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lo que defiendo, lo que muchos defendemos, no es un nacionalismo pelotudo... sino un par de ideas, resignificadas hoy, libertad e igualdad... ideas profundamente mestizas aquí en Abya Yala, y aunque respeto toda otra posición cultural-política, creo, sinceramente, que es desde esta Gran Tierra, unidos, en comunidad, aceptando profundamente nuestra realidad mestiza -el uno- es que el Abya Yala florecerá... y que todos los enormes esfuerzos de Occidente por destruirnos, por separarnos, por vulnerarnos y conquistarnos, demostrarán inversamente la magnificencia de nuestra sonrisa, de nuestro futuro... por los Padres Libertadores del Pasado, Por los Hermanos Libertadores de Hoy, por Nosotros y los que Vienen... SUMAQ KAWSAY!... y eso tal vez parezca anárquico...pero tal vez esta anarquía sea un nuevo orden... opuesto al actual, sin dejar de reconocer lo alcanzado... por todos...

domingo, 6 de enero de 2013

“Estamos haciendo una revolución educativa”


 

 BERNARDO KLIKSBERG EXPLICA COMO Y POR QUE FORMA A 350 ACADEMICOS DE UNASUR

Experto de Naciones Unidas en lucha contra la pobreza, Kliksberg cuenta la marcha de la formación intensiva de expertos que analizan los nuevos fenómenos en el mundo, aprenden otra forma de gerenciar y tienen “una referencia en lo ético” frente a la distribución injusta del ingreso mundial.

 Por Martín Granovsky
El economista argentino Bernardo Kliksberg está recién llegado de China. El Ministerio de Ciencia y Tecnología y la Asociación de Soft Sciences de China lo invitaron a ser el orador central de su Congreso Internacional Bianual y a presentar sus ideas ante dirigentes y académicos. Su libro Primero la gente fue traducido al mandarín, y agotó rápidamente su primera edición. La realidad china es uno de los temas del programa que dirige, destinado a 350 figuras académicas de Unasur. 
–¿Por qué su proyecto educativo eligió Unasur como jurisdicción?
–Actualmente, en un mundo donde hay dos grandes modelos en pugna, el neoliberal ortodoxo y alternativas bajo excelentes caminos donde la inclusión social juega un papel importante, Unasur es la vanguardia de lo segundo, probablemente junto con los países nórdicos. Es muy importante dirimir cómo será el siglo XXI. Y por otra parte es una construcción muy importante en sí misma para los miembros de Unasur. Sin un espacio de estas características los proyectos nacionales tendrían menos viabilidad. La existencia de un espacio de integración regional los potencia, ya sea por complementariedades económicas o porque la negociación económica conjunta gana fuerza, ya sea en términos de un gran e importante mercado interno colectivo. El ejemplo es el intercambio de la Argentina con Brasil, que crece año a año. Ese mercado interno cada vez más ampliado permite desarrollar mejor los proyectos nacionales. Y así, a su vez, se puede construir una alternativa.
–¿Por qué Unasur y no Mercosur?
–No los opongo. El Mercosur es hoy el pilar económico de Unasur, pero Unasur está planteado como un proyecto en diferentes niveles: por ejemplo, de concertación política y de crecimiento.
–¿Por qué usted define el programa de sumar una masa crítica de investigadores, docentes y académicos como “revolución educativa”?
–Lo es. Es una revolución educativa. Se trata básicamente de los niños. El pensamiento neoliberal no sólo logró relaciones de subordinación política a una estrategia económica y a una arquitectura financiera por parte del uno por ciento más rico del género humano. Acompañó eso con la legitimación ideológica de ese modelo. Recordemos primero las cifras de lo que se quiere legitimar: el uno por ciento de la población tiene el 43 por ciento de los activos del planeta. Es un escándalo.
–¿Cómo son las cifras del otro lado?
–Tremendamente diferentes. El 50 por ciento tiene el 2 por ciento de los activos. Es difícil mantener una situación así sin legitimación. El neoliberalismo quiere construir una legitimación. No se trata de un pacto diabólico. Funciona de hecho con distintos dispositivos dentro de una dinámica. Un centro son los imperios mediáticos. Otro, la preparación de las nuevas generaciones en las universidades. De ese modo avanzó la escuela ortodoxa de los Chicago Boys. Pretendió convertirse en la única doctrina “seria” en economía.
–¿Como si fuera un sinónimo de la propia ciencia económica?
–Sí. A su concepción la revistió de un ropaje de ciencia absoluta. A la escuela de Chicago le resultó necesario hacerlo porque en la práctica el modelo mostraba problemas extremos en los mismos países centrales. Formó recursos humanos del mundo en desarrollo en centros neoliberales, los cooptó, usó la literatura y las editoriales... El programa que estamos desarrollando, en cambio, trata de formar algunos de los jóvenes con mayor potencial en una visión actualizada del pensamiento sobre la economía. Muestra que junto al neoliberalismo hay muchas alternativas.
–¿Para muchos es una novedad descubrirlo?
–Nuestros estudiantes más avanzados no conocían mayormente los modelos alternativos. Usted sabe cómo es nuestro programa. Elegimos a 350 jóvenes de Unasur y los formamos. Hasta ahora no estaban siendo formados, por ejemplo, para comprender cómo China se convirtió en pocos años en una de las principales economías del planeta. Cómo Brasil logró convertir a 40 millones de pobres en clase media. Cómo Corea y Japón tienen hoy 100 por ciento de cobertura en salud. Cómo los países nórdicos encabezan todas las tablas del mundo, incluso en género y equilibrio ambiental. Todos esos logros forman parte de este programa.
–¿Gerencial?
–Sí. No hay que tenerle miedo a la palabra. La clave es el contenido. Yo cuestiono desde 1963, cuando salió mi libro El pensamiento organizativo, que tiene 40 ediciones, que la única gerencia posible sea la ortodoxa. En la actualidad también hay una revolución gerencial. Y al aprendizaje de experiencias mundiales y de una gerencia distinta se suma otro elemento: cómo pasar de un enfoque economicista a un enfoque de desarrollo integral. Incluso los enfoques renovadores plantean a menudo que todo consiste en mejorar los resultados económicos. Pero nosotros creemos en un modelo con sostenibilidad medioambiental, libertades, educación, cultura... Todo. Incluso, claro, el desarrollo económico. Junto a la economía hay que crear un modelo integral que garantice el acceso a la participación real, no el simple crecimiento económico. Está claro nuestro programa, ¿no? Son tres ejes. Uno, estudiar modelos exitosos de economía avanzada, desde China a los nórdicos, pasando por la experiencia sudamericana. Otro, examinar lo más avanzado del pensamiento gerencial. Y tres, llegar a una visión para construir un desarrollo integral.
–¿Cómo fue la implementación?
–Primero, con el apoyo de la Corporación Andina de Fomento a través de su presidente, Enrique García, un gran innovador y un gran luchador por la integración regional. Gracias a ese apoyo pudimos construir una red de 15 universidades de nueve países. Seleccionamos 350 líderes jóvenes brillantes graduados recientemente. Los preparamos a través de diez aulas virtuales multinacionales.
–¿Cuánto dura el programa?
–Seis meses superintensivos y con mucha exigencia. Yo me hice cargo personalmente de supervisarlo acompañado de un dream team. Diez profesores. Son algunos de los que más esfuerzo han hecho por impulsar un pensamiento independiente. Hay profesores veteranos y también profesores jóvenes de toda América latina. Desde Cristina Calvo, una de las principales pensadoras cristianas, hasta Hugo Varsky, pionero de la integración regional productiva, y Paula Español, una economista argentina menor de 40 años. También Julián Dangelo, Jorge Etkin, Héctor La Roca, Alessandra Minichelli, Irene Novacovksy, Jose Sulbrandt (de la Universidad de Chile) y Jorge Ruiz (de la Universidad Mayor de San Marcos, Perú). Entre los conferencistas especiales del programa, además de Amartya Sen, Nobel de Economía, cuento con la subsecretaria general de la ONU Rebeca Grynspan, el director del Bureau de Políticas del PNUD Olav Kjorven, el presidente de la CAF Enrique García, el secretario general de Unasur Alí Rodríguez, varios presidentes y otras prominentes personalidades. También lo convencí al Nobel Joseph Stiglitz. Y a Kjorven, a quien ya mencioné, que a la vez es viceministro de Relaciones Exteriores de Noruega y encargado en el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo del seguimiento de las metas posmilenio. Es un programa de excelencia. De joven me hubiera gustado participar.
–¿Con qué criterio eligieron a los participantes?
–Los líderes fueron elegidos por tres cosas. Una, por su de-sempeño brillante. Dos, por un perfil de servicio a la comunidad, desde el trabajo voluntario a la participación ciudadana. Tres, por su capacidad multiplicadora en universidades, aulas u otros roles. Con un mes y medio de implementación, el rendimiento es altísimo. La evaluación es semanal, con la bibliografía más avanzada que existe, incluyendo trabajos inéditos de primer nivel. Discuten desde los logros de China hasta los fondos buitre. El programa no es un descubrimiento.
–¿Cuál es el antecedente?
–Un programa en el que trabajamos junto con el decano de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, Alberto Barbieri, también vicerrector de la UBA. Hace tres años iniciamos juntos 100 Jóvenes por una Economía con Rostros Humano Premio Amartya Sen. Lo creamos en la UBA y fue un éxito muy grande. Lo concluyó el 95 por ciento de quienes lo empezaron. Nos llovieron los pedidos para replicarlo en otras universidades. En Rosario, en La Matanza, en Uruguay y en la de San Marcos del Perú. En el Perú ya se han graduado tres promociones, se ha extendido a muchas universidades y carreras, y el secretario general de la ONU Ban Ki-Moon lo visitó recientemente. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner lo sigue muy de cerca. Le interesa por una cuestión de futuro. Por eso su apoyo a un programa que se dicta desde hace dos años en todas las universidades públicas que tienen facultad de ciencias económicas: son 27 centros académicos. Tiene un año de duración y es posible gracias al apoyo total de la Presidenta, del ministro de Educación, Alberto Sileoni, y de los rectores de las universidades. Y se trata de universidades ligadas a todas las corrientes políticas. Cuando se inauguró la primera réplica en Rosario, en el lanzamiento estuvo Hermes Binner. También lo apoyó la empresa privada. Con respaldo concreto. Económico. Desde que hace dos años en la Casa Rosada lo inauguró Cristina Kirchner, avanzamos mucho. Por eso ahora trabajamos para toda Unasur y con énfasis en la integración regional.
–¿La integración misma es uno de los temas?
–Importantísimo. Una parte significativa del programa con el auspicio de la CAF, un organismo de integración, es justamente la integración regional. Y también los estamos haciendo pensar juntos, a los líderes del continente, sobre el modelo de desa-rrollo necesario para nuestros países. Aprenden fenomenalmente unos de otros. Es una revolución educativa silenciosa. Tengamos en cuenta que si contabilizamos la cantidad de participantes del primer programa, hemos llegado a los 2000 jóvenes. Muchos de ellos serán o ya son nuevos docentes. El programa de Unasur formará 350, pero esos 350 son multiplicadores natos, de modo que formamos una masa crítica en economía y en gestión con una mirada avanzada sobre el desarrollo. Todo lo que hacemos tiene un fuerte énfasis en la economía pensada con marco de referencia ético.
–¿Qué quiere decir “ético” en este contexto?
–Cómo construir modelos de gestión y económicos que respondan a los mejores ideales éticos del género humano. En estos programas los tratamos con aterrizajes concretos en políticas económicas. No son ideas abstractas. Por eso los programas tuvieron una recepción muy cálida de muchos medios, con entrevistas a los participantes y a los egresados. Uno podría hablar de una buena noticia para América latina, que de esta manera forma su propia masa crítica.
–Acaba de volver de China. ¿Con qué resultado?
–Participé en un congreso de ciencias para el desarrollo. Fue el disertante para académicos y directivos. Además me pusieron al lado a cuatro Ph. D. de muy alto nivel. Me acompañaron mientras yo cumplía una agenda de doce horas diarias de trabajo con otros líderes. Ya produjeron un video mío en chino, que se agotó. Hay que mirar el fenómeno chino con atención: entre el 2016 y el 2020 podría ser la primera potencia económica, desplazando a los Estados Unidos.
–¿Por qué empezó el programa en Ciencias Económicas de la UBA, ampliado ahora al ámbito de Unasur?
–Siempre fui docente, pero en la vida a uno le pasan cosas que lo hacen pensar y actuar con iniciativas nuevas. Me pregunté qué otra cosa podría hacer por los jóvenes cuando nació mi primera nieta, que está por cumplir cuatro años.

fuente: Página 12

viernes, 4 de enero de 2013

Son necesarias las utopías


Son necesarias las utopías Héctor Béjar apela a la construcción de utopías que, aunque irrealizables, siempre nos empujan hacia un mundo mejor.


La liberación de los pueblos empieza por la recuperación de sus conciencias. Y la recuperación de las conciencias empieza por la construcción de utopías. Esta es, en síntesis, la idea de “Mito y utopía. Relato alternativo del origen republicano del Perú” (AcHeBe, 2012), del científico social Héctor Bejar.
ENTREVISTA CON HÉCTOR BÉJAR

—“Mito y utopía”. ¿A qué se refiere con el título?—Hay muchas formas de ver un mito. La antropología europea nos dice que los mitos son propios de las sociedades primitivas. El problema es que los europeos no aceptan que ellos también tienen mitos. El libro “Mito y utopía” te dice “cuidado, la sofisticada cultura occidental tiene otros mitos”. El primer mito es su superioridad, el mito de que la civilización empieza con Europa. El otro mito europeo es que el capitalismo surge espontáneamente: no fue así, el capitalismo, como dice Marx, emergió chorreando sangre, por la desposesión de miles de gentes. Esa gente, que está entre el siglo XIV y el siglo XV, tenía utopías. Es decir, pensaba que se podía vivir de manera distinta. Todos los grupos sociales que trataron de vivir de manera distinta fueron aplastados sangrientamente por los ejércitos de los propietarios europeos que ya estaban despojando a la gente de sus propiedades. Hay un choque entre los mitos que van creando las clases dominantes en Europa y las utopías que van creando los despojados, los oprimidos.

—¿Qué tipo de utopías eran?—Primero, todos cuestionaban la propiedad. Como decía San Agustín, el pecado original del hombre es haber propiciado la pobreza y haber dividido la tierra. Eso también sucedió en América. Esa es la revolución del Consejero que calumnia Mario Vargas Llosa cuando escribe “La Guerra del Fin del Mundo”, presentando al Consejero como un loco… Cuando en realidad es la historia (escrita por Euclides da Cunha en “Os Sertoes”) de los esclavos que habían sido “liberados” y que no tenían a dónde ir y que se van al desierto, y cuando ellos tratan de establecer una sociedad sin propiedad, la nueva república Brasileña acaba con ellos. Este es un auténtico genocidio, una cosa feroz, que se repite en Paraguay con la Guerra de la Triple Alianza, contra los últimos ecos de lo que habían sido las misiones jesuíticas en el Paraguay, que tampoco aceptaban la propiedad privada.

—¿Esos grupos que durante 500 años han tratado de vivir de una manera distinta tenían todos la idea contraria a la propiedad?—Sí: los líderes eran curas todos. El Vaticano había sido tomado por los propietarios, a través del Renacimiento. ¿Qué hace Clemente, el primer papa? Acaba con los caballeros templarios, con la gente que todavía pensaba en una función social de la iglesia. El asunto del libro es: si la contradicción fundamental es entre los mitos y las utopías, entre los mitos de los poderosos y las utopías de los pobres y despojados, ¿cuál es la nueva utopía?

—¿Cuál es?—Hay que ver. ¿Qué es lo que ha pasado? Los poderosos te están convenciendo para que no tengas utopías. Este libro cuestiona el realismo mediocre.

—¿Qué es el realismo mediocre?—Es el realismo del que piensa que solo hay que vivir el día. Sucede que la sociedad piensa que tienes que competir, lo cual supone que la cooperación acaba.



¿Una nueva república?—El subtítulo dice “Relato alternativo del origen republicano del Perú”.

¿Cuál es el relato oficial y cuál el alternativo?—El relato común es que aquí había una colonia, esa colonia estaba subordinada a España; que fuimos una colonia española, y que luego surgieron una serie de líderes guerreros, como San Martín y Bolívar que te liberaron y esos líderes tenían una mentalidad republicana, excepto San Martín, que tenía una idea monárquica. Esa es la historia oficial. La historia verdadera, primero, es que no había colonia. Colonos hubo en NorteAmérica, porque colono es el que viene y se instala, para cultivar. Aquí solo vinieron a sacar todo el oro posible, regresar y comprar un título en Europa e instalarse en Europa. Cuando lees la biografía de Carlos V, te das cuenta que América no le interesaba; solo el oro para financiar sus guerras. Segundo problema: ¿fuimos colonia de España si quien gobernaba era Carlos V y este ni siquiera hablaba castellano? España nunca llegó a existir. La vieja España, primero, eran los castellanos que habían expulsado a los árabes y bereberes, pero que luego fueron reprimidos por Carlos V y su corte austriaca, porque eran las comunidades que hacen LA PRIMERA revolución de la independencia, pero que son reprimidas y aniquiladas.

—Y España lo niega. ¿Qué niega el Perú?—Lo que la historia peruana oculta cautamente es que los dos primeros presidentes del Perú fueron traidores: el Marqués de Torre Tagle, que se arrepiente de todo, traiciona de la manera más increíble y muere con los españoles; y Riva Agüero, que es declarado traidor, y que se va, trata de negociar con la Santa Alianza para que lo reconozcan como presidente del Perú, como falso presidente del Perú. Esos son los dos primeros presidentes del Perú. La República peruana tiene un defecto de fábrica: nació mal. Cuando algo nace mal, ya no sabes si vale la pena modificarlo, si esto es modificable, o si vale la pena pensar todo de nuevo. Y pensar un nuevo tipo de república a la manera actual.

—¿Cómo sería esa nueva república?—Multicultural, que reconozca a las culturas que nosotros hemos creído que son salvajes, empezando por los amazónicos, aymaras, quechuas, y por supuesto, criollos, italianos… todos los aportes que ha tenido el Perú. Pero esa es otra historia que ya no está en el libro, pero la idea es que si el Perú no se mira al espejo y no se reconoce como lo que es, nunca va a poder solucionar sus problemas. Si el sueño es ser como los de Miami, prefiero el positivismo europeo. Se necesita un cambio en las estructuras mentales, eso es lo que el libro plantea. Tú vives lo que piensas. El problema básico del Perú está en cómo nos pensamos a nosotros mismos. Eso no significa disminuir la importancia de las estructuras económicas, pero lo que el libro trata de decirte es que la forma como piensas es importante, tiene igual o mayor importancia que la forma como vives. La idea es rescatar lo que eres para modificar lo que piensas.

—El Perú no es solo andino o amazónico.—Para nada. Es urbano. Pero los andinos cada vez son menos andinos también. Las modificaciones culturales son aceleradas en el mundo y el Perú. Hay una serie de intelectuales brillantes de los años veinte, que hoy han sido olvidados. Uno de ellos es José Vasconcelos, quien habla de la cultura indoamericana. En esa época se hablaba mucho de raza, se habla de la raza cósmica. Precisamente en tiempos en que en México se depreciaba lo indígena, él reivindica lo indígena, pero dice cuidado, somos cósmicos, eso significa que tenemos que abrirnos al mundo. Ni siquiera usó la palabra indigenismo, él hablaba de la raza, pero, para él, la raza indoamericana es una raza espiritual, abierta al mundo. Creo que debemos regresar a Vasconcelos.



No existen culturas superiores ni purasComo diría Wallerstein, el occidental es uno de los sistemas mundo que hay: otro es China; otro es Medio Oriente, el mundo árabe; otro ha sido históricamente Bizancio, la parte bizantina, la parte más desarrollada del mundo en la época del nacimiento de la Europa que actualmente conocemos; otro es el mundo eslavo… “Hay muchos mundos; pero aquí nosotros creemos que solo hay uno, al punto que en la historia nos enseñan solo la historia occidental; y a África la borraron del mapa, culturalmente”, dice Béjar.

—¿Por eso es que algunos intelectuales cuando ubican la barbarie en algún lado lo hacen en África?—Sí, y eso viene del siglo XIX. Es una imagen que las potencias europeas fabricaron. En París, hace poco hicieron una muestra (crítica) sobre la famosa Exposición Universal de fines del siglo XIX, en la que mostraron africanos encadenados, indios de NorteAmérica exhibidos como salvajes en jaulas… porque a los europeos (en ese tiempo) les interesaba fijar la imagen de lo africano como lo salvaje porque estaban afirmando su dominación sobre África, y se acababan de repartir ese continente. Ahora, los europeos mismos critican el europeocentrismo. Las imágenes culturales que se crearon para justificar esto tienen que ver con la justificación de sus aventuras militares. Eso ha perdurado; esas imágenes son las mismas que ahora los justifican para actuar en sus nuevas aventuras imperiales, como en Libia…

—¿Qué imágenes, si pudiera ser más específico?—Cuando provocan el asesinato de Gadafi, la imagen de este es la de un africano loco, y los musulmanes aparecen como terroristas locos. Van creando frente a su propia gente la imagen del islam como una religión terrorista, cuando todo el mundo que ha visitado los países islámicos sabe que son países pacíficos y que la base del islam es pacífica. Lo que sucede es que son grupos que han tenido que reaccionar frente a la ocupación europea.

—Dice usted que no hay cultura pura.—Debemos aceptar que toda cultura es intercultural. Tú vas a cualquier tienda de Inglaterra y ves una hermosa porcelana inglesa… y eso era chino; la porcelana holandesa es china; los paños holandeses eran bizantinos; el tulipán, que es el símbolo de Holanda, es turco. Los europeos se las han ingeniado para negar sus orígenes culturales; niegan su interculturalidad. Se presentan así, y también nosotros los vemos así; porque la culpa no es solo de ellos, sino de quienes los vemos así, como La Cultura, y todo lo demás es menor.

—En el Perú, el más grande promotor de esa idea es Vargas Llosa.—Responde a esa concepción, cuando en realidad se trata de culturas distintas que tienen sus particularidades y cada una tiene sus fanáticos y sus fundamentalistas, que creen que su cultura es La Cultura, la única posible, y todas las demás son negativas. Un equivalente a Mario Vargas Llosa sería un fundamentalista islámico o un fundamentalista neoliberal.


Marco Fernández
Redacción

Edgardo Mocca: “Con o sin re-reelección, el kirchnerismo seguirá siendo gravitante porque lleva 10 años de cambios estructurales”.

Entrevista exclusiva al politólogo/ parte uno


 
por Telémaco Subijana
Entrevistamos en exclusiva a Edgardo Mocca, politólogo y profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). En esta edición presentamos la primera parte de esta interesante entrevista al analista político del Programa “6,7,8” emitido por la TV Pública. En esta oportunidad, realiza un balance del año 2012 y señala que el conflicto en torno al cumplimiento de la Ley de Medios es parte de la disputa por el poder y la autonomía del Estado frente a la presión de las corporaciones. También reflexiona sobre la importancia de plasmar las transformaciones de los últimos años en una Reforma Constitucional y analiza la continuidad del proyecto nacional y popular en caso de que no se habilite la re-relección de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Leer más.
¿Qué balance hace del cierre del año 2012, marcado por la disputa por el cumplimiento de la Ley de Medios y el fallo a favor del Tribunal del Mar en el caso de la Fragata Libertad?
Se trató de un año políticamente muy intenso. Incluso diría que lo fue mucho más de lo que la rutina analítica podría haberlo previsto dado que se trató del primer año de un nuevo período de gobierno que venía de ser plebiscitado de una manera rotunda en el 2011. De esta forma, era de esperar una reestructuración del modo de conducción o del modo de operación de las oposiciones -oposiciones específicamente políticas, sobre todo aquellas oposiciones mediáticas vinculadas a las grandes empresas de medios de comunicación. En ese marco, se podría decir que luego del catastrófico resultado electoral de la oposición político partidaria, hubiese sido coherente que lleven adelante una estrategia diferente: no recaer en la idea de negar la legitimidad del gobierno, dejar de plantear debates en términos de todo o nada, dejar de negar la significación de las principales medidas adoptadas y, sobre todo, tener mayor cautela en la sumisión de todas sus políticas a las directivas del Grupo Clarín y las grandes empresas mediáticas. Pero finalmente esto no ocurrió y la dinámica de la política sigue girando en torno a la dramatización que los grandes medios de comunicación hacen sobre la circunstancia política argentina. Es decir, un diagnóstico que va tratando de generar la idea de que en la Argentina hubo un cambio de régimen, que se pasó de una democracia republicana, representativa, federal, constitucional, a un unicato vertical, autoritario, que no respeta la Ley y que tiene una vocación insaciable de acumulación de poder. En definitiva, si bien el 2012 guardaba la expectativa de cierto cambio en función de un balance del resultado de las elecciones de 2011, persistió y se profundizó este planteo de la oposición.
En ese sentido, ¿la disputa en torno a la Ley de Medios sirvió para profundizar esa estrategia de la oposición?Claro, considero que la Ley de Medios viene a jugar el rol de eje político. Esto no sólo por su propia perspectiva en materia de ampliación de voces, de pluralidad y de generación canales de participación democrática e incorporación de actores nuevos, sino por haberse concentrado alrededor de esa expectativa que el fallo de mayo de la Corte Suprema de Justicia puso en el 7 de diciembre de 2012. Y esta expectativa tiene que ver con un problema central: ¿hasta dónde la democracia puede gobernar sobre las corporaciones? Por eso va más allá de una disputa entre un gobierno y una empresa de medios de comunicación. Es importante recordar que, recuperada la democracia argentina en 1983, en la Argentina primó una matriz política por la cual la democracia mantuvo recortados sus poderes y capacidades para transformar e incidir en el curso de los acontecimientos. Y esa etapa se cierra en 2003, luego de la catastrófica crisis que vivió el país. En este sentido, quienes se quejan o añoran el diálogo y la moderación tendrían que hacer un balance de cómo terminó esa idea de democracia estrictamente negociadora, auto-limitada frente al poder de las corporaciones. Es recién en 2003 que se termina con esa acepción de la democracia por la cual se creía que su función era negociar con cada una de las corporaciones y grupos tradicionales de poder de la Argentina a fin de mantener una convivencia que permitiera lograr aquello que en ese momento se llamaba “gobernabilidad”.
Ante la ausencia de una oposición política partidaria, desde los medios se busca imponer la idea de una disputa sucesoria al interior del Frente para la Victoria. ¿Cómo analiza esta cuestión?
Es cierto, y me parece que es el verdadero problema político. Las elecciones del 2011 dieron como resultado que el gobierno ganó con el 54% de los votos y la oposición mejor perfilada solo sacó el 17%. Por su parte, la suma de votos de los candidatos del peronismo opositor -Duhalde y Rodríguez Saá-, ese que no baja las bandera y hace una reivindicación del peronismo histórico, da un poco más del 10%. ¿Qué lectura se puede hacer al respecto? Por un lado, aparece el problema de toda la expresión de la oposición “clásica” partidaria. Por otro lado, el naufragio de una pretensión de construir un peronismo electoralmente poderoso al margen y en contra del kirchnerismo. Ante este contexto, se trata al kirchnerismo como una anomalía, como una minoría intensa que se apoderó de los resortes del gobierno por una contingencia histórica. Pero a partir del resultado de las elecciones de 2011 desapareció esa idea de conformar una alternativa peronista distinta a la supuesta “lógica autoritaria” del gobierno. Despareció en términos tácticos coyunturales. ¿Por qué? Porque ahora se plantea el cruce de dos variables muy importantes: la desaparición del peronismo opositor por su mal desempeño electoral y un gobierno que no tiene sucesión interna. Estas cuestiones, por la propia dinámica que imponen los cambios surgidos a partir de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), hacen que el incentivo para que determinados sectores del peronismo -aquellos que están dentro pero de forma díscola- se vayan del Frente para la Victoria -del peronismo realmente existente que es el que gobierna, el que distribuye, el que tiene la política- sea nulo. Solo pueden tener ese incentivo personajes secundarios de la política, personas que están buscando su renovación como diputados, esos que son santificados por el Grupo Clarín y por los grandes medios y están todo el día en televisión.
Entonces, a partir del resultado de las elecciones de 2011, abre paso una dinámica por la cual es muy difícil pensar en una oposición electoral en 2013 o 2015 en condiciones de desafiar a la política -o a la propuesta que está en vigencia- desde fuera y al margen del fenómeno del peronismo -no solamente identitario, ideológico y cultural sino también material. Esa imposibilidad, esa debilidad, esa restricción que tiene la oposición -en el sentido de proyecto político opuesto a este gobierno-, incentiva las tensiones internas en la estructura que hoy apoya a Cristina Fernández de Kirchner. Es decir, se va generando una crisis de temporalidad en la política.
Ahora bien, ¿cuándo, cómo y dónde va a empezar a producirse un proceso de agrietamiento y ruptura en la constelación que hoy apoya al gobierno? Considero que es una operación política muy difícil, de alta complejidad y de altísimo riesgo. ¿Por qué? Esa materialización de una ruptura interna -que está latente, alcanza con ver ciertas fotos y abrazos que aparecen en televisión- puede llegar tarde, puede descolocar y desplazar a aquel que exprese esa tardía ruptura frente a lo que son hoy los fogoneos centrales de la oposición. Y una definición prematura o una falta de timing político pueden generar una situación interna complicada en lo que es el dispositivo Frente para la Victoria que termine dañando, neutralizando y llevando a la derrota al conjunto. Una ruptura de ese tipo, cuando se trata de un grupo de gobernadores que manifiesta no seguir más con este proyecto y empezar otro, significaría, en el actual estado de Argentina, una situación de sacudimiento del poder. Porque ya no se trataría de personajes televisivos sino de personas con poder, que manejan cajas y definen políticas, la calle y situaciones que pueden desatar “conjuros” muy difíciles de dominar. Son el tipo de conjuros que dañan la propia gobernabilidad.
En esa crisis de temporalidad es muy difícil pensar a cierto tipo de personajes acompañando un proceso de reelección de Cristina vía Reforma Constitucional o a un delfinato que se pueda definir a partir de la voluntad del grupo hoy gobernante. Pero, por otra parte, también es muy difícil imaginarse los modos y los tiempos de la ruptura; ahí está lo apasionante de la política de hoy. En ese marco, es posible pero improbable que la alternativa que expresa Mauricio Macri sea ganadora en 2015. Porque es muy alta su escasez de recursos territoriales y porque no va a tener un peronismo provincial -porque ir con Macri significaría alejarse del peronismo real. Entonces, si ese peronismo logra encontrar una forma de articulación para una ruptura lo va a hacer con sus propios recursos y liderazgos. En eso consiste el drama del proyecto político, en manejar los tiempos y las formas del propio lado; en inhibir el surgimiento de una contradicción y una ruptura al interior de su propia constelación de apoyos. Y, por su puesto, esa clave está íntimamente emparentada a las políticas públicas y a los resultados electorales. Va a ser elección muy provincializada. Pero dependerá de los efectos de las políticas anticíclicas y redistributivas, de si se dará una performance ampliamente ganadora. Así, habrá dos años para generar una fórmula política de continuidad, para producir una ruptura que genere una oposición con chances de ganar o una variante que signifique un retroceso gradual de las políticas públicas puestas en marcha y esté en condiciones de capturar parte del voto opositor de derecha al mismo tiempo que conserva los apoyos de la propia coalición hoy gobernante -lo que sería una fórmula híbrida como la de Scioli. Pero son muchos los interrogantes: si las propias fuerzas de Scioli le alcanzan; si se se da una ruptura, cómo sería -ya que si fuera radical podría terminar reduciendo las posibilidades de ambas partes de la ruptura; si no hay una ruptura, cómo un candidato como Scioli actuaría frente a las presiones del kirchnerimos o cristinismo. En este marco, cabe destacar que al momento de hacer este tipo de análisis, es importante tener muy presente que se trata de un proceso político de diez años con mucha apoyatura social, que llevó adelante muchos cambios estructurales. Por lo tanto, no puede esperarse que eso desaparezca, que se diluya -aunque sea el deseo de las derechas.
¿Cómo pensar una sucesión que garantice la continuidad de todas estas políticas transformadoras?
En el caso de que no haya reelección, considero que hay una masa crítica, pero lo que es muy difícil es encontrar el nombre. Y en ese punto sí le doy una importancia extraordinaria al nombre. El nombre es una promesa, dice con quién y hacia dónde. El nombre va a expresar, en cierto sentido, si la propia Cristina Fernández de Kirchner seguirá siendo una figura consular, una garantía. Ahora bien, hay que lograr que haya un engarce entre esa promesa de continuidad que asegura que el nombre es un delfín o delfina de Cristina Fernández y, al mismo tiempo, que esa propuesta tenga una amplia recepción en el peronismo realmente existente -principalmente en el de las provincias. Entonces, esa ecuación es muy difícil de construir. Si fuera un gobernador, por ejemplo, se darían las condiciones para posibilitar el acompañamiento de todo el peronismo estructural pero se generarían dudas respecto de si Cristina Fernández va a poder manejar a esa figura. Entonces, se trata de la combinación de dos factores de altísima complejidad. Por eso no se puede comparar con la sucesión Lula-Dilma tal como ocurrió en Brasil; hacerlo sería desconocer la historia del peronismo y la del propio PT. En este contexto, si el gobierno consigue apoyo social -los votos y la distancia necesaria- y mejora el clima económico y social, considero que habrá chances para que ocurra este maquiavélico engarce entre una experiencia muy personalizada y otra que necesariamente no podrá serlo -ya que en la medida que se personalice, los riesgos de la continuidad subirán.
Cabe señalar que durante el año 2012 esta ingeniería corrió muchísimo riesgo. En primer lugar, por la situación externa en el marco de una crisis económica internacional. Por otro lado, por la política de todo o nada que impulsan algunos sectores. A esto se le pueden agregar algunos acontecimientos que se deben a impericias y falta de timing de la propia administración, como puede ser la cuestión de los ferrocarriles y el transporte. Sin embargo, en este último aspecto, es un error pensar esas trayectorias al margen de algo que en la Argentina -aunque ocurre también en todo el mundo- se ha puesto al rojo vivo: que cualquier política supone un punto A, que es la defensa del poder -sobre todo cuando es una política de orden de ruptura con la continuidad. Esto independientemente del sentido de la política de ruptura: ya sea la contrarrevolución neoliberal de Menem o la dirección nacional popular del kirchnerismo. El punto de análisis es hasta qué punto se fueron construyendo condiciones de conservación y reproducción del poder. Esto es Maquiavelo página uno, pero es descartado por la inmensa mayoría de los críticos opositores -e incluso por buena parte de los adherentes. Por eso el analista político que realmente quiera analizar la política tiene que partir de esa lógica, tiene que partir de una totalidad estructural. Si solo parte de la suma de anécdotas se estrella contra la nada. Finalmente, el 2012 fue un año muy difícil pero el gobierno terminó indemne y, por lo tanto, quedó abierta esta posibilidad de autoreproducción. Esto es un altísimo mérito, dada la sistemática política mediática que ha golpeado para destruir toda posibilidad de delfinato o reelección.
Con la disputa electoral en 2013 se juega la posibilidad de reformar la Constitución para consolidar las transformaciones e incorporar la re-relección. ¿Considera importante avanzar en este proceso de reforma aunque signifique resignar la re-reelección de CFK?
Son las continuidades de ciertas dinámicas las que aseguran las transformaciones de fondo y su estabilización. Por eso considero que no hay que resignar o sacrificar la posibilidad de que el proyecto político se auto-reproduzca. En este marco, si bien existe un enorme temario a considerar en una Reforma Constitucional, no la promovería si no están dadas las condiciones para plantear la re-reeleccción o la sucesión a un candidato/a potable del espacio “cristinista”. No la haría porque considero que la continuidad del liderazgo de la Presidenta es el principio que asegura la continuidad de una dinámica que comenzó en el 2003. Son muchas las cuestiones que necesitan ser “constitucionalizadas”, pero, reitero, se debe alentar este proceso siempre que exista alguna posibilidad de desatar simultáneamente la continuidad del proyecto. En ese marco, el plan A sería ir por la Reforma Constitucional incluyendo la re-reelección. Ahora bien, si la misma no figura, hay que analizar si están dadas las condiciones para asegurar una sucesión bajo el liderazgo de la Presidenta. De todas maneras, considero que en la actualidad no están dadas las condiciones para reformar la Carta Magna. Por dos razones: por un lado, por la desconfianza a la re-reelección. Pero por otro lado, porque no existen sectores políticos conformados como tal que hagan propia la naturaleza transformadora y enriquecedora del texto constitucional.

fuente: Iniciativa

miércoles, 2 de enero de 2013

Noan Chomsky: El objetivo de la educación: La deseducación - Vìdeo Dailymotion

Noan Chomsky: El objetivo de la educación: La deseducación - Vìdeo Dailymotion

Calidad en la información


Washington Uranga insiste en la necesidad de construir mayor calidad en la información, tarea que a su juicio deben asumir los profesionales de la comunicación como aporte a la democracia.

 Por Washington Uranga
Terminó el año y comienza uno nuevo con las mismas o similares expectativas respecto de la dilucidación de un tema central para la comunicación y para la democracia, como es la definitiva puesta en marcha de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que lleva más de tres años parcialmente suspendida en uno de sus aspectos centrales: la cláusula de desinversión de los grandes grupos que abre la puerta a la diversidad. Más allá de los avatares judiciales –y no porque éstos no resulten significativos e importantes—, está claro que –como bien señala la nota de Agustín Lewit en esta misma página– hay debates culturales que ya están ganados. Es importante que así sea y ése es el resultado de la construcción y de la lucha colectiva de muchos actores de la sociedad.
A partir de lo logrado se hace necesario trabajar en otro frente no menos fundamental: la calidad de la información. Alguien podrá decir que diversidad de voces y pluralidad de fuentes es ya un salto cualitativo en este sentido. Que el lector, el televidente, el radioescucha –que son siempre ciudadanos y ciudadanas– puedan acceder a diferentes medios con miradas diversas ya representa por sí mismo un salto de calidad en los servicios informativos.
Pero, más allá de lo anterior, es preciso trabajar para que la información, aun con los sesgos y las selecciones editoriales que cada medio hace y sin ninguna pretensión de una “objetividad” tan impracticable como fraudulenta, es necesario exigir a periodistas y medios que se atengan a la veracidad de los hechos. Siempre habrá criterios de selección, recortes posibles, miradas que privilegian unos y otros aspectos. En ello van no sólo los perfiles políticos de quienes construyen las noticias y las posiciones editoriales de los medios para los que trabajan, sino también estilos periodísticos. Pero veracidad implica sujetarse a la verdad de los hechos y describirlos tal cual se presentan aun con la relatividad que supone todo relato para, de esta manera, ofrecer a las audiencias la posibilidad de tomar sus propias decisiones.
Más allá de los debates acerca del periodismo “independiente” o “militante” está claro que en el escenario mediático del país estamos viviendo un momento de excesiva acentuación de la editorialización en desmedro de la información. Y ello no sólo en lo que se muestra. Quizás es mucho más grave en lo que se oculta o se deja de informar. Situación que obliga a las audiencias a recurrir a varios medios para tener una idea nunca certera pero por lo menos aproximada de aquello que denominamos “lo real” (que también es diferente de “la realidad”, entendida esta como un dato único, incontrastable, “objetivo”).
Mejorar en la calidad de la información debería incluir que un lector o un televidente pueda, a la vez que seleccionar a un medio por su línea editorial, saber que aun con el sesgo que la editorialización supone se le está brindando la totalidad de la información, con todos los elementos al alcance para que, ahí sí con criterio propio, pueda generar su particular punto de vista, encontrar otras explicaciones afines o en contradicción incluso con el medio informante.
Lo contrario es someter a la audiencia a un peregrinaje tan infinito como incierto a través de los medios buscando, por un lado, “lo real” y por otro –lo que puede ser aún menos útil y más pernicioso por la falta de certezas en que se ingresa– “el promedio” o el “punto de equilibrio” entre quien afirma blanco y quien dice negro.
Por este camino no se aporta a la calidad de la información. Y es importante no perder de vista que más información, y sobre todo más calidad de la información, es un insumo fundamental para la calidad de la misma democracia y de la participación ciudadana.
De esto nos tenemos que hacer cargo los profesionales de la comunicación. La calidad informativa es un aporte esencial e insustituible de nuestra parte a la calidad de la democracia. Si no lo hacemos no podemos echarle la culpa a nadie. De esto también tienen que ocuparse los ámbitos de formación, las carreras de comunicación y escuelas de periodismo, públicas y privadas. De la misma manera que el país necesita de excelentes científicos y técnicos, demanda de comunicadores y periodistas que tengan nivel óptimo en su servicio informativo. Sin pretensión de objetividad. Sí de veracidad, que incluye amplitud y diversas fuentes, inclusión de la mayor cantidad de temas en la agenda y contextualizaciones pertinentes. De todo esto estamos hablando cuando decimos calidad en la información.

fuente: Página 12