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lo que defiendo, lo que muchos defendemos, no es un nacionalismo pelotudo... sino un par de ideas, resignificadas hoy, libertad e igualdad... ideas profundamente mestizas aquí en Abya Yala, y aunque respeto toda otra posición cultural-política, creo, sinceramente, que es desde esta Gran Tierra, unidos, en comunidad, aceptando profundamente nuestra realidad mestiza -el uno- es que el Abya Yala florecerá... y que todos los enormes esfuerzos de Occidente por destruirnos, por separarnos, por vulnerarnos y conquistarnos, demostrarán inversamente la magnificencia de nuestra sonrisa, de nuestro futuro... por los Padres Libertadores del Pasado, Por los Hermanos Libertadores de Hoy, por Nosotros y los que Vienen... SUMAQ KAWSAY!... y eso tal vez parezca anárquico...pero tal vez esta anarquía sea un nuevo orden... opuesto al actual, sin dejar de reconocer lo alcanzado... por todos...
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lunes, 18 de marzo de 2013

Perón y los judíos



Raanan Rein historiador israelí que desmitifica la relación de Perón con la comunidad judía. Se doctoró en Historia en la Universidad de Tel Aviv, pero se dedica a investigar el peronismo y, particularmente, su relación con los argentinos judíos. Raanan Rein dice que hubo mucha exageración en la imagen de la Argentina como “el” refugio para los nazis. Y demuestra cómo se construyó la idea del supuesto antisemitismo del primer peronismo.
Por Verónica Engler
Para Página12 en agosto de 2009
-¿Qué lo llevó, como historiador israelí que se desempeña en una universidad hebrea, a interesarse por América latina y especialmente por Argentina, para luego focalizar en el fenómeno del peronismo?
-En realidad yo empecé a trabajar sobre la historia de España, no de América latina, y bajo la influencia de un profesor mío trabajé mucho sobre la dictadura franquista. Y cuando tuve que elegir tema para mi tesis doctoral, opté por la relaciones entre España y Argentina durante la década peronista. Para hacer esto fuimos a España y estuvimos ahí por un año trabajando en distintos archivos y centros de documentación, luego vinimos a Buenos Aires, y también acá nos quedamos un año.
Cuando llegué a Buenos Aires de inmediato me enganché con la sociedad argentina, que me pareció tan fascinante. Pero si le pregunta a mi esposa, que ella nació aquí, en Villa Crespo (el barrio donde tuvo lugar la entrevista), ella va a decir que bajo su influencia yo decidí dedicarme a temas argentinos. Imagino que algo de eso también está. Pero sobre todo yo decidí trabajar sobre la historia argentina por curiosidad intelectual, porque esta sociedad de inmigrantes, que siempre está en búsqueda de su identidad colectiva, me fascinó. Y como yo decidí trabajar sobre la segunda mitad del siglo XX, era casi imprescindible estudiar el fenómeno peronista.
-Hoy, luego de dos décadas de investigaciones, ¿qué sabe acerca del peronismo?
-Hoy me queda mucho más claro lo heterogéneo que fue este fenómeno. Me queda claro que ya no podemos manejar falsas dicotomías, y que para entender el peronismo hay que comprender la dimensión social y cultural de este fenómeno. Si uno analiza la producción historiográfica acerca del peronismo, lo que va a notar es un cambio desde trabajos que se centraron en explicaciones estructurales acerca del porqué, de cómo surgió el peronismo y qué clase de apoyo tenía. Pero los estudios de los últimos años intentan descifrar lo cotidiano, cuál fue la vida diaria bajo el régimen peronista, distintos aspectos sociales y culturales. Cuando uno se acerca a estos aspectos, queda muy claro que muchos de los estereotipos acerca del peronismo son, si no falsos, por lo menos exagerados o distorsionados.
-Leyendo sus trabajos da la sensación de que usted se ha dedicado a derribar mitos en torno del peronismo: como el de la buena relación entre Perón y Franco, o el de la Argentina peronista como “refugio” de criminales nazis, o el del antisemitismo peronista o inclusive el de la relación directa de Perón con las masas. ¿Cómo llega a estos temas?
-Como investigador extranjero, como un outsider, tengo seguramente muchas desventajas comparado con los investigadores locales. Estoy seguro de que de vez en cuando pierdo algunos matices o no siempre logro entender el significado de un evento u otro. Sin embargo, tengo también ciertas ventajas. Al no estar metido en las internas de las políticas argentinas, al no tener que declararme peronista o gorila, sin tener el intento de usar el pasado con fines contemporáneos, me parece que eso me deja la libertad de evaluar algunos fenómenos, algunos procesos, con sus claros y oscuros, y no caer en estas dicotomías binarias, no me interesa glorificar a Perón ni al movimiento justicialista, ni demonizarlos.
-Algunos de sus trabajos se centran en las segundas líneas de la dirigencia peronista, poniendo en cuestión el eslogan “entre Perón y la gente no hay dirigentes”. Usted, en cambio, plantea que sí había dirigentes y que además brindaron un importante aporte a la movilización en apoyo a Perón, a la estructuración de su liderazgo y a la modelación de la doctrina justicialista. ¿Cómo llega al tema de las segundas líneas?
-En cierto modo, peronistas y antiperonistas han contribuido a este mito del Perón todopoderoso, unos para glorificarlo, otros para demonizarlo. Pero de hecho, si uno lee los documentos acerca de distintas políticas del gobierno peronista, muchas veces Perón estaba ausente, en forma casi conspicua. Muchas decisiones se toman y se implementan sin el involucramiento de Perón. Y al encontrar en distintos archivos en España, en Gran Bretaña, en Estados Unidos, en Israel, tanta documentación que no hace referencia directa a Perón, me quedé pensando si no hemos caído todos en este mito acerca del Perón todopoderoso que estaba manejando cualquier aspecto de la política gubernamental. Y cuando empecé a trabajar sobre la Secretaría de Trabajo y Previsión, es decir, durante la época del gobierno militar, antes de las elecciones que ganó Perón en 1946, me pregunté: ¿cómo es que Perón, que llegó con muy poca experiencia en temas sociales y gremiales, empieza a elaborar decretos de política social relativamente de avanzada en muy poco tiempo? Y estaba claro que contaba con el asesoramiento de gente que sí estaba muy al tanto de la realidad económica y social, y de los intentos previos de legislación laboral. Entonces empecé a buscar las figuras que estaban alrededor de él y que de alguna manera lo educaron y convencieron para adoptar cierta política social. Perón era muy inteligente, con una gran capacidad de absorber ideas de otra gente que estaba alrededor de él. Pero sin este papel de los dirigentes mediadores no hubiera sido posible elaborar una doctrina o un pensamiento social para el peronismo. Ahora, la movilización del apoyo popular no era tan fácil, hubo mucha resistencia en la mayoría de los sindicatos, con su tradición izquierdista, hacia el liderazgo carismático de un coronel. Hacían falta mediadores para convencer a distintos sectores dentro del movimiento obrero, del sector empresario, de los grupos nacionalistas, para apoyarlo a Perón. Entonces, yo al principio puse énfasis en el rol jugado por cinco personas en la elaboración de la doctrina justicialista y en la movilización para el apoyo del
peronismo: Juan Atilio Bramuglia (ministro de Relaciones Exteriores) y Angel Borlenghi (ministro del Interior), ambos vinieron del Partido Socialista; Domingo Mercante (gobernador de la provincia Buenos Aires), que había trabado amistad con Perón en el Ejército; Miguel Miranda (ministro de Economía), que logró reclutar el apoyo de ciertos industrialistas y empresarios; y José Figuerola (asesor en la Secretaría de Previsión Social), que intentó importar el modelo de la dictadura de Primo de Rivera a la Argentina. Me parece importante señalar el papel que cada una de estas figuras jugó en estos terrenos.
-¿Por qué usted plantea que es exagerado ver a la Argentina del primer peronismo como “el refugio” de criminales de guerra nazi?
-Con el tema de la entrada de criminales de guerra nazis a la Argentina me parece que una vez que decidí adoptar la perspectiva comparativa y ver lo que pasaba en otros países, llegué a la conclusión, al igual que algunos otros investigadores, como el canadiense Ronald Newton, de que hubo mucha exageración y algo de distorsión en la imagen de la Argentina como el país que se hizo “el” refugio para los nazis. Es cierto que entraron acá muchos simpatizantes con el Tercer Reich, alemanes colaboracionistas y algunas decenas de criminales de guerra, y no justifico la entrada ni de uno de ellos, pero sin embargo entraron también en la Unión Soviética, en los Estados Unidos, en Canadá, Australia, y otros países.
-¿Cómo era la relación de Perón con la comunidad judía? ¿Por qué se ha instalado fuertemente la idea de que tanto él como el partido peronista eran antisemitas?
-Con respecto a la relación entre Perón y los argentinos judíos, ése es un estudio que estoy terminando en estos días. Aquí también me parece que los investigadores han cometido ciertos errores. Por un lado, porque se dedicaron
nada más a la posición de las instituciones comunitarias judías, la DAIA o de la AMIA, mientras que la mayoría de los judíos argentinos no se han afiliado a las instituciones comunitarias. Yo intenté encontrar figuras judías en el movimiento obrero, intelectuales y hombres de negocios que apoyaban al peronismo. Y para mi sorpresa, hubo muchos más judíos que apoyaban al primer peronismo de lo que normalmente tendemos a pensar. Además, lo que estoy enfatizando en mi estudio es el esfuerzo sistemático por parte de las instituciones judías de borrar por completo la memoria del apoyo de ciertos sectores judíos hacia el peronismo. Y por lo tanto, mi esfuerzo es rescatar estas figuras, estos grupos, que sí apoyaban al peronismo, y mostrar que la comunidad judía, como cualquier otra comunidad en este país u otro, no es homogénea, tuvo disidencias, conflictos, contradicciones, romper un poco con la imagen homogénea de los judíos, como si todos hubieran sido hostiles al peronismo. Por su parte, Perón y Evita hicieron esfuerzos para luchar en contra del antisemitismo y en pro del Estado de Israel. Eso está bien claro y demostrado con mucha documentación argentina, israelí y de organizaciones internacionales.
-¿Por qué hubo este empeño desde las organizaciones judías en borrar esta historia o, como usted ha comentado en alguna ocasión, en “desperonizar” a la comunidad judía?
-A partir del año ‘55, después de la caída de Perón, no era políticamente correcto apoyar al peronismo. Además, los dirigentes judíos tenían miedo de ciertas represalias por parte de las nuevas autoridades de la Revolución Libertadora, y por lo tanto hicieron un esfuerzo, que para mí tuvo más éxito que la desperonización de la sociedad argentina en general. Y este esfuerzo de tapar, de no mencionar el apoyo de ciertos judíos o grupos de judíos al peronismo continuó hasta el principio de los años ‘70. Por lo menos hasta finales de los años ‘60 hubo cierto rechazo hacia todos los judíos sospechados de colaboración con el régimen de Perón. Pero las reservas de muchos judíos hacia el peronismo no tenían tanto que ver con su condición étnica como judíos, sino con su estatus
económico social, muchos de ellos de las capas medias. Entonces, como muchos otros argentinos de este estatus económico social, tenían sus reservas acerca de este régimen obrerista, digamos. Muchos de los comerciantes y hombres de negocios se beneficiaron de las políticas económicas del gobierno peronista. Muchos obreros judíos estaban a favor del peronismo. Normalmente se dice que los judíos tienen una larga memoria. Puede ser. Pero la memoria de los judíos, como la de cualquier grupo social o étnico, es selectiva, y hay una lucha permanente entre lo que queda afuera y lo que queda dentro. Yo intento rescatar la memoria de estos judíos que sí apoyaban al peronismo.
-…que mayormente estaban agrupados en la Organización Israelita Argentina (OIA), ¿verdad?
-Sí, el grupo más conocido es el de la OIA, que era, digamos, la sección judía del peronismo. Por falta de documentación, y eso es lamentable, no sabemos lo suficiente acerca de este grupo: del número de afiliados judíos, de sus sucursales en el interior del país. Porque en 1955 las fuerzas de seguridad allanaron los locales de la OIA, y de hecho tenemos muy pocos documentos aparte de las declaraciones aparecidas en la prensa contemporánea. Y por lo tanto, es difícil evaluar el peso de la OIA dentro del seno de la colectividad judía, y el tamaño y la magnitud de sus actividades. Lo que está claro es que le ofrecieron a Perón un espacio para hacer públicas sus posiciones en contra del antisemitismo y a favor del Estado de Israel, y llegaron a gestionar distintos beneficios para la colectividad judía, como la legalización de inmigrantes que habían entrado en forma clandestina al país, como el artículo en la Constitución de 1949 en contra de la discriminación y hay otros ejemplos. El cuadro que intento pintar es mucho más matizado. No se trata de un grupo oportunista que intentaba aprovechar el peronismo pero no tenía ninguna convicción ideológica o ningún aprecio hacia la política social y económica del peronismo. Pero hubo también otros grupos. En otro estudio que estoy completando me dedico al equipo editorial del suplemento cultural del diario La Prensa, cuando pasa a manos de la CGT. Mucha gente no lo sabe, pero el equipo editorial de este suplemento cultural estaba compuesto de intelectuales judíos, con la dirección de César Tiempo, con el nombre original de Israel Zeitlin, y con intelectuales como Bernardo Koremblit, León Benarós y Julia Prilutzky Farny. El número de judíos que contribuía a ese suplemento cultural es bastante notable. Es decir, que en su momento abrió las puertas a muchos judíos que no siempre podían publicar sus obras en otros espacios. Así que, aparte de la OIA, hubo otros grupos y otros intelectuales judíos que apoyaban al peronismo.
-Dado que después de la Revolución Libertadora muchos documentos desaparecieron y que gran parte de la comunidad judía no estaba afiliada a las instituciones religiosas, ¿cómo se hace, en este contexto de falta de información, para estudiar el fenómeno de la adhesión de parte de la comunidad judía al peronismo?
-Este es el gran desafío para el historiador. Porque es relativamente fácil ir a los archivos de las instituciones judías. Es más difícil llegar a las opiniones de los judíos que no estaban afiliados a las instituciones comunitarias. Lo que
hice en los últimos meses, con la ayuda de un joven argentino acá, es un proyecto de historia oral, una serie de entrevistas con familiares de los dirigentes de la OIA. Y también la ORT tiene un proyecto interesante de historia oral, en el que se pueden escuchar testimonios de muchos judíos que hablan con nostalgia de esta década del ‘46 al ‘55, es decir que muchos no tienen esta imagen negativa del peronismo. Por otro lado, siempre estoy en la búsqueda de memorias, diarios, cartas, es decir, archivos privados, no institucionales, en donde uno puede llegar a escuchar otras voces que normalmente no escuchamos en la historiografía institucional.
-Usted, como otros autores, dice que durante el peronismo hubo una ampliación de la ciudadanía. Y además agrega que esa ampliación, para los judíos, significó concretamente comenzar a ocupar lugares que antes les estaban vedados, como por ejemplo puestos clave dentro del gobierno.
-Claro, es cierto. Por primera vez los judíos argentinos con el peronismo se integran mejor que antes, y llegan a entrar a ciertos ministerios, entidades y organismos que antes estaban prácticamente cerrados para los judíos. Se
ha trabajado bastante acerca de los nuevos significados que ha atribuido el peronismo a la ciudadanía a este país, pero sin embargo, no conozco casi ningún trabajo que esté dedicado a la dimensión étnica de este proceso. No conozco estudios que muestren cómo distintos colectivos étnicos, como árabes, japoneses, armenios y judíos, se han beneficiado de este nuevo significado que ha dado el peronismo a la ciudadanía. No sé si con este mito del crisol de razas los historiadores argentinos no han dedicado suficiente atención a la dimensión étnica de muchos procesos sociales en este país.
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[Publicado en agosto de 2009 por Página12 -Texto gentileza de Ricardo Romano]

fuente: Agenda de Reflexión

sábado, 2 de febrero de 2013

EL MAS GRANDE

 POR LEONARDO FAVIO
 
Carreras y caricias. Las piernas que no pararon de correr, las manos ávidas por acariciar.
La vida también está en las cosas, en lo que significan. Quizá por eso acaricié sus lentes. Fue una forma de tomar dimensión de su presencia. Antes, al entrar en la quinta, mis piernas bajaron torpes del auto y se irguieron vacilantes frente a él, después de haber corrido sin parar toda la vida.
¿Qué le dijé y qué me dije? Ambas voces se me mezclaron, se cruzaron, se confundieron. ¿Le dije que desde la niñez pensaba que no hay que parar de correr para que no nos atrape la muerte, o sólo lo pensé? ¿Llegué a contarle la anécdota de la que nació esa idea? Seguro que no. No le hablé del callejón Ortiz ni de Marina, la nena de la casa de enfrente, la hija del policía, la que me llevaba al baldío de al lado y me tironeaba la pistolita. Ella me enseñó qué es el amor y qué es la muerte. Cuando se murió una chica judía que vivía en la casa de la esquina, yo no sabía qué era morirse. ‘Es un señor todo quieto que se muere’, me dijo Marina. ‘Entonces, te morís si te quedás quieto -le dije-. Si te vas corriendo a una plaza, no te morís’. ‘Claro’, me contestó. Durante años viví convencido que si corría, la muerte no me iba a alcanzar”.
En fin, no sé bien que dije. Si estoy seguro de las excusas tontas que di por haber llegado tarde a Puerta De Hierro, de la pícara preocupación con que el General me hizo notar mi impuntualidad.
Luego, la caminata hasta la casa. Como el maratonista que acaba de llegar a la meta, caminé junto a él. Caminé de piernas temblorosas. Caminamos y le hablé de cómo capar chanchos. ¿Fue en la caminata en el porche? ¿Cómo empezamos a hablar de eso? Quizá porque aprendí a caparlos en una de las escuelas agrícolas que él creo.
Cuando llegamos tarde, quiso embarullar a Perón con explicaciones de tránsito por nuestra demora, pero no le prestó demasiada atención porque ya nos había señalado el detalle.
También hablamos de gallinas en la caminata. “Yo siempre le digo a la gente que tenga su gallinerito”, sentenció el General cuando pasamos de las Plymouth a las Leghorn, que parecen más rústicas pero son más ponedoras, bien peronistas. Hablando de gallinas con el más sabio. ¿De qué le iba a hablar, de mis películas? Sospechaba que no las había visto. Además, no me gustaba incomodar a los políticos con mis películas. Sentía que no eran para ellos, que se aburrirían. Aun recuerdo a Cámpora en el estreno de Juan Moreira. Las luces se apagaron y apenas comenzó a rodar la película se durmió y empezó a roncar. Lo desperté, porque era un papelón que se durmiera así el tipo que iba a ser presidente de la Nación. Pero lo importante no era de qué hablaba con el General. Andando a su lado se me fueron pasando los temblores. Me sentía comprendido, la serenidad de su sabiduría me fue sosegando la agitación.
El cantante, el general y los caniches. Daban vueltas alrededor nuestro, saltaban, ponían a prueba nuestra estabilidad. Parecíamos dos artistas de circo guiando su rutina. Era una tarde templada y de sol en un parque enorme y arbolado. “Parecen la oligarquía, no nos dejan avanzar”, dijo Perón y me hizo un guiño. Era un gesto recurrente en él. Cada que lo veo en algún material de archivo guiñar el ojo recuerdo aquella tarde en que el guiño del mito fue para mí. Apenas se agachó y una perrita le saltó en los brazos. Lo besuqueaba, lo lamía y él se dejaba. Yo soy así también con los perros. “Esa raza es muy inteligente”, le dije recordando lo que había leído días atrás en una revista acerca de esos perros. “Claro, por eso la usan mucho en los circos”, respondió. “Tienen inteligencia superior. ¿Ve? Acá murió el Gaucho. Está bajo ese montículo cubierto de flores azules. El Gaucho y ésta son los únicos que nos quedaron de los que trajimos de Argentina. Todos los demás son hijos de aquellos”. Así que el Gaucho murió en el exilio. Y la perrita es la única sobreviviente. O sea que cada “Luche y vuelve” pintado en una pared la incluía también a ella. Gallinas, perros, chanchos. Los animales me sostuvieron en pie para poder conversar con Perón. Un poco le gustó mi conversación, un poco me siguió la corriente. Sabía volar más o menos a la misma altura que su interlocutor.
La casa estaba casi en el centro del parque y era de gran austeridad. Su escritorio estaba en la planta baja. Nos sentamos en el porche. Mate y té con leche. Y el mito, paciente y cálido. Estuvimos como cuatro horas hablando. Fue un acierto no hablarle de política. Como a mí no me gustaba que me hablaran de cine en las reuniones, acerté al no sofocarlo de política. Si hasta le hablé de mi infancia, aunque no me acuerdo si yo fui a ese tema o me llevó él. Le conté que había estado internado en la Casa del Niño. Me preguntó por el trato en el lugar. Le dije que ningún celador me levantó la mano, aunque yo era bastante difícil. Pero que cuando nos poníamos muy bravos, de vez en cuando se venía una rapada. También le conté de mi colegio, el Miguel Pouget. Se puso contento. Estaba orgulloso de las escuelas granjas. No recuerdo si los animales nos llevaron a mi infancia o mi infancia a los animales. Lo cierto es que me dijo que las escuelas granjas eran su orgullo. Pensar que aquella vez hablamos de la devastación de las selvas de Brasil. ¿Cómo vería la cuestión ahora? Así era él: tenía la dimensión exacta para preocuparse por el adecuado capado de un chancho, la necesidad que la gente tenga gallineritos o la devastación de una selva y los problemas ecológicos. ¡Si hasta se sabía los nombres científicos de las plantas! En cualquier otro hubiera sonado a sanata. Pero él era un sabio. Y descubrí que también había hablado del tema con Hugo del Carril. “Sabe mucho de eso”, me dijo, y me los imaginé intercambiando nombres de plantas en latín.
¡Ja! Ahora me acuerdo cómo definió a Hugo después de preguntarme cómo andaba. “Hugo es un gran señor, a cualquier hora que se levante”. Le robé más de una vez esa frase al General para referirme a buenas personas.
¿Por qué pasamos de Hugo a Rucci? No recuerdo bien, pero me di cuenta en la mirada y en la voz de Perón que lo quería. Parecía que hablaba de un hijo. De allí pareció inevitable que habláramos de Silvio Frondizi. Hacía uno o dos días que habían asesinado al pibe. De pronto giré la cabeza y sentí un mar de tristeza en los ojos del General. Guardo una foto que nos tomaron ese día justo cuando hablábamos de ese crimen. Pocas veces fue atrapada en una imagen una expresión de tristeza tan profunda. El no se permitió que ese brillo durara más que un breve instante. “¿Usted es Jury, no?”, me preguntó cambiando de tema. ¡El mito conocía mi verdadero apellido! ¡Había cantado para multitudes, había recibido elogios impensados para mis películas, pero creo que nunca antes me había inflado tanto de orgullo. “Sí, sí”, tatamudeé, como si no estuviera tan seguro como él de mi apellido.
"Usted es de ascendencia árabe. Su papá, ¿de dónde era?"
“De Siria -le dije yo-. De Damasco".
"Ah, de la Siria palestina. Allí nació Jesús".
Oírlo decir eso fue como si Dios hubiera enviado a Magdalena a lavarme los pies.
Volví a mi infancia. Se aparecieron en el porche de Puerta de Hierro el Negro Cacerola, Cacho Tamís y todos los amigos de Luján. Me los traje a ellos y por eso tuve coraje de tocar sus anteojos. Los acaricié y sentí que estaba junto a un hombre tierno, como si en ellos se hubiera quedado para siempre el braile de sus ojos achinados. Después no me resultó difícil acariciarle la mano. No me dijo nada. Se dejaba porque era sabio y percibía lo que significaba para mí. Seguía charlando tranquilo, mientras yo le acariciaba la mano como a mi abuelo, respiraba en su piel.
¿Cuántas veces me preguntaron si lo encontré muy viejo? Sí, los años estaban, pero él era el mismo, el del mito. No había diferencia entre su voz hablándome de capar chanchos y la que en mi niñez salía de los parlantes en la plaza de mi pueblo. Tampoco hubo diferencia en mí: si entonces era un niño de fiesta, ¿cómo no serlo allí, sentado frente a él?
Ahora, cuando alguien me viene a ver, le veo la misma pregunta en los ojos. ¿Cómo está de viejo, cuánto más vivirá? Supongo que no mucho, quizá ni consiga volver a filmar. ¿Se atreverá alguien a mi mantel de hule? Lo cierto es que lo ven. Claro que ven que estoy viejo y enfermo. Pero sé que también ven, al menos los que saben mirar, que sigo siendo el niño. El niño que corrió y corrió hasta tocar las manos de aquel viejo.


fuente: Facebook

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Perón y el Che: patriotas de la causa latinoamericana


La memoria popular no se distrae. Contiene en su seno el cariño, el dolor (que no es lo mismo que el odio) y la justicia de una historia que nos han tratado de ocultar en los grandes relatos oficiales. La perseverancia del pueblo a veces pasa desapercibida para los autoproclamados grandes pensadores de las academias, quienes  tratan de enterrar históricamente a algunos personajes que les resultan incómodos. A veces, esa tarea se les hace imposible y ante algunos hombres tan grandes que sus sombras diminutas no pueden tapar, eligen otra estrategia y apuestan a tergiversarlos, deformarlos, convertirlos en monstruos indecibles o inofensivas marionetas.

Los aniversarios son excusas, pero también son símbolos de lo que recordamos y para qué. La historia oficial sigue haciendo de las suyas y ante un nuevo Octubre y un nuevo recuerdo tanto del nacimiento de Juan Domingo Perón como del asesinato de Ernesto “Che” Guevara, traza sus desesperados esfuerzos por despreciar ambas figuras, que le resultaron inocultables. Así, a pocos días nomás de nuevos aniversarios, una de esas plumas cargada de tesón antipopular, dio cátedra de tan viles artimañas haciendo una comparación maledicente en un diario centenario.

Dice que ya no recordamos a Perón, o que no queremos hacerlo, porque fue un personaje conservador del que hoy en día rehúye el campo nacional y popular. Dice que “la cotización de Perón está en baja”, como si simples metáforas economicistas de otros tiempos menos venturosos pudieran dar cuenta de los avatares de la memoria y la historia popular. Dice eso porque quiere ocultar que Perón fue el líder de un gran movimiento nacional, que supo representar la voluntad de un pueblo oprimido que no había cesado de pelear por su liberación. Como líder de un frente policlasista, su accionar estuvo plagado de fuertes contradicciones, pero el rol que cumplió en nuestra historia no puede ser obviado. Odiado por izquierdas abstractas y derechas contundentes, marcó con su vida un trazo fundamental de las luchas populares y representó a la par de los trabajadores que le daban vida y carne a un proyecto, uno de los movimientos de liberación más potentes de nuestra América.

Pero la ilustre pluma colonial  no se queda ahí. Sopesando esta imagen de un Perón manipulador y maligno, contrapone a un Che que se le antoja reivindicable. Un Che voluntarista, aislado, alejado completamente de los procesos populares, un “joven trotamundos y hedonista, convertido en ascético revolucionario”, casi como si los rumbos que lo llevaron a combatir en una revolución hubiesen obedecido a los caprichos de un burgués aburrido. Otra tergiversación que oculta al verdadero hombre detrás del mito dulcificado. Ernesto Guevara, un muchacho que se abocó a conocer las realidades más profundas de su propio país y luego de los países hermanos de América Latina, que se comprometió con el proceso guatemalteco defendiendo al gobierno de Arbenz ante el ataque imperial luchando por una causa a la que consideraba propia, que supo comprender que el peronismo no era el enemigo que su círculo social le mostraba y hasta advirtió a su madre en 1954 los riesgos que corría la voluntad popular si derrocaban a Perón. Un militante que se consagró peleando por la revolución en Cuba, a la que entendió como parte de una misma lucha, de una misma tarea de liberación que recorría toda América Latina,  por la que continuó batallando hasta el fin de sus días.

No importa que nos los quieran ocultar, la historia no se distrae. Los aniversarios son excusas y símbolos a la vez. Por eso podemos recordar que un día de octubre (se lo suele conmemorar el 8, aunque probablemente haya sido el 7) de 1893 nacía Juan Domingo Perón y  74 años después era asesinado Ernesto Guevara en Bolivia. Tal vez son fechas nada más. Pero cada una contiene una parte importante de nuestras luchas, porque en estos hombres el sentir popular recuerda a dos antimperialistas, a dos luchadores por la liberación nacional, que a pesar de sus diferencias representan hoy un camino que continúa y sigue cabalgando en toda América Latina.

 Octubre 2012

fuente: Señales Populares

jueves, 22 de noviembre de 2012

DÍA DE LA GRATUIDAD UNIVERSITARIA






Por Sandra Viñas

Hoy se conmemora el  63° aniversario de la gratuidad universitaria, firmada por Juan Domingo Perón el 22 de noviembre de 1949, y en consecuencia el Congreso de la Nación declaró a través de la Ley 26320 esta fecha  como el “Día  Nacional de la Gratuidad Universitaria”. 

Escasos autores que han tratado sobre el desarrollo y la problemática universitaria argentina  han recogido este antecedente, sea por olvido, por razones ideológicas o políticas.  El Decreto 29.337 del año 1949 ha sido olvidado, como lo han sido muchos otros hitos históricos que marcaron una clara vocación de colocar al Estado en el rumbo de asumir su misión social, de crear y redistribuir la riqueza material de nuestro país.

Tomando algunos de los fundamentos del Diputado Nacional Alberto Cantero Gutiérrez, autor de la norma, afirmamos que esta conquista peronista  planteaba la  necesidad de suspender con retroactividad al 20 de junio de 1949 el cobro de los aranceles vigentes hasta la fecha de sanción de la misma. De este modo y a partir de la fecha mencionada las Universidades Nacionales serían un destino posible para millones de argentinos hijos de trabajadores con posibilidad de acceder a la educación superior  la formación profesional de grado universitaria.

La exclusión económica queda derribada permitiendo la incorporación de todos los jóvenes dando el puntapié inicial para  la formación académica y el ascenso social como resultado del esfuerzo y del trabajo de todos los argentinos que aportan al sostenimiento de las Universidades.

A la par de ser una medida inclusiva esta política de Estado permitió la generación de empleo, riqueza y capital intelectual que transforma en una realidad los principios y derechos constitucionales de ingreso a la educación la salud y la vivienda para todos.

El Decreto del 49 se mantuvo vigente, a pesar de los golpes de Estado que asolaron nuestro país (con la excepción de la última dictadura), y no pudo ser revertido durante los años siguientes que han transcurrido desde su promulgación. Es así que la gratuidad de la enseñanza universitaria pública sigue siendo una realidad y es patrimonio de toda la sociedad argentina.

Hoy más que nunca honramos la igualdad educativa y seguimos profundizando las políticas de acceso a la educación superior de cada vez mas argentinos.

Nada mejor que incluir algunos datos en relación a que el Peronismo es quien realmente genera políticas publicas vinculadas a la educación superior.

·         MEJORA DE LA POLÍTICA UNIVERSITARIA. El presupuesto universitario aumentó un 172% a lo largo del período y pasó de 1.624 millones a 4.412 millones de pesos en 2007. Los salarios promedio de los docentes universitarios aumentaron un 174% en el periodo 2003-2007.

·      INFRAESTRUCTURA UNIVERSITARIA El Programa de Apoyo al Desarrollo de la Infraestructura Universitaria ha finalizado 71 obras y 39 se encuentran en ejecución. Durante el presente año el financiamiento alcanzó los 156 millones de pesos, totalizando la suma de $ 413 millones desde su creación.

·         Programa Nacional de Becas Universitarias Becas Universitarias. PNBU: promueve la igualdad de oportunidades en el ámbito de la Educación Superior, a través de la implementación de un sistema de becas que facilite el acceso y/o permanencia de alumnos de escasos recursos económicos y buen desempeño académico en los estudios de grado en universidades nacionales o institutos universitarios.

·             BECAS BICENTENARIO PARA CARRERAS CIENTÍFICO TÉCNICAS. Para estudiantes de hogares de bajos ingresos y que sean aspirantes a carreras universitarias o tecnicaturas científico-técnicas en las ramas de las Ciencias Naturales, Ciencias Agrarias, Ciencias Aplicadas y Exactas e Ingenierías. Se previó el otorgamiento de 30.000 becas con un presupuesto anual de 145 millones de pesos. El monto asignado a cada becario es de $6000 a $14.400 según el año de cursado en el que se encuentre.

·         Programa de Calidad Universitaria. La universidad cumple un rol central en la generación de condiciones que permitan un desarrollo económico sostenido y de mayor equidad distributiva, y en el fortalecimiento de las instituciones y valores democráticos. Para ello, resultan necesarias políticas activas que actúen como complemento de la evaluación de la calidad e  implementación de proyectos de cambio y reforma en el marco de la función social que cada universidad cumple en su contexto regional. Para responder a esta demanda, la Secretaría de Políticas Universitarias se propuso diseñar e implementar una política de calidad para las universidades.

·         POLÍTICA SALARIAL DOCENTE. Realización de la Paritaria Nacional Docente, primera en la historia nacional, en cumplimiento del Art. 10 de la Ley de Financiamiento Educativo. Podemos observar la evolución de los salarios a través de este cuadro en el caso de un profesor titular Dedicación Exclusiva con máxima, media y sin antigüedad:
·           
Profesor Titular Dedicación Exclusiva
Máxima Antigüedad

http://www.me.gov.ar/spu/salarios/imagenes/col2.gif
Aclaración: estos montos no incluyen adicionales por incentivo a la investigación, por título, suplemento por zona desfavorable o paritarias particulares.
              
Elaboración: Secretaría de Políticas Universitarias (SPU).
No hace falta mucho agregar más que decir que desde la gestión pública el Peronismo ha dado pruebas y muestras concretas que tiene la decisión política de generar y mejorar día a día la accesibilidad plena para todo aquel que quiera ser parte de la comunidad universitaria.

En particular a los estudiantes que solo tienen que poner el esfuerzo intelectual en conseguir sus objetivos.