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lo que defiendo, lo que muchos defendemos, no es un nacionalismo pelotudo... sino un par de ideas, resignificadas hoy, libertad e igualdad... ideas profundamente mestizas aquí en Abya Yala, y aunque respeto toda otra posición cultural-política, creo, sinceramente, que es desde esta Gran Tierra, unidos, en comunidad, aceptando profundamente nuestra realidad mestiza -el uno- es que el Abya Yala florecerá... y que todos los enormes esfuerzos de Occidente por destruirnos, por separarnos, por vulnerarnos y conquistarnos, demostrarán inversamente la magnificencia de nuestra sonrisa, de nuestro futuro... por los Padres Libertadores del Pasado, Por los Hermanos Libertadores de Hoy, por Nosotros y los que Vienen... SUMAQ KAWSAY!... y eso tal vez parezca anárquico...pero tal vez esta anarquía sea un nuevo orden... opuesto al actual, sin dejar de reconocer lo alcanzado... por todos...
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viernes, 4 de enero de 2013

Son necesarias las utopías


Son necesarias las utopías Héctor Béjar apela a la construcción de utopías que, aunque irrealizables, siempre nos empujan hacia un mundo mejor.


La liberación de los pueblos empieza por la recuperación de sus conciencias. Y la recuperación de las conciencias empieza por la construcción de utopías. Esta es, en síntesis, la idea de “Mito y utopía. Relato alternativo del origen republicano del Perú” (AcHeBe, 2012), del científico social Héctor Bejar.
ENTREVISTA CON HÉCTOR BÉJAR

—“Mito y utopía”. ¿A qué se refiere con el título?—Hay muchas formas de ver un mito. La antropología europea nos dice que los mitos son propios de las sociedades primitivas. El problema es que los europeos no aceptan que ellos también tienen mitos. El libro “Mito y utopía” te dice “cuidado, la sofisticada cultura occidental tiene otros mitos”. El primer mito es su superioridad, el mito de que la civilización empieza con Europa. El otro mito europeo es que el capitalismo surge espontáneamente: no fue así, el capitalismo, como dice Marx, emergió chorreando sangre, por la desposesión de miles de gentes. Esa gente, que está entre el siglo XIV y el siglo XV, tenía utopías. Es decir, pensaba que se podía vivir de manera distinta. Todos los grupos sociales que trataron de vivir de manera distinta fueron aplastados sangrientamente por los ejércitos de los propietarios europeos que ya estaban despojando a la gente de sus propiedades. Hay un choque entre los mitos que van creando las clases dominantes en Europa y las utopías que van creando los despojados, los oprimidos.

—¿Qué tipo de utopías eran?—Primero, todos cuestionaban la propiedad. Como decía San Agustín, el pecado original del hombre es haber propiciado la pobreza y haber dividido la tierra. Eso también sucedió en América. Esa es la revolución del Consejero que calumnia Mario Vargas Llosa cuando escribe “La Guerra del Fin del Mundo”, presentando al Consejero como un loco… Cuando en realidad es la historia (escrita por Euclides da Cunha en “Os Sertoes”) de los esclavos que habían sido “liberados” y que no tenían a dónde ir y que se van al desierto, y cuando ellos tratan de establecer una sociedad sin propiedad, la nueva república Brasileña acaba con ellos. Este es un auténtico genocidio, una cosa feroz, que se repite en Paraguay con la Guerra de la Triple Alianza, contra los últimos ecos de lo que habían sido las misiones jesuíticas en el Paraguay, que tampoco aceptaban la propiedad privada.

—¿Esos grupos que durante 500 años han tratado de vivir de una manera distinta tenían todos la idea contraria a la propiedad?—Sí: los líderes eran curas todos. El Vaticano había sido tomado por los propietarios, a través del Renacimiento. ¿Qué hace Clemente, el primer papa? Acaba con los caballeros templarios, con la gente que todavía pensaba en una función social de la iglesia. El asunto del libro es: si la contradicción fundamental es entre los mitos y las utopías, entre los mitos de los poderosos y las utopías de los pobres y despojados, ¿cuál es la nueva utopía?

—¿Cuál es?—Hay que ver. ¿Qué es lo que ha pasado? Los poderosos te están convenciendo para que no tengas utopías. Este libro cuestiona el realismo mediocre.

—¿Qué es el realismo mediocre?—Es el realismo del que piensa que solo hay que vivir el día. Sucede que la sociedad piensa que tienes que competir, lo cual supone que la cooperación acaba.



¿Una nueva república?—El subtítulo dice “Relato alternativo del origen republicano del Perú”.

¿Cuál es el relato oficial y cuál el alternativo?—El relato común es que aquí había una colonia, esa colonia estaba subordinada a España; que fuimos una colonia española, y que luego surgieron una serie de líderes guerreros, como San Martín y Bolívar que te liberaron y esos líderes tenían una mentalidad republicana, excepto San Martín, que tenía una idea monárquica. Esa es la historia oficial. La historia verdadera, primero, es que no había colonia. Colonos hubo en NorteAmérica, porque colono es el que viene y se instala, para cultivar. Aquí solo vinieron a sacar todo el oro posible, regresar y comprar un título en Europa e instalarse en Europa. Cuando lees la biografía de Carlos V, te das cuenta que América no le interesaba; solo el oro para financiar sus guerras. Segundo problema: ¿fuimos colonia de España si quien gobernaba era Carlos V y este ni siquiera hablaba castellano? España nunca llegó a existir. La vieja España, primero, eran los castellanos que habían expulsado a los árabes y bereberes, pero que luego fueron reprimidos por Carlos V y su corte austriaca, porque eran las comunidades que hacen LA PRIMERA revolución de la independencia, pero que son reprimidas y aniquiladas.

—Y España lo niega. ¿Qué niega el Perú?—Lo que la historia peruana oculta cautamente es que los dos primeros presidentes del Perú fueron traidores: el Marqués de Torre Tagle, que se arrepiente de todo, traiciona de la manera más increíble y muere con los españoles; y Riva Agüero, que es declarado traidor, y que se va, trata de negociar con la Santa Alianza para que lo reconozcan como presidente del Perú, como falso presidente del Perú. Esos son los dos primeros presidentes del Perú. La República peruana tiene un defecto de fábrica: nació mal. Cuando algo nace mal, ya no sabes si vale la pena modificarlo, si esto es modificable, o si vale la pena pensar todo de nuevo. Y pensar un nuevo tipo de república a la manera actual.

—¿Cómo sería esa nueva república?—Multicultural, que reconozca a las culturas que nosotros hemos creído que son salvajes, empezando por los amazónicos, aymaras, quechuas, y por supuesto, criollos, italianos… todos los aportes que ha tenido el Perú. Pero esa es otra historia que ya no está en el libro, pero la idea es que si el Perú no se mira al espejo y no se reconoce como lo que es, nunca va a poder solucionar sus problemas. Si el sueño es ser como los de Miami, prefiero el positivismo europeo. Se necesita un cambio en las estructuras mentales, eso es lo que el libro plantea. Tú vives lo que piensas. El problema básico del Perú está en cómo nos pensamos a nosotros mismos. Eso no significa disminuir la importancia de las estructuras económicas, pero lo que el libro trata de decirte es que la forma como piensas es importante, tiene igual o mayor importancia que la forma como vives. La idea es rescatar lo que eres para modificar lo que piensas.

—El Perú no es solo andino o amazónico.—Para nada. Es urbano. Pero los andinos cada vez son menos andinos también. Las modificaciones culturales son aceleradas en el mundo y el Perú. Hay una serie de intelectuales brillantes de los años veinte, que hoy han sido olvidados. Uno de ellos es José Vasconcelos, quien habla de la cultura indoamericana. En esa época se hablaba mucho de raza, se habla de la raza cósmica. Precisamente en tiempos en que en México se depreciaba lo indígena, él reivindica lo indígena, pero dice cuidado, somos cósmicos, eso significa que tenemos que abrirnos al mundo. Ni siquiera usó la palabra indigenismo, él hablaba de la raza, pero, para él, la raza indoamericana es una raza espiritual, abierta al mundo. Creo que debemos regresar a Vasconcelos.



No existen culturas superiores ni purasComo diría Wallerstein, el occidental es uno de los sistemas mundo que hay: otro es China; otro es Medio Oriente, el mundo árabe; otro ha sido históricamente Bizancio, la parte bizantina, la parte más desarrollada del mundo en la época del nacimiento de la Europa que actualmente conocemos; otro es el mundo eslavo… “Hay muchos mundos; pero aquí nosotros creemos que solo hay uno, al punto que en la historia nos enseñan solo la historia occidental; y a África la borraron del mapa, culturalmente”, dice Béjar.

—¿Por eso es que algunos intelectuales cuando ubican la barbarie en algún lado lo hacen en África?—Sí, y eso viene del siglo XIX. Es una imagen que las potencias europeas fabricaron. En París, hace poco hicieron una muestra (crítica) sobre la famosa Exposición Universal de fines del siglo XIX, en la que mostraron africanos encadenados, indios de NorteAmérica exhibidos como salvajes en jaulas… porque a los europeos (en ese tiempo) les interesaba fijar la imagen de lo africano como lo salvaje porque estaban afirmando su dominación sobre África, y se acababan de repartir ese continente. Ahora, los europeos mismos critican el europeocentrismo. Las imágenes culturales que se crearon para justificar esto tienen que ver con la justificación de sus aventuras militares. Eso ha perdurado; esas imágenes son las mismas que ahora los justifican para actuar en sus nuevas aventuras imperiales, como en Libia…

—¿Qué imágenes, si pudiera ser más específico?—Cuando provocan el asesinato de Gadafi, la imagen de este es la de un africano loco, y los musulmanes aparecen como terroristas locos. Van creando frente a su propia gente la imagen del islam como una religión terrorista, cuando todo el mundo que ha visitado los países islámicos sabe que son países pacíficos y que la base del islam es pacífica. Lo que sucede es que son grupos que han tenido que reaccionar frente a la ocupación europea.

—Dice usted que no hay cultura pura.—Debemos aceptar que toda cultura es intercultural. Tú vas a cualquier tienda de Inglaterra y ves una hermosa porcelana inglesa… y eso era chino; la porcelana holandesa es china; los paños holandeses eran bizantinos; el tulipán, que es el símbolo de Holanda, es turco. Los europeos se las han ingeniado para negar sus orígenes culturales; niegan su interculturalidad. Se presentan así, y también nosotros los vemos así; porque la culpa no es solo de ellos, sino de quienes los vemos así, como La Cultura, y todo lo demás es menor.

—En el Perú, el más grande promotor de esa idea es Vargas Llosa.—Responde a esa concepción, cuando en realidad se trata de culturas distintas que tienen sus particularidades y cada una tiene sus fanáticos y sus fundamentalistas, que creen que su cultura es La Cultura, la única posible, y todas las demás son negativas. Un equivalente a Mario Vargas Llosa sería un fundamentalista islámico o un fundamentalista neoliberal.


Marco Fernández
Redacción

sábado, 24 de noviembre de 2012

MEDIOS, PODER Y POLÍTICA

por Adrián Corbella


La imagen del periodismo como Cuarto Poder, como fuerza encargada de vigilar el desempeño de los tres poderes en que clásicamente se dividen los Estados (al menos desde tiempos de la obra magna de Montesquieu, “El Espíritu de las Leyes”) es muy conocida. Se desarrolló en otros tiempos, cuando el gran temor de los hombres era el posible abuso de un Estado que aparecía como un monstruo todopoderoso y omnipresente.
Y esto fue así en tiempos en que los diarios, principales medios periodísticos durante muchísimas décadas, eran medios relativamente débiles, pequeños o medianos davides que luchaban con coraje contra enormes Goliaths estatales que parecían invencibles.
Esto fue así durante mucho tiempo … pero ya no lo es …
Hoy los diarios son una gota de agua en el mar. Quedan pocas de esas pequeñas y medianas empresas periodísticas. Los medios se han extendido y fusionado. Hay grandes conglomerados multimediáticos, monopólicos u oligopólicos, que controlan diarios, revistas, editoriales, imprentas, canales de TV, radios, empresas proveedoras de TV por cable y de señales de banda ancha de Internet, fábricas de papel para diarios, productoras de contenidos televisivos, institutos que dictan cursos de capacitación para periodistas, docentes, abogados … jueces …
Son grandes grupos multimediáticos que a veces pertenecen o están asociados a bancos, a consultoras, a corporaciones de todo tipo. Son actores económicos que juegan en las Ligas Mayores, que tienen mucho más poder que muchos gobiernos y cuya dirección no está sometida al control periódico del voto popular.
Estos grupos fijan agenda, construyen sentido común a su antojo, naturalizan visiones que no son objetivas y lógicas sino profundamente ideológicas, ensalzan o denostan a figuras de la política, la cultura, el espectáculo…
En países donde los gobiernos se amoldan a los intereses de estos grupos, se establece un lazo indisoluble, tan profundo que es difícil definir si los medios trabajan para los gobiernos o si, por el contrario, no es al revés : si no son los gobiernos los que se transforman en representantes de estos grupos mediáticos. Estos grupos a su vez, merced a su asociación con encuestadoras de opinión, consultoras financieras internacionales y empresas medidoras de rating tienen un poder muy concreto frente a cada acto electoral democrático, por su capacidad de llegada hacia la población.
En países donde los gobiernos se atreven a afectar intereses de estos grupos, la lucha se hace salvaje . Los grupos mediáticos se erigen en fuerzas políticas opositoras que actúan desde las sombras, y mueven las piezas de un ajedrez que incluye a políticos neoliberales, intelectuales, periodistas y corporaciones varias. Este último fenómeno, tan común en la América Latina del siglo XXI, se da en todo lugar en el que los gobiernos no acatan la férrea dirección político-ideológica de las corporaciones
En una entrevista realizada por el responsable de Wikileaks, Julian Assange, el presidente ecuatoriano Rafael Correa declaró con absoluta claridad :
“ Usted ha manifestado su temor de que el poder estatal limite la libertad de expresión. Eso ya casi no existe en América Latina. Son idealizaciones, son mitos. Por favor entiéndase que aquí el poder mediático era, y probablemente es, mucho mayor que el poder político. De hecho normalmente tiene poder político en función de sus intereses, poder económico, poder social y, sobretodo, el poder informativo. Han sido los grandes electores, han sido los grandes legisladores, los grandes juzgadores, aquellos que han puesto la agenda mediática, han sometido gobiernos, presidentes, cortes de justicia … Saquémonos esa idea de ‘pobres y valientes periodistas, angelicales medios de comunicación tratando de decir la verdad’, y tiranos, autócratas, dictadores, tratando de evitar aquello… No es verdad … ¡Es al revés! … Los gobiernos que tratamos de hacer algo por las grandes mayorías somos perseguidos por periodistas que creen que por tener un tintero o un micrófono pueden desahogar hasta sus desafectos, porque muchas veces es hasta por antipatía que se pasan injuriando, calumniando, etc. Medios de comunicación dedicados a defender intereses privados… Por favor que entienda esto el mundo, lo que pasa en América Latina . Cuando yo llegué al gobierno había siete canales de televisión nacionales, no había televisión pública. Todos privados. Cinco pertenecían a banqueros . Se imagina usted si yo quería hacer una medida contra la banca para evitar la crisis y los abusos que están sucediendo en Europa, particularmente en España. Tenía una campaña despiadada a nivel de televisión, para defender los intereses de sus dueños, los propietarios de esta cadena de televisión que eran los banqueros. Que no nos engañemos, saquémonos esas falsedades y estereotipos de gobiernos malvados persiguiendo angelicales y valientes periodistas y medios de comunicación. Frecuentemente es al revés Julian. Esta gente disfrazada de periodistas, trata de hacer política, desestabilizar a nuestros gobiernos, para evitar cualquier cambio en esta región, y perder el poder que siempre han ostentado.” (1)
Pero estos grupos económicos que tan bien describe Correa no las tienen todas a su favor, ya que internet le da a ellos un poder de penetración antes impensado, pero genera, a la vez, la posibilidad de que todo el mundo pueda expresarse, opinar, escribir, criticar, con mucha libertad a través de instrumentos como los blogs, facebook, twitter, you tube… (2)
Algunos especialistas en cuestiones mediáticas, como el español Ignacio Ramonet, plantean la necesidad de un Quinto Poder (3), vinculado a estas y otras formas de comunicación popular, cuya función será suplir el espacio que el Cuarto Poder (convertido casi en el Primero) ha dejado vacante. Con distintos aspectos de esta lucha, profundamente cultural, ideológica, política, se vinculan los intentos de instaurar mecanismos de censura en la red (4), por un lado, y fenómenos como el movimiento del software libre o el pensamiento hacker, por el otro (5).
Las corporaciones multimediáticas evidentemente ya no son el Cuarto Poder. Son actores político-económicos de primera categoría. Son jugadores muy poderosos que no están limitados por las trabas jurídicas que generalmente acotan el accionar de los gobiernos ; pueden incluso darse el lujo de acusar a todo aquel que quiera regularlos de afectar la “libertad de prensa” y atentar contra la democracia. Son actores cuyos directivos, que generalmente permanecen en las sombras, no se someten nunca al voto popular y no son criticados por ostentar durante décadas el poder. Son una amenaza a las libertades individuales de las personas mucho mayor que la de cualquier gobierno medianamente democrático … En realidad, casi ningún gobierno tiene tanto poder como ellos…
América Latina está siendo un protagonista fundamental de este fenómeno, que ha adquirido una perturbadora desnudez en algunos países. Esto se da en aquellos estados en los que grupos mediáticos se han transformado en ejes desembozados de coaliciones políticas opositoras que han pasado a cumplir tareas desestabilizantes, y a veces simplemente golpistas, a cara descubierta (6).
Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina son buenos ejemplos de este proceso. El fenómeno es tan atípico que en Argentina, donde en 2009 se aprobó una Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual -alabada por Frank La Rue, Relator de Libertad de expresión de la ONU (7)- con los votos del oficialismo y parte de la oposición, no se logra su aplicación plena. No se lo logra a dos años y medio de la aprobación de la ley, y a medio año de la reelección del gobierno que impulsó la ley por mayoría absoluta (54%, casi 12 millones de votos) , debido a la enorme influencia que estos grupos multimediáticos conservan dentro de algunas fuerzas políticas “opositoras” y en sectores de la corporación judicial.
Y se da la paradoja de que la prensa “independiente”, “profesional”, furiosamente opositora al gobierno argentino, trabaja con entera libertad y hace críticas durísimas y destempladas, mientras que el puñado de medios que comulgan con la cosmovisión del gobierno no sólo son denostados por el establishment periodístico sino que sufren salvajes agresiones de parte de manifestantes derechistas ultraopositores (8).
No en vano algunos intelectuales afines al kirchnerismo sostienen que el masivo apoyo de militantes jóvenes al gobierno argentino tiene una razón muy concreta : ven a las autoridades no como el poder, sino como un contrapoder. (9).
Y, como es lamentablemente habitual, la prensa que no está con el poder, con el verdadero poder, recibe agresiones (10)… la otra, que aunque se declare opositora es la que tiene detrás a los grupos de poder corporativo más fuertes de la sociedad, trabaja sin problemas …
En otros países de la región este proceso que vincula tan abiertamente a los medios y el poder real ha avanzado menos (Brasil, Uruguay)
Pero, incluso en aquellos países donde sigue teniendo plena salud la simbiosis gobiernos neoliberales-medios concentrados, la gente empieza a advertir el fenómeno, comienza a ver a los medios como un actor político decisivo … y claramente alineado.
En una nota realizada por periodistas de “La Jornada” de México, publicada en Argentina por el diario “Página 12” (11), los estudiantes y profesionales del movimiento #soyel132 no pueden ser más claros al respecto : acusan a los medios de manipular y controlar el sistema político mexicano …
Al respecto, por ejemplo, el artículo de Página 12 cita el testimonio de un tal Antonio, al que se presenta como ingeniero en electrónica y comunicaciones por el TEC de Monterrey, quien afirma :
“viviendo afuera me di cuenta de lo que realmente pasa, de cómo los medios manipulan la información […] estoy hasta el gorro de los gobiernos que hemos tenido y de que las televisoras descaradamente impongan candidatos”.
También es significativo el testimonio de Omar, estudiante de Ciencias Políticas en la Facultad de Estudios Superiores en Acatlán, UNAM, quien dice : “este despertar ha causado mucha empatía, porque busca democratizar a los medios y al país, pero también cambiar la forma de hacer política en México. Casi no veo televisión, prefiero los medios imparciales y literatura latinoamericana. Me informo por Twitter o Facebook.”, o el de Paula, de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, quien afirma “aunque no veo los canales de Televisa y TV Azteca, hay mucha gente que sólo tiene esa opción y no es justo que sólo les muestren la información que quieren. Somos pocos quienes nos informamos por Internet y por la redes sociales.”
El problema también aparece en otros continentes. En una entrevista concedida a “Página 12”, Erriko Finalis, miembro del Secretariado Ejecutivo de Syriza, coalición izquierdista griega que incluye a muchas fuerzas de izquierda y a los verdes, afirmó :
“Están usando a Grecia de conejillo de Indias de un experimento que si sale se aplicará en el resto de Europa. Los argumentos que usan se sostienen gracias a un bombardeo mediático que no tiene empacho en difundir mentiras. La idea de que los griegos trabajan mucho menos que los alemanes, o que los jubilados germanos están pagando por la jubilación anticipada de los griegos, es uno de los tantos mitos difundidos por los medios.”(12)
Como se ve, en muchos lugares los grupos mediáticos son vistos no como un baluarte de la sociedad frente a la arbitrariedad del poder (estatal), sino como actores principalísimos del juego de poder (estatal y corporativo) que domina a las sociedades ; incluso se los ve como eslabones de un mecanismo de opresión social …
En palabras de Gabriela Martínez, estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM de México, e integrante de #yosoy132 :
“me di cuenta de que estamos controlados, que vivimos como dentro del libro 1984, de George Orwell, en un mundo donde no nos permiten expresarnos libremente”
En el mundo de la globalización y de Internet, en el mundo donde las fronteras políticas caen y los grupos económicos de todo tipo se extienden como pulpos rapaces, el ominoso “Gran Hermano” ya no es necesariamente un actor político-gubernamental.
Evidentemente, cada vez resulta más claro para más gente que grupos económicos con el poder que hoy tienen las corporaciones multimediáticas son incompatibles con cualquier definición de democracia.
Adrián Corbella, 13 de junio de 2012.
NOTAS :
(1) : Entrevista al presidente ecuatoriano Rafael Correa realizada por Julian Assange : http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=pkWpUOf0oy0
(2) : En el caso argentino hay una proliferación de cibermilitancia kirchnerista que utiliza para difundir su mensaje opositor a los medios concentrados los más diversos medios : cientos de blogs, incontables twitteros y muchos grupos K en Facebook que reúnen miles de personas.
(4) : Como fue el caso del intento de la ley SOPA y diversas iniciativas de los europeos. Ver por ejemplo : http://www.guioteca.com/internet/sopa-el-proyecto-que-puede-censurar-a-internet/
(9) : Leer al respecto una interesante entrevista a José Natanson : http://www.niapalos.org/?p=6877

sábado, 17 de noviembre de 2012

EDUCACIÓN, DESARROLLO Y PROYECTO NACIONAL

por Adrián Corbella (para “Discípulos de Cooke” del 11-11-12)


El concepto de “Batalla Cultural” es uno de los que con más recurrencia se escucha en estos tiempos. Y es lógico que así sea, porque un cambio de paradigma económico-social implica un cambio cultural concomitante. Y ese cambio cultural es inconcebible sin un cambio educativo en todos los niveles, incluso en el universitario.
Cada paradigma, cada construcción político-social-económica, cada “modelo” en pugna en una sociedad, implica una ideología que lo sustenta, una cosmovisión propia, una construcción del sentido común que le pertenece. Por eso en cualquier proceso de cambio modélico los aspectos culturales son vitales. El viejo y el nuevo modelo luchan, uno por conservar la hegemonía, y el otro por alcanzarla.
De allí que cuestiones tales como la ley de medios o la política educativa puedan alcanzar gran trascendencia, y generar auténticas “batallas” culturales.
Y eso se da pese a que en cuestiones educativas a veces se dan coincidencias sorprendentes.
Adam Smith, el padre del liberalismo, sostenía en “La Riqueza de las Naciones” que la educación era una de las pocas cuestiones que debía quedar en manos del Estado, ya que permitía a todos el progreso individual a partir del propio esfuerzo. Claro que estas concepciones del liberalismo smithiano suenan casi “progresistas” si se las compara con las que tienen sus seguidores del siglo XXI, los neoliberales. El neoliberalismo favorece una creciente privatización (o al menos arancelamiento) del sistema educativo como una manera de garantizar la pervivencia de las desigualdades sociales realmente existentes, como un freno a la movilidad social ascendente.
Claro que en el discurso ideológico que presentan la fundamentación es otra. La derecha liberal chilena, por ejemplo, defiende el arancelamiento de la educación superior con el argumento de que si fuera gratuito los pobres estarían financiando con sus impuestos la educación universitaria de los sectores medios.
Evidentemente en este razonamiento fallan los criterios vinculados a la solidaridad social, algo muy alejado del pensamiento liberal. En la educación pública el conjunto de la sociedad sostiene un sistema educativo que permite a toda la sociedad el acceso a la educación superior. Y por supuesto que no todas las familias tienen integrantes estudiando en universidades. Pero, aquellos que trabajamos en la educación, sabemos cuántas veces surgen chicos brillantes en ámbitos sociales muy humildes, en lugares absolutamente impensados. Y en esos ámbitos sociales las dificultades para que un chico tenga estudios superiores se multiplican por la necesidad de trabajar tempranamente, de colaborar en la casa en el cuidado de los hermanitos, por la lejanía geográfica respecto a los mejores centros de estudios… y por otros muchos factores socio-económicos. La única forma de garantizar que ese ciudadano tenga la posibilidad de estudiar es tener un sistema educativo absolutamente gratuito y abierto a todos. Y sostenido por todos. Sociedades como la nuestra, periféricas, en vías de desarrollo, no puede darse el lujo de desperdiciar talentos, de condenar a la falta de educación a gente con gran inteligencia.
La educación universal gratuita en todos sus niveles es una política democratizadora. Igualadora de oportunidades. Pero también es una política que maximiza las posibilidades de desarrollo de una sociedad, al ampliar la base social en la que se reclutan talentos, en la que se busca “materia gris”. Y por eso no es casualidad que los grandes movimientos populares como fue el primer peronismo se hayan destacado por eliminar los últimos aranceles que quedaban en las universidades argentinas, por construir masivamente escuelas, y por aumentar drásticamente la tasa de escolarización.
El primer peronismo también creó la Universidad Obrera, antepasada de la actual UTN (Universidad Tecnológica Nacional), con lo cual estableció un lazo entre el ámbito académico y el de la producción científico-tecnológica. Esta cuestión no había sido tenida en cuenta en la estructura tradicional del sistema educativo argentino, orientado hacia carreras desvinculadas del mundo productivo tecnológico debido a la orientación primario-exportadora de la economía, en la cual todo lo referente a técnica o técnicos era importado.
Con absoluta consecuencia, el sistema educativo de tiempos neoliberales tuvo como uno de sus ejes la absoluta desatención de todo tipo de educación técnica, ya que la industria, la ciencia y la tecnología no estaban presentes en el paradigma noventista. El paradigma neoliberal de la última década del siglo XX, con la Ley  Federal de Educación a cuestas, tenía dos claros ejes : por un lado, primarizar la educación extendiendo la etapa básica hasta noveno año (e incluyendo en ese ciclo un compendio de todos los contenidos, porque se esperaba que muchos alumnos no ingresarían al ciclo siguiente); por el otro, feudalizar el sistema, con la excusa de su “federalización” creando infinidad de sistemas provinciales distintos, y generando una realidad donde cada institución hacía lo que quería, o podía. La educación superior no era un objetivo prioritario. La ciencia y técnica ni aparecían en el horizonte. Y la economía de desgajaba de toda vinculación con las ciencias sociales. Pasaba a ser una disciplina “científica”, “técnica”, cercana a las ciencias exactas y muy propia del Consenso de Washington.
Por el contrario en nuestro siglo, en  medio de un nuevo proceso democrático inclusivo e industrializador, se han construido más de mil escuelas y varias universidades. La nueva ley de educación tiene un carácter nacional, y busca unificar pautas en todos los distritos (aunque hayan sobrevivido diferencias heredadas de la ley anterior, como la diferente ubicación del séptimo año escolar en diversos lugares). Va en la misma dirección el hecho de que las nuevas universidades se alcen en lugares periféricos, ya que esto es necesario como complemento a la gratuidad de la educación, que no alcanza para garantizar su acceso a personas pertenecientes a sectores sociales muy modestos.
La concentración de las universidades en unos pocos barrios céntricos de la Capital Federal dificulta el acceso a ellas de personas que viven el segundo o el tercer cordón del Gran Buenos Aires, ya que tienen tiempos de viaje y gastos de permanencia muy lejos de sus casas durante toda la jornada (lo que implica almorzar, ingerir líquidos fríos o calientes, etc) dramáticamente superiores a los de alumnos de similar condición social que viven en  barrios de la ciudad de Buenos Aires cercanos a los centros de estudios, que pueden volver fácilmente a sus viviendas. Por eso en esta primera década se ha tendido a la fundación de universidades en el interior del país y en zonas suburbanas, lo que torna más realista la igualdad de oportunidades. Quizás las nuevas casas de estudios no tengan aún el mismo prestigio de otras que son centenarias, pero un joven que se enfrenta al mundo con su título universitario tiene posibilidades muy distintas que el que sólo tiene una educación básica.
En un mundo de grandes cambios, en el cual los países centrales se concentran en desarrollar tecnologías de punta que les permitan mantener posiciones de poder a partir de control de dichas patentes, el desarrollo de las potencialidades humanas locales de los países periféricos es vital. Necesitamos para ello no sólo darle oportunidad de formarse a los jóvenes de todos los estratos sociales sino, luego, brindarles el ámbito necesario en el que puedan desarrollar localmente sus habilidades profesionales.
Desarrollar las condiciones para que exista una igualdad real de oportunidades educativas para todos y todas, sin importar su condición social o económica, sin importar su lugar de radicación geográfica, no es sólo una necesidad vinculada a un criterio de “justicia social”, con el que pueden coincidir o no todas las ideologías. Es también imprescindible para aspirar a competir en el mundo de las naciones desarrolladas.

viernes, 6 de julio de 2012

INDEPENDENCIAS DE AYER Y DE HOY

por Federico Bernal


De la unidad de EE UU a la nueva amenaza imperialista contra Unasur

Sabe muy bien EE UU que el proceso de integración en América del Sur, inédito por su creciente madurez y robustez, avanza por muy buen camino, justamente, el mismo que desembocó en su independencia el 4 de julio de 1776 (y en la victoria industrialista y unionista de 1865). Pero muy a pesar de sus muchas maquinaciones golpistas, intervencionistas y desestabilizadoras sobre las regiones bolivarianas en estos últimos años, la nación inconclusa no detiene su marcha.

Por:

Federico Bernal

El notable politólogo e historiador chileno Pedro Godoy recordó muy oportunamente días atrás la importancia capital que el 4 de julio de 1776 reviste hoy para Unasur. Entonces, unas 13 colonias británicas entre los Apalaches y el Atlántico decidieron independizarse de la Madre Patria. Nacía Estados Unidos de América, no de un repollo, sino de una confederación de colonias independizadas que, como bien señaló el maestro trasandino, constituyó para EE UU “la clave de su futuro gigantismo y prosperidad”. A diferencia del drama balcanizador en América del Sur, la confederación de las 13 colonias les permitió “escapar de la atomización que precipita a Hispanoamérica al atraso y al vasallaje. El bloque solidario fundado por Carlos V y Felipe II se desmigaja. Cuando, a mediados del XIX, los Estados sureños intentan desmembrarse, Lincoln lo impide. En cierto modo ese estadista es un Bolívar victorioso, y el héroe venezolano, un Lincoln frustrado.” En efecto, la temprana unidad de los estados norteños a fines del siglo XVIII, a su vez piedra basal de su fortaleza económica y comercial, brindó la fuerza necesaria para el posterior triunfo industrialista en la guerra civil, cerrando la puja entre modelos antagónicos de desarrollo. La semicolonia en EE UU sería entonces definitivamente derrotada y la independencia (real y no formal), efectivamente alcanzada. Ahora, pongamos la lupa sobre los hechos que condujeron al 4 de julio de 1776.

BOICOT A LAS IMPORTACIONES BRITÁNICAS.

Los primeros actos de rebeldía de las 13 colonias comenzaron en 1765, cuando el Parlamento británico les impuso un impuesto extraordinario vinculado al uso del papel (Stamp Act). La respuesta de los locales vino en la forma de represalia económica dirigida al corazón manufacturero del Imperio. En octubre del mismo año, representantes de nueve colonias se reunieron en Nueva York para declarar un boicot a la compra (importación) de productos manufacturados ingleses. Al boicot de 1765 se sucedieron luego los acontecidos entre 1768 y 1770, ya más evolucionados en sus reclamos, accionar y organización. Finalmente y en 1772, una nueva medida impositiva británica, esta vez dirigida a preservar el monopolio de la comercialización del té en las colonias y a favor de la British East India Company, fue la gota que rebalsó el vaso. Las colonias respondieron virulenta pero descoordinadamente. Se imponía unidad en la acción para hacer efectivas las represalias. En 1774, se constituye el Primer Congreso Continental, congreso en el que participan todas las colonias a excepción de Georgia. Se sanciona una declaración de principios y un plan para la “asociación continental” que ejecute coordinadamente el boicot económico contra Gran Bretaña. El 1 de diciembre de 1774, las colonias firmantes resuelven no importar, comprar ni consumir ningún producto británico. Se desestimularon las compras suntuarias y promovió la sustitución de importaciones por producción local. Las importaciones británicas cayeron a pique, pasando de 2,6 millones de libras en 1774 a 200 mil en 1775 (Chester Wright. Economic History of the United States. Pág. 167). La Corona, sorprendida y atrapada, insufló su soldadesca. En mayo de 1775, se realiza el Segundo Congreso Continental, asumiendo funciones de gobierno y decidiendo volcar recursos en la formación de un ejército propio. El Rey declara en rebeldía a las colonias, que contestan con la Declaración de Independencia.

INDUSTRIALIZACIÓN, BANCA NACIONAL Y MERCADO INTERNO.

En paralelo con las acciones de biocot económico y comercial, las mentes más lúcidas vinculadas al desarrollo de la propia industria se hacían sentir de manera creciente. El papel que la industria doméstica tendría en el fortalecimiento y la independencia económica de la flamante nación, surgió como argumento capital de las clases pro-manufactureras, extendiéndose bien entrado el nuevo siglo. En 1792, el secretario del Tesoro de la Confederación, Hamilton, presentó al Congreso su célebre informe promotor de la industrialización, informe igualmente fundamentado en las ideas fuerza de Rush aunque incluyendo algunos conceptos desconocidos hasta entonces. Entre ellos, vale la pena destacar: “La industria incrementará la productividad de la sociedad toda y permitirá alcanzar una mayor división del trabajo, en donde los agricultores puedan concentrarse en sus campos y en donde otros puedan proveerles de bienes y servicios. […] Ante la incertidumbre del mercado mundial, el mercado doméstico debe ser desarrollado rápidamente” (Walter Licht. Industrializing America. Pag. 14). Sin embargo, el concepto hamiltoniano más revolucionario fue el siguiente: “La industrialización abrirá a la inversión y al excedente de capital avenidas para su utilización con fines productivos, alejados de la especulación y el consumo de bienes suntuarios extranjeros” (Ibídem. Pág. 14). La estabilización financiera de los mercados así como el balance del déficit comercial fueron las grandes metas de Hamilton; los medios para lograrlas: la industrialización, una banca nacional y la expansión del mercado interno.

DE LA INDEPENDENCIA REAL DE EE UU A LA PATRIA GRANDE.

Como hemos visto, la protección de la incipiente industria estadounidense y el desarrollo económico independiente de Gran Bretaña comenzarían a rodar recién con la unidad política, militar, administrativa, comercial y financiera de las 13 colonias. A partir de allí y según el ilustre historiador Wright, “un lento pero muy potente factor en la consolidación de la unidad vendría a estar abonado por un progresivo, sostenible e interdependiente crecimiento económico entre los diferentes Estados [de la Unión], los cuales en el transcurso del próximo siglo y desde el crecimiento de una economía nacional así como en el rápido incremento de las vinculaciones en función de intereses comunes, terminarían por aglutinar los diferentes Estados de manera tal que la voluntad de realizar sacrificios por el bien común prevaleciera, y la Unión se transformara en una Unión en forma y en espíritu” (Ob. Cit. Pág. 200). En consecuencia y volviendo a nuestros días, sabe muy bien EE UU que el proceso de integración en América del Sur, inédito por su creciente madurez y robustez, avanza por muy buen camino, justamente, el mismo que desembocó en el 4 de julio de 1776 (y en la victoria industrialista y unionista de 1865). Pero muy a pesar de sus muchas maquinaciones golpistas, intervencionistas y desestabilizadoras sobre las regiones bolivarianas en estos últimos años, la nación inconclusa no detiene su marcha. Es por eso que el accionar imperialista y balcanizador concentrará a partir de ahora todo su poder de fuego en el núcleo aglutinante regional por excelencia: la alianza estratégica entre la Argentina y Brasil por un lado (Mercosur), y la experiencia nacional y popular en la Cuenca del Plata, irradiada y sostenida desde Buenos Aires, por el otro. La experiencia histórica sudamericana –de la que EE UU conoce y mucho– destaca una vez más como plataforma de acción desestabilizadora el corazón geopolítico y geoestratégico de la Patria Grande, a saber, el Alto Perú y la Argentina. ¿Las fuerzas reaccionarias? Las corporaciones y las oligarquías agrarias locales, haciendo por supuesto las veces del Sur esclavista, secesionista y protector del orden semicolonial. Porque en realidad, y aquí la gran lección para la Unasur parida en Mar del Plata, en 2005, la verdadera independencia de EE UU no se logra en 1776, sino en 1865, una vez vencidas las fuerzas locales reaccionarias. De cómo se resuelva la cuestión nacional en nuestro país, la suerte de Unasur y de centenares de millones de compatriotas. Cabe urgentemente adelantarse al próximo golpe de la reacción.

fuente: Mirando hacia Adentro

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