y como en fascículos de una hoja cada uno, de tan desarmado. Ahí lo leí por primera vez, sin provecho alguno, pero más adelante se convertiría en el libro de consulta preferido acerca de la Gran Década y los años subsiguientes, signados por la figura de Perón.
Ramos era un marxista. Como tal, llegó a la comprensión de Perón y su movimiento por caminos “científicos” que aquí sería largo detallar y dejaremos para más adelante. Sólo digamos que ha habido en la Izquierda Nacional distraídos que creyeron que el partido revolucionario del proletariado argentino no llegó a desarrollarse por la personalidad “conflictiva” de Abelardo Ramos. Es pueril la afirmación. El siglo de las revoluciones socialistas fue también el de las revoluciones nacionales. Ramos lo comprendió, como todos en la Izquierda Nacional, y apoyó a la revolución concreta que se dio en la Argentina: El Peronismo, ese frente de clases antiimperialista que cualquier trotskysta consecuente debía apoyar. Aún cuando se propusiera “marchar separados y golpear juntos” para constituirse en la reserva socialista de una Revolución Nacional que pronto mostraría sus limitaciones. Pero la Izquierda Nacional no conformó el gran partido de masas que se proponía porque su tiempo fue el tiempo del Peronismo; y las masas eran peronistas, un poco como hoy, pero muchísimo más. En todo caso, Jorge Abelardo Ramos, el polemista temible, el editor incansable, el teórico contundente, pero sobre todo el conductor político más fructífero de la Izquierda Nacional, condujo la fuerza de izquierda auténticamente revolucionaria que más votos obtuvo en la historia argentina. Y a esa cima llegó, valga el ejemplo, cuando empalmó sus objetivos tácticos con el anhelo del Pueblo Argentino de ver a Perón otra vez presidiendo los destinos de la Patria.
En el ocaso de su vida, el Colorado iba a disolver su agrupación para que ingresara al Peronismo en pleno. Yo mismo me afilié en ese entonces al Partido Justicialista, el 17 de Octubre de 1994. En las distintas filas de las fuerzas provenientes de la vieja Izquierda Nacional hay detractores y defensores de esta decisión de Ramos. Unos y otros tendrán sus razones, como cabe a la política cuando se ama a la Patria –que eso sí los une–, pero esa es otra historia, que no rehuimos, pero que dejamos para más adelante.
Lo cierto es que Ramos fue “el último tatú carreta”, el sobreviviente final de una gran generación de pensadores que dio la Argentina en el siglo XX. Murió cuando se sentía “un pibe”, catorce días antes del acto público en que se afiliaría al Peronismo.
Ramos ha dejado como legado ideas que hoy están en la agenda política del siglo XXI: la necesidad de la unidad efectiva de la América Criolla; el cuestionamiento originario de la deuda externa; la advertencia acerca del peligro de la partidocratización de los movimientos populares, es decir de su cooptación por una visión formalista de la democracia.
Rindo mi homenaje, entonces, al luchador, al maestro y al amigo en la Patria.

Juan Cruz Cabral

 fuente: Face


sábado, 20 de octubre de 2012

2015: UNA CERTEZA


2015: UNA CERTEZA
(o Cristina, la Mujer del Destino)
Por Juan Cruz Cabral

Hablar de la sucesión presidencial en 2015 no sólo es “políticamente incorrecto” a los ojos de la mojigatería mediática y callejera, también es, hoy por hoy, un error político. De hecho, la maquinaria comunicacional está dispuesta a destrozar a cualquiera que levante la cabeza con miras al hito electoral venidero, que está lejos, en algún sentido, y a la vez cerca, si de tiempos históricos se trata. También es una pérdida de energía, sobre todo para una fuerza que está gobernando, e incluso para una oposición que no se articula en torno de ninguna idea capaz de ofrecer un futuro al Pueblo argentino.

Pero resulta un hecho que entre la militancia y el kirchnerismo de base existe cierta preocupación por las posibilidades de continuidad del proyecto nacional y popular en marcha.

Independientemente de la impertinencia de andar buscando sucesores a esta altura del partido, puede resultar útil indagar en las razones de la preocupación existente en el campo nacional, popular y democrático, o sea, revolucionario.

Ya lo hemos dicho: Néstor Kirchner y Cristina Fernández se elevaron a la conducción del Estado por una serie de circunstancias azarosas, más allá de la construcción política que habían realizado previamente con el Grupo Calafate, que, de hecho, aspiraba a disputar la Presidencia mucho después del 2003; como pronto, en 2007.

La vacancia dirigencial que permitió el ascenso de Néstor y Cristina persistió en gran medida durante todos estos años. De esa vacancia misma habían surgido el estallido del 2001 y su consigna de lucha devenida en escéptica: “que se vayan todos”. Esa crisis y esas Jornadas de Diciembre son, eso sí, un detonador de las circunstancias que posibilitan el arribo de Néstor a la Presidencia. Lo demás, la relegitimación de la política, fue obra del nuevo Gobierno.

El proceso revolucionario en paz que vive Argentina resultó simultáneo a otros similares en América del Sur, pero tiene una diferencia sustancial. Los casos de Venezuela, Bolivia y Ecuador se dieron en contraposición a la partidocracia dominante, rompiendo con todas las estructuras preexistentes. Han operado al modo clásico de los movimientos nacionales de liberación, como lo hizo aquí el Peronismo histórico, que emergió como alternativa novedosa frente a un sistema anquilosado en una dependencia nacional y una pauperización popular.

Pero, justamente, como la Argentina realizó una revolución nacional efectiva, aunque inconclusa, con un movimiento nacional a la cabeza, allá por 1945, nuestro proceso difiere de los otros regionales.

El repunte contemporáneo argentino se realizó en base a una conciencia política preexistente, fundada por el Peronismo. La etapa abierta tras la implosión del modelo neoliberal se basó en las fuerzas que habían resistido a la liberalización doctrinaria de los años ’90, pero el conservatismo pernicioso del aparato partidario seguía existiendo. Podría decirse que una importante porción del “peronismo” había derivado decayendo a posiciones tibias o abiertamente reaccionarias.
A pesar de que Kirchner y Cristina derrotaron en las urnas los intentos restauradores surgidos de las distintas variantes políticas y, sobre todo, de las provenientes del aparato pejotista, y a pesar de la rehabilitación del Peronismo por la vía de su reencauzamiento, no han surgido de entre las filas del frente conducido por Cristina referencias con potencialidad electoral. Ese frente es más amplio que el Peronismo, pero no puede pensarse a sí mismo sin tomar al Peronismo como eje, a tal punto que, incluso, la nueva militancia está fuertemente imbuida del imaginario simbólico peroniano.

La centrifugación del poder político producida por el liberalismo durante la etapa de la democracia formal posterior a la dictadura –también liberal– desembocó en una provincialización  de ese poder que se manifestó claramente en la debacle de Fernando de la Rúa y durante el gobierno de Eduardo A. Duhalde. A tal punto, que este último, finalmente, ofreció la candidatura oficialista, sucesivamente, a tres gobernadores: a Carlos Reutemann y a José Manuel De la Sota, que declinaron el ofrecimiento, y al único que se animó a ponerle el cascabel al gato: Néstor Kirchner.

Durante todo el período siguiente, hasta hoy, el stablishment ha intentado azuzar un supuesto federalismo para reflotar un sistema de poder condicionante para el Estado nacional, desde la rebelión sojera hasta las tentaciones mediáticas a los gobernadores para que despeguen del Frente nacional y generen un esquema de contrapoder destinado a una “unidad reaccionaria” del “peronismo” contra el gobierno de Cristina; a pesar de que hoy el Gobierno aplica un federalismo real, distributivo. Ya lo hemos dicho: las provincias federalizaron el Estado formalmente en 1880; políticamente, esa federalización existió en dos períodos: el de Perón y el de Néstor y Cristina. Porque federalismo no es autonomía plena provincial (disgregación) sino sometimiento de los intereses del comercio exterior a las necesidades del conjunto nacional. Hoy no gobierna Buenos Aires sino el Estado nacional, que impone políticas de protección del mercado interno y la industria, es decir políticas “nacionales y populares”. Exactamente lo contrario del programa unitario decimonónico, que atravesaría el siglo XX sin modificar su liberalismo económico ni su autoritarismo político, única forma de garantizar un programa que sólo contempla a las minorías privilegiadas.

Toda la operación destinada a obtener de entre los gobernadores de “origen PJ” una salida reaccionaria al actual proceso de liberación se basa en aquella debilidad mencionada: el Frente nacional conducido por Cristina (con eje en el Peronismo) no ha conseguido generar referencias electorales que garanticen la continuidad del proyecto nacional y popular.

Sin dudas, la decisión de la Conducción Estratégica de apurar un trasvasamiento generacional está íntimamente vinculada a este problema. El vicio partidocrático (el “peronismo” sistémico, encolumnado tras los poderes fácticos constituidos o temeroso de ellos) debe ser necesariamente neutralizado, puesto que es incapaz de sostener el actual frente nacional, toda vez que generaría un corrimiento del eje del poder y no podría sintetizar las fuerzas que sustentan el modelo político actual. Para contrarrestarlo se necesita a la nueva generación militante que empieza a hacer su experiencia en el manejo del Estado despojada de los vicios de la dirigencia noventista, una rémora posibilista y temerosa de la participación masiva que aun pervive en los pliegues de la política nacional y se manifiesta en la virulencia del ataque opositor (político y mediático) a la militancia juvenil.
Con claridad, Cristina visualiza este problema y apuesta a la incorporación masiva de la juventud a la gestión; seguramente profundizará esta política a la hora de definir las listas, en 2013. Así, también garantizará con mayor certeza la lealtad que va a necesitar a medida que se acerque el fin de su período constitucional.

El Frente nacional se encontrará en 2015 con una coyuntura histórica de gran trascendencia. Se juega ese año la continuidad del proyecto nacional y popular en marcha. Vislumbrar las posibilidades que se abren en esa instancia es difícil, pero no imposible.

Puede decirse que existen tres alternativas para ese año, y sólo tres.

En primer lugar, muchos en el Frente que sintetiza y conduce Cristina aspiran a que ella, en tanto Conducción Estratégica, conceda la búsqueda de una reelección.

Hay distintos signos para pensar que no es la alternativa que la Presidenta imagina. Además de la visión institucionalista que traslucen su gestión, su discurso y su historia política (digan lo que digan los “democráticos”), pueden citarse sus múltiples menciones elípticas sobre el tema, que hacen entrever una negativa a esa opción. O, simplemente, puede tenerse en cuenta la necesidad humana de hacer un alto en el camino, luego de tantas vicisitudes. También podría pensarse que la búsqueda de la (necesaria) reforma constitucional –conlleve o no la cláusula reeleccionista– es contradictoria con la inminente reforma de los códigos civil, comercial y penal, que resultarían caducos al día siguiente de la aprobación del nuevo texto constitucional, salvo que se buscara una reforma acotada sólo a la reelección, cosa difícil de realizar con los consensos necesarios para llegar a la declaración parlamentaria que la Constitución actual prevé para ser reformada, porque es improbable que las otras fuerzas políticas aporten sus votos para una reforma que los excluye sí o sí (voto mediante, lógicamente, cosa que nunca hay que olvidar) del próximo período presidencial.

La oposición teme a esta alternativa de una manera patética y levanta un hiperconstitucionalismo fetichista para contrarrestar esta posibilidad que pende como una espada de Damocles sobre sus deseos de reemplazar a Cristina y restaurar el orden neoliberal. Hay una sorda lucha entre la amenaza de la reelección y la necesidad opositora de aventar ese fantasma para apurar el inicio del desempoderamiento de la Presidenta. La necesidad de modificar la Constitución para reformular el sistema político, social y económico es otro cantar, de modo que no la abordaremos aquí.

De todos modos, nada excluye que, ante la dificultad para encontrar una jefatura que sintetice el frente que Cristina conduce hoy, el clamor popular incline a la Presidenta a buscar un nuevo mandato. Eso garantizaría la continuidad del proyecto, al sostener a la Conducción Estratégica en el comando del Gobierno nacional.

En segundo lugar, en caso de desecharse la posibilidad de reelegir a la Presidenta, el Frente nacional deberá aspirar a tener un candidato que contenga sus partes constitutivas. Para contenerlas, deberá tener la venia, la bendición de Cristina. No nos alarmemos si decimos que sería un verdadero “delfín”, puesto que es Cristina la que sintetiza al movimiento nacional. Al ser ella la Conducción Estratégica de este Frente, sus partes esperarán, sin dudas, la señal que dé y se abroquelarán en torno a su candidato. Luego se verá si ese “delfín” se constituye en nueva conducción estratégica o no. Podrá ser Conducción Táctica, al menos mientras responda a las expectativas populares de continuar un proyecto que hoy sólo parece garantizar Cristina. La historia argentina tiene dos casos similares en tiempos de estabilidad institucional: el de Roca y el de Yrigoyen. Ambos retornaron a la Presidencia luego de interregnos en los cuales fueron los “grandes electores”. Roca en beneficio de Juárez Celman-Pellegrini y Roque Sáenz Peña-Uriburu; Yrigoyen dejando su lugar a Alvear. Quedan algo menos de tres años para forjar esa figura capaz de imponer un triunfo electoral. Luego la historia dirá, pero en un principio Cristina continuará detentando la Conducción Estratégica.

En tercer lugar, cabe la posibilidad de que el Peronismo del Siglo XXI no consiga conservar el poder, ya sea por un cambio sustancial de las condiciones objetivas y/o subjetivas, ya porque, sin la candidatura de Cristina, el “delfín” sea derrotado en las primarias o en las elecciones generales. En este caso, el corrimiento del eje del poder es inevitable, sobre todo si tenemos en cuenta la voluntad reaccionaria de aquellos que se ofrecen como “alternativa” al Proyecto Nacional y Popular. Tal la caracterización que cabe tanto a las fuerzas de oposición ajenas al tronco peronista como a las opciones que ofrece el poder territorial de las provincias cuyos gobernadores aspiran a suceder a Cristina.

Si se diera esta opción, naturalmente el punto de acumulación del Movimiento Nacional se establecería en su Conducción Estratégica verificada: Cristina Fernández de Kirchner. En torno suyo habría que articular la estrategia de retorno al poder que la Patria necesitará para retomar el camino de justicia, soberanía e independencia. Una situación análoga a la del período de la Resistencia Peronista. Como ha dicho el compañero Joaquín Labarta, Calafate podría ser Puerta de Hierro, sólo que no quedaría en España sino en la Patagonia, lo que implicará una mayor fortaleza. Los gorilas deberían lidiar con un Peronismo cuyo líder estaría en la Argentina, en condiciones de reorganizar un Frente nacional que pronto se revelaría necesario a los ojos del Pueblo argentino.


Como vemos, más que incertidumbre, tenemos por delante un panorama preciso, fruto de años de coherencia y disposición a la lucha: en cualquier escenario puede aspirarse a conservar una Conducción Estratégica nítida que asegure la continuidad del Movimiento Nacional. Por mucho tiempo, no podrá invisibilizarse a la gran fuerza de transformación social que encarna el verdadero Peronismo, aquel que –dispuesto a aglutinar las distintas vertientes del campo nacional y popular– concentra la voluntad de los que sólo tienen futuro mientras la Patria lo tenga; el Peronismo dispuesto a aunar, motorizar y conducir a los argentinos que tienen su destino atado al desarrollo de las potencialidades nacionales; el Peronismo que no arría los principios de Justicia Social, Soberanía Política e Independencia Económica; el que iza las banderas del Nacionalismo Cultural y la Unidad de Nuestra América. El Peronismo que amplía derechos porque recupera y amplía espacios de una soberanía fundada en el Pueblo. Porque para el Peronismo la ética primordial del poder se sustenta en la Soberanía Popular.

Nuestra única preocupación, nuestra tarea militante, será consolidar la unidad y la organización del Movimiento Nacional y Popular. Porque existe un imperativo estratégico: preservar y fortificar a la Conducción Estratégica. La solidaridad será la virtud que haga posible cumplir estos objetivos.
Habrá que exigir coherencia por un lado y, por otro, no caer en sectarismos, si queremos fortalecer el Frente nacional.
Habrá que organizar lo que Cristina conduce y multiplicar la participación popular todos los días; juntar masa crítica para las duras peleas que vienen. Porque “los ellos” intentarán (ya comenzaron) debilitar las dos puntas del proceso político que se avecina (y que también comenzó): a Cristina y a la generación que será depositaria del trasvasamiento generacional.

La Presidenta, nuestra Conductora, nos pide “unidad, organización y solidaridad”. Efectivamente, cada generación tiene un mandato: y lo cumple o lo traiciona. Pues bien, tenemos la mitad de la batalla ganada: ¡hemos decidido cumplirlo!

fuente: FACEBOOK

lunes, 15 de octubre de 2012

Continente Mestizo (Por Juan Cruz Cabral, febrero de 2001; Sudestada nº 5)

Una vieja nota, a propósito del 12 de octubre.

de Juan Cruz Cabral, el El jueves, 11 de octubre de 2012 a la(s) 13:12 ·
Poética de la Política (un prólogo)

Las distintas ciencias, técnicas, o presupuestos del conocimiento, se proponen habitualmente darnos una explicación "verdadera" sobre el mundo que nos rodea. Y como la raza humana se ha mostrado siempre favorable a dividir y subdividir todas las cosas que se ponían a su alcance (no sólo las cosas físicas, sino también las lógicas), estas "artes" han hecho de las distinciones y clasificaciones, prácticamente, un modus vivendi. Así, por ejemplo, la Biología distingue, dentro del género de los mamíferos, a la especie "humana" de la "vacuna". La Filosofía separa a la especie "animal racional", dentro del género de los animales. Este género de la "raza humana", "humanos" o "animales racionales", puede ser dividido por la Economía en "ricos" y "pobres", lo hace separando a los hombres que disponen de una gran cantidad de bienes materiales (ya sean de consumo, de producción o suntuarios) de aquellos hombres que no poseen siquiera los bienes de consumo necesarios para la salud del cuerpo. La Sociología y la Economía Política pueden distinguir entre los trabajadores y los burgueses o capitalistas, según ofrezcan en el "mercado" su fuerza de trabajo o su capital. Siguiendo con las clasificaciones, la Ciencia Política distingue entre los países centrales, dominantes, colonialistas o imperialistas y los países periféricos, dominados, subdesarrollados, colonizados, explotados, humillados, etc.(el adjetivo que se elija dependerá, y será prueba, de la escuela política a la que se pertenece). Y dentro de esta última especie podemos distinguir a los pueblos dignos, que se enfrentan a esa explotación a sus explotadores, de aquellos que toleran mansamente la injusticia. Es probable que esta última distinción no pertenezca tanto a la Política como a la Épica o a la Poesía, pero no vemos que haya mayor inconveniente en ello. Los que impugnan a la Poesía como fuente o presupuesto del conocimiento, son clasificados por ésta en el grupo de los tristes, y la técnica de la Metáfora, apoyada en la ciencia médica los clasificará en el grupo de los "clínicamente muertos", aunque ellos juren pertenecer a la casta de los científicos, desde que hoy en día, la ciencia es sólo el conjunto de unas pocas artes a las que se las autoriza a hablar en su nombre. Los que vemos a la política como "materia viva", nos hemos rebelado siempre contra ésta tiranía, que alguna vez pareció imparable, del lenguaje científico aplicado a la política; habitualmente utilizados por los que el mero Sentido Común llamaría idiotas. Así y todo, pagamos nuestro tributo al "pensamiento científico" publicando esta introducción y el artículo que sigue.

Manuel Gauna



¿Falta de identidad?
Los indios somos nosotros.
Los godos somos nosotros.
Los criollos somos nosotros.
Los morenos somos nosotros.
Los gringos somos nosotros.
A la final, ¡nos sobra identidad!

Fermín Chávez


CONTINENTE MESTIZO

El acontecimiento fundacional de nuestra Historia es, indudablemente, la llegada de los españoles al continente. No existe otro punto de partida para intentar la comprensión de nuestra patria, pues a partir de allí se forja nuestra idiosincracia política, religiosa, cultural, artística, idiomática, etc. Por eso, es en ese momento donde hay que poner el ojo para desentrañar nuestro “ser nacional”. Pero existen tres posiciones disímiles respecto de la Conquista de América por España y la realidad cultural de nuestro continente. 

La primera de ellas rinde culto a la acción evangelizadora de España en estos lares y a su operatividad “civilizadora”. Supone esta corriente que las culturas americanas eran “la barbarie” y ni siquiera tienen en cuenta la justicia o no de la destrucción de dichas culturas, realizada por los adelantados y los eclesiásticos que acaudillaban la Conquista. Tampoco se les plantea a los sostenedores de esta tesis, que llamaremos “Hispanista-católica”, ningún juicio de valor acerca de la política imperialista de España y sus adelantados, pues se justificaría por el hecho de traer consigo la religión cristiana y sacar a los americanos de la oscuridad idolátrica. En este marco teórico y político, los adscriptos a la tesis Hispanista-católica ven a la “argentinidad” (palabra que les resulta simpática) como un modo de ser católico, apostólico y romano, lo cual no hace referencia únicamente a una cuestión religiosa, sino que nos otorgaría chapa de “occidentales”.

Se opuso a esta opinión clásica una corriente que denunció los atropellos y atrocidades propios de la Conquista: la destrucción de templos, monumentos y ciudades, los autos de fe (quemas) contra los registros culturales (mitos, leyendas, ciencias), tales como las quemas de los quipus incaicos, por ejemplo, la destrucción de piezas artísticas y religiosas para fundir su oro o su plata, que eran derivadas a Europa (no se capitalizó España por este saqueo ni por la explotación minera en América, sino otros países europeos a los que España compraba manufacturas), la esclavitud a que se sometió a los pueblos americanos, etc.

Esta corriente destaca permanentemente el alto nivel de desarrollo cultural de las grandes civilizaciones “precolombinas”. Ya algunos revolucionarios de 1810 bosquejaron esta tesis como herramienta antiespañola, en una época de atizamiento de los sentimientos contra la metrópoli colonial, pero no porque renegaran de su identidad cultural, sino más bien porque sólo encendiendo las pasiones del criollo que vivía raleado de las decisiones fundamentales de la administración pública en la tierra donde había nacido y moriría, y a la cual amaba, podía enfrentarse a la metrópoli colonial que producía esa discriminación intrínsecamente injusta, tal cual lo percibió toda la América española durante más de un siglo de revoluciones y guerras de independencia.

Inglaterra, que iba a usufructuar económicamente la independencia americana, también promovía estos sentimientos, publicando la “leyenda negra” española, que consistía justamente en difundir las miserias del dominio hispano-católico sobre nuestro continente. La historiografía oficial argentina se haría eco de esa leyenda para fortalecer la idea de que lo español significaba “barbarie” y lo inglés, doctrinas liberales incluidas, “civilización”.
Ya en el siglo XX, aparecieron sostenedores de esta tesis que promovían reclamos de independencia territorial para las comunidades indígenas. Incluso indican que habría que celebrar el 11 de octubre por ser el último día de libertad de América. No dudamos en denominar a esta tesis como “Indigenista”.
Evidentemente, la tesis indigenista funciona, en realidad, como antítesis de la hispanista-católica.

Una tercera corriente, rescata distintos aspectos “históricamente positivos” de la Conquista. En primer lugar, llama la atención sobre la relativa “suavidad” hispana respecto de las restantes colonizaciones europeas, que fueron mucho más violentas, sin lugar a dudas. Resalta, sobre todo, el hecho del “mestizaje” producido en América, único en la historia colonial europea. También pone el acento en que, por acción de la Historia, las grandes masas mestizas e indias son hoy profundamente católicas, por más violencia que haya habido al momento de la insuflación de dicha religiosidad, hace quinientos años; estos son puntos de contacto con la tesis hispanista-católica.

Por otra parte, los sostenedores de esta tesis reivindican los derechos de los pueblos aborígenes, pero desde un punto de vista social, de clase, y no étnico, ni nacional. Participan también de la admiración por las culturas americanas y condenan las atrocidades españolas, en tanto impidieron un mejor conocimiento  histórico de los pueblos americanos y en tanto resultan inaceptables a toda persona sensible a las injusticias y a la opresión de un pueblo por otro; en esto entra esta tesis en contacto con la indigenista. La mayor elaboración de esta corriente hizo incluir en el mestizaje a la raza negra, con lo cual empezó a hablarse de América como continente en que se encuentran tres mundos. Llamaremos pues a ésta: tesis del “Continente Mestizo”.

Podemos ver ahora que las tres corrientes funcionan de un modo “hegeliano”, estructurándose de la siguiente manera:
Tesis: Hispanista-católica
Antítesis: Indigenista
Síntesis: Continente Mestizo

Ahora bien: esta es una discusión eminentemente americana , y como tal debe ser tartada. Para lo cual vamos a tomar primero algunas posiciones acerca de la “Cuestión Nacional Latinoamericana”, fundamentalmente en nuestro país, simplemente para acotar el espectro y no diluir demasiado la discusión, y poner el dedo en nuestra propia llaga.

Evidentemente, la etapa colonial preconizaba públicamente la tesis hispanista-católica. Pero con la revolución surgirían, al calor de los combates, dos líneas originales de pensamiento. Las nombraremos, sin pretender que estas denominaciones sean taxativas y sabiendo que pueden no ser quizás las más correctas, e invitando a otros a reformularlas si lo consideraran necesario:
“Nacionalismo revolucionario”: Artigas, San Martín y Bolívar fueron sus cabezas más destacadas. La idea principal la plasmó San Martín al sostener que él no pertenecía a ningún partido, sino al “partido americano”, con lo cual se significaba que no interesaban las rencillas regionales, sino la tarea común de liberar el continente, al cual se lo veía como un todo indivisible, más allá de las dificultades comunicacionales y organizativas que el propio Bolívar advirtió en virtud de la enorme extensión territorial que  comprende y la precariedad de las comunicaciones terrestres de la época, lo cual no obstó a que expresara que era “una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación”. Agregaba Bolívar que “ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión debería (...) tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse...” Artigas decía que plantear la “libertad de América” era su “único anhelo” y lo reafirmaba con aquello de que “los pueblos de la América del Sur están íntimamente unidos por vínculos de naturaleza e intereses recíprocos”. Es decir, el nacionalismo de estos hombres era americano, ideal que compartía gran parte de los revolucionarios de América.

Pero los intereses económicos de las grandes ciudades fueron oponiéndose a este proyecto. Generalmente vinculadas al comercio exterior, también en virtud de los siglos en que España había organizado las colonias como fuente de transferencia pura de recursos a la metrópoli, las capitales virreinales centraron su política en un esquema que marginaba al interior del continente de toda decisión y todo desarrollo. Estos grupos portuarios de poder son los que salieron airosos del enfrentamiento entre las dos concepciones de la Revolución y como emblema mencionemos que Bolívar murió solo y enfermo, camino del exilio, San Martín de viejo en la lejana “Boloña-sobre-el-mar” (intentó volver en una ocasión pero los rivadavianos impidieron que desembarcara) y Artigas solo y vencido, recluido en el Paraguay.

Si Bolívar, San Martín y Artigas iban uniendo pueblos, los egoísmos regionales destruían esa obra y, así, la América Hispana terminó conteniendo dos decenas de supuestas soberanías, asentadas sobre las poderosas ex-capitales virreinales, en la mayoría de los casos, todo gracias a lo que llamaremos:
“Nacionalismo de capilla”: en nuestra región, su máximo exponente en la etapa revolucionaria fue Rivadavia, que sostenía abiertamente que lo que “convenía” a Buenos Aires era “replegarse sobre sí misma”. Así, justificaría el abandono que hizo la ciudad-puerto al Ejército Libertador, negándole fondos para los sueldos de la tropa y dejando a San Martín aislado en el Perú. Mientras los libertadores preparaban el tiro de gracia a las tropas realistas, Rivadavia se dedicaba a atosigar al único gran jefe popular y nacional latinoamericano que tenía cerca: Artigas. Su proyecto de “nación” (el de Rivadavia) miraba a Europa, de espaldas al interior rioplatense. El único “sentido estratégico” que se daba a la política era el dictado desde Londres, que deseaba depositar en América las heces digeridas en sus fábricas. Para eso, había que ahogar al interior, cuyos lazos con el continente cuestionaban la posibilidad de Buenos Aires de construirse para sí un poder centrípeto, es decir, unitario. Y aquí encontramos las bases de las dos tendencias antagónicas argentinas:
Unitarios y federales no se distinguían únicamente por una concepción propia de la ciencia política en cuanto a la forma del gobierno central. En realidad eso era secundario, si no fuera por la vocación hegemónica de Buenos Aires y los rivadavianos. El centro era, en realidad, económico. Lo que se discutía era el grado de proteccionismo a adoptar: para los unitarios, nada; para los federales, lo más posible, según la región. Y a éstos no se les escapaba que para “proteger” nuestras economías nacientes era menester desarrollar un poder político americano con cierto grado de compromiso institucional en miras a la unidad.

Tan poco importante era el sistema político (federal o unitario) que mientras los federales predominaron política y militarmente en nuestro territorio, otorgaron a Rosas, gobernador bonaerense, la dirección de las líneas políticas fundamentales del exvirreinato. Y cuando los unitarios llegaron al poder reclamaban, de la mano de Mitre, garantías de federalismo, para que se respetasen los intereses de Buenos Aires, mientras aseguraban su poder omnímodo sobre las provincias.

Actualmente, estos dos “partidos” sobreviven, pero existe un tercero que nació como subproducto de nuestra tragicómica deformación histórica y cultural. Como queda dicho, el nacionalismo de capilla es, por definición, aliado de las potencias coloniales-imperialistas, pues su pretendido nacionalismo no es más que un instrumento para no compartir los dividendos que le otorgaba la metrópoli dominante, que se ocupaba (y se ocupa), sistemáticamente, de  fomentar nuestras rivalidades internas mediante la diplomacia y la prensa, haciendo honor a la vieja máxima de los romanos: divide et impera, o sea, divide y reinarás.

A expensas de estos grandes aliados internos del opresor, creció y se desarrolló una nueva clase, menos conservadora por tradición, pero tributaria de la clase dominante, a la cual debía su bienestar y hasta su existencia. Era la pujante clase media porteña, nacida de las necesidades administrativas y culturales de un Estado que depositaba las riquezas de toda la Argentina en... la ciudad argentina más cercana a Inglaterra: Buenos Aires.
Esta nueva clase, decíamos, fue menos conservadora, por su propia dinámica de ascenso social. Iba tiñéndose, poco a poco, de un cierto “progresismo”, que la hace llegar, aunque casi siempre tarde y a destiempo, a posiciones “más nacionales”. Y una de esas posiciones es su:
“Latinoamericanismo retórico”: los integrantes más representativos del pensamiento de este sector sociocultural simpatizan con “nuestros países hermanos”, pero la unidad de Iberoamérica les parece algo “utópico”, que es como decir que ni siquiera vale la pena intentarlo; o bien le dan una importancia secundaria; o atacan abiertamente todo acercamiento concreto entre nuestros gobiernos, sin hacer la defensa que habría de esperarse de quien actúa de buena fe patriótica.

Si los nacionalistas de capilla viven recordando conflictos limítrofes (de cuya existencia nos enteramos todos en la escuela) o problemas arancelarios, cuestionan la inmigración de americanos (por clasistas más que por nacionalistas) y están convencidos de que es más una hipótesis de conflicto “Hielos Continentales” que “Malvinas” (contra los chilenos sí, contra los ingleses no), los “latinoamericanistas retóricos” se hacen eco de todas sus campañas de opinión... Recuerdo ahora, por ejemplo, la indignación de la “opinión pública-publicada” a raíz del hallazgo de un libro escolar chileno que mostraba a la Patagonia argentina como chilena. La noticia fue primera plana de un diario porteño y la “levantaron” numerosos medios audiovisuales. Lo que nadie explicaba era que dicho mapa representaba la época colonial y mostraba la jurisdicción de  lo que se conoció hasta fines del siglo XVIII como “Reino de Chile”, que ¡efectivamente! incluía a la Patagonia actualmente argentina, además del Cuyo, por disposición de la mismísima España imperial. El Virreinato del Río de la Plata no se fundaría sino hasta 1776... ¡Bellezas de nuestra prensa bien amada!

Toda esta campaña de enfrentamiento sucedía mientras Argentina y Chile avanzaban en la solución de su último conflicto limítrofe: los Hielos Continentales. Recomendamos abrir bien los ojos cada vez que aparecen este tipo de noticias.

Porque el “nacionalismo revolucionario” está actualmente en silenciosa expansión y eso no le gusta ni un poquito a ni a los nacionalistas de capilla ni a los latinoamericanistas retóricos. Por el camino de los aranceles va intentando acercarse a lo que debería ser su objetivo prioritario, con marchas y contramarchas, pero muy movilizado, a tal punto que, días atrás, el presidente venezolano, Hugo Chávez, quien motoriza la integración entre el Mercosur y el Pacto Andino, afirmó que es necesario avanzar hacia una unidad de tipo político-institucional en Sudamérica.

Seguramente nos falten más presidentes en latinoamérica tan decididos como Chávez, pero es indudable que no hay camino como no sea el del nacionalismo revolucionario latinoamericano, pues no son viables nuestros países sin su unidad, porque cuando se levanta una cabeza alcanza un zapato para pisarla, cuando se levantan dos se les salta encima, pero cuando se levantan todas juntas los pies de un enemigo resultan ser pocos. Para hacer la Justicia Social es necesaria la Independencia Económica, y ésta es imposible sin la unión latinoamericana, que permitirá enfrentar a los poderosos intereses de los cuales son deudores nuestros países y a los cuales está históricamente aliado un sector importante de nuestra sociedad que suele engañar con su propaganda a los argentinos que desconocen su historia y no tienen la misteriosa habilidad de intuirla, como sí lo hacen las mayorías populares. Debemos convencernos de que nuestras “soberanías” son absolutamente antinaturales porque dividen, insólitamente, un único pueblo, una única nación que comparte religión, cultura, historia e intereses.

Establecidas las diferencias entre estas dos grandes corrientes respecto de la cuestión nacional, corresponde ahora relacionarlas con las tres tesis sobre nuestra identidad étnico-cultural.

a)     Tesis Hispanista-católica: no sirve al objetivo de unidad porque, si bien resalta el catolicismo común a todos nuestros países, desprecia todas las inmigraciones posteriores a la colonización española y finge ignorar la realidad acrisolada de nuestro tenor racial, así como también niega lo criollo en nuestro pasado heroico poniendo el acento en lo hidalgo, lo cual la lleva a despreciar los vínculos profundos que unen a nuestros paisanos del interior con los de los países vecinos, porque en el fondo son clasistas y su hispanismo esconde una añoranza de los blasones abolidos por la Revolución de Mayo, un orgullo racial blanco, un desprecio por el indio, que se tradujo más tarde en el odio al “cabecita negra”. Los nacionalistas de capilla, pues, por afinidad ideológica, lo declamen o no, suscriben a esta tesis.

b)    Tesis indigenista: sería imposible fundar la unidad continental con quienes han llegado a proponer la creación de nuevos estados indígenas en América (tal como lo hizo el Partido Comunista cuando declaró la necesidad de erigir las repúblicas quechua y aymara en la región argentino-boliviana, el viejo Alto Perú); tampoco si, en lugar de promover la integración de las comunidades indias, se fomenta su segregación por medio del enfrentamiento con “el hombre blanco” y de su reclusión en reservaciones como si fueran una fauna (o una flora, por qué no) en peligro de extinción a la que se quiere aislar de la dinámica histórica americana (aun manteniendo sus pautas culturales en la medida en que lo deseen, deben tener acceso a los beneficios que puedan darles nuestros Estados, y eso deben hacerlo sin los tutores rubios que celebran el 11 de octubre). Todos los “latinoamericanistas” que hablan de los indios americanos actuales como si fueran personajes del Discovery Channel y no “conciudadanos” tan argentinos, en nuestro caso, como el señor que vive en la esquina de su casa, son indigenistas que no soportarían perder a los protagonistas de sus documentales favoritos y por eso quieren la independencia territorial mapuche, por ejemplo, como si la comunidad mapuche fuera capaz de defender su independencia por sí sola respecto de los poderes que interactúen con ella. Es ésta una ideología perfectamente identificable, generalmente asimilada a las “izquierdas” políticas propulsoras en uno u otro tiempo de esas esciciones. Si el lector incursiona en la televisión encontrará asiduamente “pensadores” con este fondillo doctrinario. Mal puede un latinoamericanista profundo aceptar la subdivisión y cercenamiento de las ya vapuleadas repúblicas de Iberoamérica. El indigenismo es propio del latinoamericanismo retórico.

c)     Tesis del continente mestizo: pone de relieve justamente la acción unificadora de la Conquista y de la evangelización, con lo cual empieza por reconocer el carácter homogéneamente cristiano de nuestras masas populares y su origen común; hace notar que el verdadero enemigo no está en la raza ni en la religión o la falta de ella, sino específicamente en los que intentaron minar la unidad territorial y la homogeneidad religiosa, es decir, el imperialismo inglés que promovió la Leyenda Negra de Bartolomé de las Casas para debilitar el predominio español en América y explotar la independencia americana por el comercio exterior apoyándose en la acción diplómática para dividir y debilitar al mundo criollo; y luego el imperialismo norteamericano que repite la enseñanza de su madre patria y la lleva a su máxima expresión con el dominio de los medios de comunicación y las políticas financieras. Todo empezó con aquella Leyenda Negra que omitía aclarar que el colonialismo español había sido casi ingenuo si se lo comparaba con el sistema negrero y con la explotación de otros pueblos del luego llamado “Tercer Mundo”; podríamos agregar la comparación con las humillaciones que debieron sufrir India y China en este mismo siglo XX, la última en manos de casi toda Europa (no de España), o con la persecución sistemática de sioux, apaches y todos las tribus norteamericanas (ya lo dice el famoso refrán yanqui: “El mejor indio es el indio muerto”); esta tesis destaca la mezcla de españoles e indios (hecho único en la historia moderna), la mezcla con los negros, con los europeos que huyeron de la miseria, las guerras y las persecuciones de estos últimos cien años, y la mezcla con los asiáticos. En nuestro continente, el que no está mestizado convive diariamente con la “impureza racial”. Porque nosotros provenimos de todas esas mezclas. Por eso el nacionalismo revolucionario sostiene la tesis del continente mestizo, porque así como los revolucionarios del siglo pasado entendían que todas las castas estaban comprendidas en el proceso de independencia, hoy los nacionalistas latinoamericanos incluyen en su proyecto a todas las clases, toda vez que la cuestión racial se ha vuelto imprecisa. No hace falta decir que esta es la posición que suscribimos.

Hoy en día, la tesis más difundida por la propaganda mediáica es la indigenista. El aparato cultural suscribe a ella. Si, antiguamente, la cátedra universitaria sostenía la tesis hispanista-católica, hoy eso es imposible en virtud de sus implicancias netamente conservadoras y de la derrota en el plano mediático de toda doctrina religiosa, amén de la ya tradicional enseñanza de que nuestro origen hispano es una mácula vergonzante para nuestra identidad.
Así que la generalidad ideológica accesible por los grandes medios de difusión se ve claramente como indigenista.

¿Pero por qué no tiene acceso a la publicidad la tesis del continente mestizo?

Es que si bien la tesis hispanista-católica parece olvidar a las masas aborígenes americanas y africanas y la indigenista ignora la religiosidad popular de esas masas, ambas son funcionales a la colonización pedagógica, porque los hispanistas-católicos y los indigenistas, los nacionalistas de capilla y los latinoamericanistas retóricos juegan para el mismo equipo: el de la división y la incomprensión entre nuestros pueblos. En el otro arco está la América profunda y mestizada, desde México hasta Ushuaia, que juega con más de 11 pero no logra imponer su superioridad numérica, porque el referí la bombea grotescamente... Ese referí es el centro del poder mundial en sus variantes económicas, culturales, políticas y militares, cada vez que hace falta sacar una tarjeta para desplazar de la cancha a los líderes que hacen los goles, desde el artillero artigas hasta el Perón de la mano de Dios y el gol a los ingleses...

Si queremos la unidad de América Latina, debemos evidenciar los factores que la hacen posible y las causas que la hacen necesaria, es imprescindible vestir esa camiseta y transpirarla.

Puesto que el centro de tracción desamericanizante es Buenos Aires, propongamos a cada porteño el siguiente viaje:
De Buenos Aires vaya a Mendoza y de allí a Chile; escuche observe, converse. “Suba” hasta Atacama y cruce a Bolivia, de allí reingrese a la Argentina por Jujuy; recuerde sus etapas anteriores y escuche, observe, converse. Vaya de Formosa a Paraguay, de Paraguay al Chaco brasilero y reingrese por las cataratas; haga el mismo ejercicio. Visite Entre Ríos, cruce el Río Uruguay; observe, escuche, converse. Conozca ahora Montevideo y su gente y cruce el charco de retorno a su hogar; ahora piense... ¿De qué están hechas las fronteras?

Juan Cruz Cabral


Viejo afiche de cuando se conformó la Unión Sudamericana
 
fuente: Facebook